03|12|2022

El plan renunciamiento

21 de agosto de 2022

21 de agosto de 2022

Massa asegura en privado que no será candidato en 2023. Se concentra en Economía y no hablará de política. Los primeros números. ¿Y si hay operativo clamor?

“Entiende como nadie que su negocio es que lo del quinto piso funcione. Hoy, lo demás no agrega nada”. Un ministro de peso en el gabinete que estuvo en las últimas horas con Sergio Massa explica por qué el titular de la cartera económica asegura en sus conversaciones privadas con empresarios y dirigentes que no será candidato a presidente en las elecciones 2023.

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Así lo reveló el titular de la Federación Agraria, Carlos Achetoni, y lo validan otras fuentes del sector privado. No es una mera casualidad: Massa lo habló puertas adentro con sus dirigentes de máxima confianza. En los próximos meses no hablará de posibles candidaturas, no hará recorridas territoriales, no se meterá en cuestiones electorales. Para evitar entrar en ese laberinto, hablará poco y no dará entrevistas. Se concentrará exclusivamente en anuncios y la gestión que, entiende, empieza a mostrar los primeros resultados positivos: calma del escenario financiero, compra de reservas por parte del Banco Central, adelanto de exportaciones, un escenario político sin sobresaltos. De paso, armó un lío de novela en la oposición

 

Massa sabe que en los tiempos que vienen no habrá medidas positivas para transmitir. Recortes de presupuestos, aumentos de tarifas explicados con eufemismos, ajustes, son decisiones antipáticas que el ministro de Economía no tiene ninguna posibilidad de anotarse como un activo en el corto plazo. Cerca del ministro entienden que podrían tener un efecto positivo en el mediano o el largo plazo si se lograra transmitir a la sociedad la idea de que son decisiones necesarias para el país que Massa supo y pudo tomar a tiempo, sin especular con un eventual rédito electoral. 

 

“Pagará el costo político - admiten en el massismo-, pero la sociedad comprenderá que alguien está al mando, es capaz de tomar decisiones y puede mostrar resultados”. Casi un sacrificio personal por hacer “el trabajo sucio” que nadie quiere ejecutar, pero que podría conseguir reconocimiento al final del camino. Una especie Eduardo Duhalde de esta era, pero que buscará tener la chance de aprovechar la recuperación. Lo que se debe transmitir, entienden cerca del líder del Frente Renovador, es que el peronismo es el partido que puede gobernar, recomponer el orden y garantizar la paz social.

 

La gran pregunta de la dirigencia del Frente de Todos es si Massa llegará a tiempo. Sobre eso habló el grupo de intendentes de la Primera y la Tercera secciones electorales que se reunió el lunes 15 en Pilar para evaluar el escenario político. Coincidieron en que tanto el oficialismo como la oposición creen que la Argentina tiene buenos años por delante, pero que el escenario actual podría hundir al peronismo si no se revierte la economía en los primeros meses de 2023. Hoy, massistas y cristinistas creen que la presidencial está perdida. Pero existe una mínima chance de dar vuelta la curva.

 

Sin hablar de las elecciones, Massa intenta llevar calma. “Orden” y “tranquilidad” son los conceptos que el ministro repite “cada dos palabras” en los diálogos que mantiene con dirigentes de primera línea del oficialismo. Las prioridades, apunta, son frenar las expectativas de devaluación, ordenar la macro, conseguir dólares y empezar a mostrar que la inflación va en una curva descendente, aunque en el mejor de los escenarios eso implique mostrar, para el verano preelectoral, un número mensual cercano al 3%.

 

“Va a ser un mal número, pero vamos a poder explicar que va progresivamente en baja. La sociedad va a saber recibirlo como algo positivo si mostramos un camino firme”, apunta un ministro nacional. Los más optimistas entienden que los costos que se paguen en 2022 le restarán presión al año electoral y que, después de unos primeros meses duros, en marzo de 2023, llegará el tiempo de empezar a mover las buenas noticias.

 

Es la mirada que mantiene en silencio y con bajo perfil a La Cámpora y el entorno de Cristina Fernández de Kirchner, que apuesta a que el hambre de hoy pueda ser pan para mañana. Después de haber visto el abismo, no le queda otra que confiar. Aunque no mariden con el paladar K, al menos, los movimientos del ministro de Economía no sorprenden.

 

Cristina tiene el detalle de cada próxima movida de Massa, que aprendió los códigos de la vicepresidenta. Mantiene en estricta reserva todo lo que conversa con ella en privado y comparte información con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, mano derecha económica de Cristina. Tanto Kicillof, como su ministro de Producción, Augusto Costa, y el presidente del Banco Provincia, Juan Cuattromo, participaron de las reuniones que Massa mantuvo con su equipo en las oficinas de avenida del Libertador, donde empezó a diseñar sus primeras medidas en Hacienda. Saber no necesariamente quiere decir aprobar. Pero la exmandataria bajó línea a la tropa propia sobre la necesidad de acompañar a Massa al punto tal de cederle completamente el área de Energía para avalar el aumento de tarifas.  

 

Algunas repercusiones de la estrategia ya empezaron a llegar a la Casa Rosada. Una de las encuestas que circula por los despachos oficialistas muestra un leve repunte de la imagen positiva de Massa, que se acerca al 39%. Dice, además, que alrededor del 60% de la población está de acuerdo con las medidas anunciadas. Habrá que ver el impacto una vez que el aumento de tarifas empiece a golpear los bolsillos. En el massismo afirman que la sociedad comprende la decisión, aunque le resulte antipática. El mismo sondeo muestra una leve baja del mal humor social, aunque también refleja un altísimo escepticismo sobre si el ministro será capaz de llevar adelante su plan económico: un 80% cree que no podrá contra el dólar y la inflación. Todo dependerá de su capacidad.  

 

El video que de Shimon Peres que Massa tiene en su celular. 

 

En tanto, un estudio que cerraron el 5 de agosto – apenas después de la jura del tigrense - el Grupo de Opinión Pública y la consultora Tres Punto Zero - con Raúl Timerman y Shila Vilker, respectivamente, a la cabeza-, mostró la aparición de “un débil halo de esperanza” en la sociedad, más allá de que la evaluación positiva sobre la designación de Massa como ministro apenas se acerca al 37%. Los focus group mostraron que tanto los votantes de oficialismo como de la oposición reconocen a Massa como una figura cercana al mundo empresarial, financiero y mediático, una característica que es “presentada como un potencial valor que le permitiría lograr acuerdos amplios para contener la inflación y el precio del dólar, los principales problemas en lo inmediato”. Dicen, además, que el mote de “ventajita” que le puso Mauricio Macri podría terminar jugando a su favor. “Para llegar bien parado creen que Massa va a tener que controlar la inflación y apostar al crecimiento de la economía. De esa manera, Massa buscaría sacar una ventajita propia con el fin de ser Presidente pero podría terminar ayudándonos a todos”, concluye.

 

Con esos datos sobre la mesa, el extitular de Diputados procura no apurar los tiempos. “Si las cosas le salen bien, va a terminar siendo candidato por demanda. No porque él se esté ofreciendo. Nadie le va a ir a echar en cara que haya dicho otra cosa”, apunta un hombre que dialoga con el tigrense. “La sociedad manda”, dicen en el massismo. “Lo electoral tira para atrás. La campaña de Sergio es hacer buena gestión”, coincide otra voz que escuchan en la Casa Rosada.

 

Con el foco puesto en la economía, el ministro se quedó con todo el protagonismo. En el resto del Ejecutivo lo entienden y no desesperan. Creen que el presidente Alberto Fernández capitalizará, finalmente, la decisión de haber sido quien cedió para que Massa se hiciera cargo de la economía y quien pagó un enorme costo personal y político para sostener la unidad del FdT. Algunos de sus asesores le recomendaron que se repliegue hasta tanto el huracán massista termine se pasar y ya tenga buenos resultados para mostrar.

 

Massa piensa en compartir “todo lo posible” con el Presidente para sostener el equilibrio. En el Frente Renovador destacan que el ministro acompañó a Fernández durante toda la gestión, aun en plena disputa con Cristina. Cerca del Jefe de Estado acompañan la mirada. Fernández señala que Massa “siempre jugó bien” en la interna y que, finalmente, el ministro terminará aplicando la receta que el propio Presidente propiciaba y que el cristinismo resistió hasta el final: acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), reducción del déficit y suba de tarifas. Dicen que lo mejor que le puede pasar a Fernández es el éxito del ministro. 

 

Mientras Massa se queda con los flashes, Fernández seguirá con su agenda de los últimos meses, con actividades en el conurbano y en las provincias que incluyen entrega de viviendas, obra pública, ciencia y técnica, educación y salud, sumado a la agenda internacional. Esta semana estará en Catamarca, visitará la obra del viaducto de la línea Belgrano Sur y entregará netbooks en San Martín. En septiembre viajará a Estados Unidos para hablar ante la Asamblea General de Naciones Unidas – hablará el 20- y para visitar a Joe Biden en la Casa Blanca. Esto último aún no tiene fecha concreta.   

 

Massa también volará a Washington, donde estará el 3 de septiembre, y luego a Houston. Tendrá una agenda puramente financiera y económica. Luego concentrará su trabajo en el Ministerio de Economía, donde sostendrá el mantra de que no es tiempo de hablar de cuestiones electorales. Y hasta dirá, como hizo ante la Mesa de Enlace, que no será candidato en 2023. Correrá el foco de las urnas.

 

El ministro tiene presente que sus dos deberes principales son dos: conseguir resultados en la gestión económica y privilegiar la coalición. Algo de eso también lo inspiró el video de Shimon Peres que Massa tiene en su celular desde el 22 de julio, cuando Silvina Batakis todavía era ministra de Economía.

 

En el video, el exprimer ministro israelí relata cómo hizo para bajar la inflación del 500% al 16% en un año, con un ajuste feroz en el Estado. Peres había asumido en 1985, producto de un acuerdo entre su partido, el Laborista, y el Likud, de Ytzhak Shamir. Ambos habían acordado rotación en el cargo cada dos años. Para 1986, por el éxito de su gestión, Peres tenía el 80% de popularidad y sus propios partidarios intentaban convencerlo de que convocara a elecciones y evitara cederle el lugar a Shamir, pero privilegió el acuerdo con la coalición y se negó a encabezar la candidatura. En Argentina, si la gestión es exitosa, puede ser la misma coalición oficial la que lo demande.