11|8|2022

Lasso sobrevive, pero no controla la crisis social

29 de junio de 2022

29 de junio de 2022

El gobierno rompió el diálogo con el movimiento indígena. En el parlamento, la oposición no pudo imponer elecciones, pero el paro llega al día 16.

Ecuador entra en su tercera semana de paro y movilizaciones con un panorama cada vez más incierto. Este martes, el presidente Guillermo Lasso cerró abruptamente el diálogo que anticipaba una posible salida a la crisis debido a un ataque que provocó la muerte de un sargento de las Fuerzas Armadas. Ante eso, anunció que no volverá a sentarse con el líder de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), Leonidas Iza, a quien acusó de defender “sus intereses políticos y no los de sus bases”. Horas después, sobrevivió a un intento de destitución por parte de la Asamblea Nacional, que no consiguió los votos suficientes para terminar su mandato. En un contexto en el que el paro ya impacta a nivel económico, sanitario y social en todo el país, el escenario luce peligroso y amenaza con un estallido a mayor escala. 

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“El gobierno no se puede sentar a dialogar con quienes pretenden secuestrar la paz. No vamos a negociar con quienes mantienen al Ecuador como rehén”, aseguró Lasso horas antes de que iniciara la tercera ronda de diálogo que buscaba lograr acuerdos luego de un acercamiento alrededor de cinco de las diez demandas del movimiento indígena. A través de su cuenta de Twitter, el Presidente cerró abruptamente una puerta que será muy difícil reabrir porque estableció, como condición para hacerlo, dialogar con “legítimos representantes” de los pueblos indígenas, quienes, el año pasado, nombraron a Iza como su líder al frente de la poderosa CONAIE. “Lasso no rompe con Leonidas, rompe con el pueblo”, respondió la organización, que lo responsabilizó por las “consecuencias de su política belicista”. Las negociaciones no iban a llegar a una solución inmediata, pero su ruptura genera más incertidumbre y riesgos.

 

Por la noche del martes, Lasso recibió una buena noticia. La Asamblea Nacional no consiguió los 92 votos necesarios –dos tercios– para destituirlo. La alianza entre las bancas que responden al expresidente Rafael Correa, un sector de Pachakutik (el partido de la CONAIE) e independientes arañó los 80 sufragios en una votación que se realizó tres veces y fracasó en su intento de acabar con su mandato por la existencia de una “conmoción interna”. “Pese a los intentos golpistas, prevaleció la institucionalidad”, celebró Lasso, quien encontró en esta jugada política una justificación a sus denuncias sobre un “intento de golpe de Estado” coordinado entre las bases indígenas y el correísmo. 

 

En diálogo con Letra P, el sociólogo, docente e investigador del Instituto de Estudios Políticos de París (IEP - SciencesPo) Andrés Chiriboga aseguró que las protestas parten de “una combinación de factores” entre los que influyen “una aceleración de la política neoliberal que con Lasso llegó a una cúspide” y “un fuerte componente autoritario”. Esto generó, consideró, “un autoritarismo democrático” a través del cual el gobierno “piensa que puede imponer su agenda desconociendo a cualquier otro actor”.

 

“La CONAIE se movilizó porque decía que no se priorizaba su agenda y que no había una salida a través del diálogo”, relató y agregó que la detención ilegal de Iza en la primera noche de protestas desencadenó “una movilización más grande” porque “la respuesta oficial fue la violencia”. Ante este escenario, estimó que “el panorama está abierto” ya que “el paro se va moviendo día a día”.

 

Según una misión internacional observadora que viajó hasta Ecuador, la represión oficial dejó hasta el momento cinco muertos y más de 100 detenidos. Esa campaña represiva desenmascaró a un gobierno que dijo estar dispuesto a utilizar “todos los recursos para enfrentar a los vándalos y criminales” y que no dudó en decretar el estado de excepción y el toque de queda.

 

Con este trasfondo y con un panorama económico y social poco alentador, los días de paro y bloqueos también generarán su propio impacto. Según fuentes oficiales, la producción de petróleo –principal producto de exportación– se redujo a la mitad y la agroindustria sufre pérdidas millonarias. 

 

La crisis no terminó, pero Lasso será la figura que saldrá más golpeada. Primero, por el rechazo que generaba su gestión antes de las protestas producto de un año de gobierno en el que solo logró buenos números en la vacunación contra el covid-19 y que le generaba apenas un 17% de aprobación ciudadana, su nivel más bajo. Segundo, por las consecuencias de la represión y los límites que el movimiento indígena le marcó a su agenda. Tercero, por los atisbos de articulación entre las dirigencias de los pueblos originarios y los sectores que responden a Correa luego de años de enfrentamientos y diferencias que provocaron, por ejemplo, que la CONAIE no haya respaldado a su delfín, Andrés Arauz, en el ballotage de 2021, en el que se impuso Lasso. Si al mandatario le cuesta liderar con una oposición desunida, hacerlo con una unida será más difícil. Por último, por la ruptura de las relaciones con la Asamblea Nacional, que, si bien también era un factor previo, será muy difícil reconstruir luego del intento de destitución fallido.  

 

“Lasso estaba haciendo una muy mala presidencia, pero da cuenta de la continuidad de un modelo de país que se viene forjando desde hace cinco años (con su antecesor Lenín Moreno), que privilegiaba a la banca y achicaba el Estado”, explicó Chiriboga en diálogo con este medio.

 

El especialista analizó que la protesta superó al indigenismo al convertirse en “un movimiento de masas que está completamente descontento no solo con Lasso, sino con lo que representa”.

 

“El enemigo de las movilizaciones es el gobierno, que prioriza otro tipo de agenda y cuya respuesta es la violencia. Sea cual sea la salida, Lasso sale muy debilitado... es el gran perdedor”, profundizó.