07|8|2022

La autodepuración amarilla

25 de junio de 2022

25 de junio de 2022

Emergen múltiples candidaturas, pero saben que deberán achicar en el tramo final. La estrategia para las listas y la pelea con la UCR. Reparto de casilleros.

LA PLATA (Corresponsalía Buenos Aires) La proximidad de la fecha en la que se cierran las listas de cara a las elecciones del 2023 parece no ser un marcador suficiente para que los líderes del Propuesta Republicana (PRO) proclamen de manera anticipada un solo candidato a presidente, y otro a gobernador para intentar ir por todo ante el caos que padece el peronismo. De hecho, los cuatro presidenciables amarillos aún se mueven en el inicio de la campaña, y empujan a sus representantes en la provincia de Buenos Aires a imitar sus pasos, pero aún así coinciden en que deberán depurar sus aspiraciones en la recta final. Tal como sucedió cuando decidieron enviar a Diego Santilli a la provincia y devolver a María Eugenia Vidal a la Ciudad con una ingeniería política que incluyó incluso varios acuerdos con los intendentes. Hay unanimidad en esto porque son conscientes que si presentan varias boletas, indefectiblemente, caerán en la interna ante la Unión Cívica Radical (UCR), al mismo tiempo que saben que un solo sector del partido amarillo, sean halcones o palomas, no podrá quedarse con todos los lugares de una nómina que están convencidos los devolverá al poder el año próximo.

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El razonamiento que manejan en reuniones privadas es sencillo, aunque en público no lo admitan: si finalmente las encuestas, los focus group y el consenso de sus pares determinan que Horacio Rodríguez Larreta es el candidato más indicado para disputarle el gobierno al Frente de Todos, no podrá posicionar, a su vez, a un representante suyo en los otros dos lugares más codiciados, la provincia y la Ciudad de Buenos Aires. Esta idea, que pretenden inscribir en el manual electoral del partido, achican las posibilidades de integrar una boleta tanto del diputado Diego Santilli como del ministro porteño Fernán Quirós; pese a que en el cuarteto de aspirantes para suceder a Axel Kicillof, el exvicejefe sea hoy el que mejor instalación tiene. Claro, que esto acomoda mejor los movimientos de postulantes de otros sectores como Cristian Ritondo o Néstor Grindetti.  

 

La estrategia es una suerte de boleta cruzada que intenta amalgamar distintos intereses del partido - unidad sí, pero ya no con una lapicera única como sucedió hasta 2019, cuando el modelo de ajuste sucumbió y eyectó del gobierno a Mauricio Macri - y se traslada también a otros presidenciables. En resumen, si la candidatura para buscar ocupar el sillón de Rivadavia se la queda el egresado del Cardel Newman o Patricia Bullrich, caen las acciones de sus delegados y suben las de sus socios.

 

Es por esto que cada uno de ellos aspira sumar el mayor volumen político por separado a fuerza de recorridas e instalación en medios, todo con el menor ruido interno posible. "No debemos desperdiciar la gran oportunidad que tenemos en 2023, y para eso lo más importante es mantener la unidad y exponer lo menos posible nuestras diferencias", comentó a Letra P uno de los líderes del espacio, que reconoció a su vez que hoy no tienen una mesa de decisiones electorales en el PRO, y que los espacios de debate existentes funcionan con dificultad, tal como quedó en evidencia con la mesa provincial de Juntos, que se rompió a instancias de la votación que se dio en la Legislatura bonaerense para ocupar cargos en organismos del Estado.

 

Mientras tanto, al radicalismo el tiempo se le acorta, limitado en su capacidad de rellenar los casilleros para disputar los dos principales sillones de gobierno, el macrismo en sus distintas vertientes acelera en distintas direcciones como puede para tapar también su propia interna. Larreta y Santilli acordaron visitar La Matanza cada quince días, y centrar buena parte de sus agendas en el resto del conurbano bonaerense, sin descuidar el interior en el que la UCR crece desde el territorio. Tienen en el principal padrón electoral a un armador designado, el exlegislador Agustín Forchieri, y un reducido grupo de jefes comunales que lo acompañan como Diego Valenzuela y Ezequiel Galli. Enfrente se paran Vidal y Ritondo. Si bien la exgobernadora perdió gran parte de su capital político y hoy está más cerca de ir por la sucesión porteña que de disputar la elección nacional, con un Macri que agita su figura, su exministro de Seguridad se entusiasma con el crecimiento que obtuvo gracias al grupo incondicionales que heredó de su jefa política, que incluso le pusieron un freno al propio Larreta en una reciente reunión en Pilar en la que pretendió levantar la figura de Santilli.

 

En tanto, Bullrich repite a quien quiera escucharla que irá por todo, acaso porque quizá sea su última oportunidad de ser candidata presidencial. De todos modos, en su equipo saben que corren con desventaja, sobre todo por la falta de un delegado relevante en la provincia de Buenos Aires. Si bien la presidenta del PRO empuja desde el primer día a Javier Iguacel, su nombre no cosecha más respaldos que los de su propia mesa, e incluso la nueva estructura aliada que los acompaña, con el extitular de Diputados en la era Cambiemos, Emilio Monzó y su tropa a la cabeza, no están tan convencidos que el intendente de Capitán Sarmiento sea la mejor opción para competir contra Kicillof, tal vez porque están atentos a la posibilidad de ocupar ellos mismos ese lugar.

 

El cuarteto de fórmulas cierra con Grindetti que, en una entrevista, le dijo a Letra P que le "gustaría ser candidato a gobernador bonaerense". Para hacerlo posible, el alcalde de Lanús también comenzó con recorridas por el interior junto a su espada legislativa, Adrián Urreli, mientras intenta reforzar el acuerdo de beneficios mutuos al que llegó con Macri para ganar volumen electoral y ponerle límites a las aspiraciones expansionistas de Larreta y Santilli, la dupla que pese al desgaste que sufrió en los últimos meses sigue marcando ventaja en el arranque de la campaña.