No solo salieron rechazos de las bancas K (fueron 13 votos no positivos). Por si con eso pudiera quedar gusto a poco, Cristina Fernández, titular de la honorable cámara de las provincias, le dio el último hachazo al árbol que ella misma había plantado en 2019 haciendo mutis por el foro a la hora de la votación.
Por si con eso tampoco alcanzara, como hizo después de la maratón del jueves/viernes pasado en Diputados, el kirchnerismo rebelado emitió un nuevo documento contra el acuerdo con el Fondo y contra su negociador, el ministro albertista Martín Guzmán.
No tardadon ni un minuto las principales figuras de la alianza macri-radical-lilista en pararse frente a las cámaras de televisión para, con pechos inflados y discursos inflamados, presentarse ante la sociedad somnolienta como las únicas heroínas en este lío: que la gobernabilidad, que la responsabilidad y tantas otras palabras tan caras a la épica republicanista.
Hablando de responsabilidad, recordatorio urgente: son, esos que se llenaron las bocas de epopeyas, representantes de la alianza que en 2018, siendo gobierno, tomó -para salvar un proyecto que se iba a pique- el préstamo más escandaloso que registre la historia del Fondo Monetario Internacional: 57.000 millones de dólares a pagar -imposibles de pagar- en cuatro años.
Cuando se escribía este párrafo, el Frente de Todos estaba a minutos de empezar otro viernes -el segundo consecutivo- lleno de preguntas. Una, inquietante: ¿cómo hará el Presidente para jugar su segundo tiempo sin renguear como un pato después de semejante alzamiento de tropas que supuestamente eran propias y con la oposición, que sigue siendo la misma villana que cuando fue gobierno, bañada en agua bendita, libre de pecados?