24 de marzo: los desastres del pasado no han sido en vano
El caos político y económico que antecedió al golpe de Estado en la Argentina. La clase media, el peronismo y la dictadura. La llegada de Milei al poder.
24 de marzo: los desastres del pasado no han sido en vano
Tenía 13 años cuando ocurrió el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y recién empezaba segundo año del secundario en un colegio católico de Devoto. Había crecido en un hogar de clase media antiperonista, donde la política era tema de conversación frecuente, aunque sin participación activa. Recuerdo los meses previos atravesados por debates familiares y aquella madrugada de miércoles que, de pronto, se transformó en un fin de semana extra largo por un feriado extendido de cinco días.
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El golpe no solo se veía venir con mucha antelación, sino que además era deseado en ese ámbito social. El caos político y económico, sumado al temor por el terrorismo -que no afectó nunca a la familia- era un caldo de cultivo perfecto. Probablemente, ese haya sido un puntapié para mi politización progresiva y la idea de estudiar relaciones internacionales, para cursar la carrera diplomática.
Sobre el desastre humanitario que cundía en reserva, es verdad que no se sabía casi nada. Solo rumores que circulaban y se consideraban inverosímiles en ese estrato social. Cuando vinieron las denuncias sobre campos de concentración en 1978 -aprovechando el Mundial- se lo consideraba una falacia. ¿En Argentina? ¿en dónde? Y si eso era a cambio de “paz y administración”, bienvenido era.
Pero el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” no reorganizó nada. Solo fue una suma de desastres objetivos. No arregló la economía, no institucionalizó al país, perdió la Guerra de Malvinas y, trascartón, nos enteramos de la peor violación a los derechos humanos del siglo XX en la Argentina. Fue demasiado. Ni la propia base natural -clase media no peronista- pudo soportar tanta tragedia, en donde la corrupción descarada fue el corolario natural.
Una de las consecuencias políticas más visibles fue que puso en crisis al peronismo, que había vuelto al poder luego de 18 años de proscripción, y terminó confirmando las presunciones negativas de amplios sectores medios. Además, la reducción de la masa de trabajadores industriales sindicalizados en esos casi 8 años, base natural del movimiento, tuvo impacto sociológico: la sociedad era otra en 1983.
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Más allá de la condena moral, la última dictadura nos trajo varias lecciones para la Argentina:
La conciencia de democracia: aunque en los últimos años se ha debilitado dicha percepción, como a nivel regional, el regreso de las FFAA al poder, o alguna variante autocrática, tiene muy bajas posibilidades. Lo vivido fue tan terrible, que la herida nos preserva de otra locura dictatorial.
Cierto registro sobre el desastre económico: en cuanto mucha gente empieza a viajar al exterior, sin una contrapartida de mejora en el nivel de vida local, automáticamente se activa el recuerdo sobre el modelo de Martínez de Hoz. La sumatoria del descalabro económico con la guerra y los derechos humanos, siguen generando espanto mayoritario.
La sociedad dio por cerrado el capítulo golpe / derechos humanos: el intento del gobierno de Javier Milei de hacer revisionismo histórico al respecto fue un fracaso. La gran mayoría adhiere a que fue terrorismo de Estado y no valida la teoría de los dos demonios. Si alguien más tiene que pagar -líderes de organizaciones guerrilleras, civiles, etc.- que lo resuelva la justicia.
Saliendo del pasado y viniendo al presente: que haya ganado Javier Milei y haya aplicado un ajuste tan profundo, con su agenda valorativa de derecha, ¿no significa, en alguna medida, una pérdida de memoria sobre la última dictadura? Más allá de la lectura que cada uno pueda hacer, no es recomendable confundir tiempos históricos, ni demandas sociales. La sociedad argentina en 2023 pidió salir de la crisis económica, como sea. No había una exigencia ideológica, sino pragmática. Hacía 10 años que se venía requiriendo menos impuestos, menos Estado, menos inflación, menos planes sociales, más seguridad, etcétera.
El intento de dar batallas culturales, por ahora, ha fracasado. Por eso, el Presidente no volvió a insistir con el tema luego del costo que le trajo el discurso en Davos de 2025. La argentina sigue siendo una sociedad aspiracional de clase media, aunque muchos hoy se consideren caídos de la estantería. Esa contradicción de los efectos de la política económica actual con el imaginario social es, quizá, el obstáculo más grande que enfrente la actual administración. Los desastres pasados no han sido en vano.