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FMI: sin la letra final, Fernández le vendió el acuerdo a CFK y negó todos sus males

En su discurso ante la Asamblea Legislativa, el Presidente rechazó que el entendimeinto con el organismo contemple ajustes y reformas laboral y provisional.

“Nos han tocado tiempos difíciles signados por crisis sanitarias, económicas y bélicas”. Con esas palabras, Alberto Fernández inició este martes su tercer discurso ante una asamblea legislativa, con un eje descollante en su monólogo que se extendió hasta las 13.34. Desde la invasión a Ucrania hasta la inflación como el principal escollo a vencer para la segunda parte de su mandato, el principal metamensaje presidencial versó sobre el acuerdo con el FMI con sus bemoles, con los supuestos condicionamientos del organismo por jubilaciones y tarifas.

 

Sin parte de la oposición por la mitad del discurso, que se levantó ante una sonrisa de Cristina Fernández de Kirchner en el tramo de la acusación presidencial a Cambiemos por la deuda contraída, el primer gran aplauso de tropa propia que le dedicaron al mandatario fue una crítica a Juntos por el Cambio y una comparación con su vicepresidenta. “Sólo a mí y a Cristina en 2010 nos han dejado sin Presupuesto”, afirmó.

 

Fue una solapada defensa al renunciado jefe de la bancada del Frente de Todos, Máximo Kirchner, que, con un discurso de madrugada, detonó la negociación para darle sobrevida al proyecto que había enviado Martín Guzmán.  

 

Si bien en el monólogo hubo ciertas ausencias temáticas, la más relevante fue física, que genera ruido interno a la espera del envío del proyecto del acuerdo al Congreso: el hijo de CFK se quedó en Santa Cruz.

 

Con la ausencia del líder camporista y pasado el momento del reencuentro público con la vicepresidenta, un párrafo del discurso fue dirigido a quienes oponen al principio de entendimiento, como el mencionado Kirchner, que espoileó su rechazo con una carta. “He escuchado con sorpresa opiniones que critican que hayamos logrado un acuerdo sin los condicionamientos que tantas veces tuvieron consecuencias desastrosas para nuestro país”, sentenció Fernández.

 

En tono conciliador a la interna, el mandatario lanzó una promesa, en un apartado de un discurso dirigido en lo formal al “pueblo argentino” pero que, en este tramo, parecía escrito para un convulsionado Frente de Todos: “No queremos más ajustes. Nunca defendimos los ajustes”.

 

“El acuerdo que anunciamos semanas atrás sobre el marco de políticas económicas es el mejor acuerdo que el gobierno de la Argentina podía conseguir”, insistió.

 

En una defensa a la letra chica aún por conocer, el jefe de Estado negó varias de los fantasmas enarbolados desde el mismo interior del oficialismo. “Quiero ser muy claro ante esta Asamblea Legislativa. No habrá una reforma previsional. La edad jubilatoria no será alterada”, fue la primera promesa. “No habrá una reforma laboral”, fue la segunda. “La justicia social jamás puede ser objeto de una negociación”, añadió.

 

Entonces, llegó el tema más escabroso al interior todista: el delicado esquema de subsidios. “Seguiremos la senda de ordenar las cuentas públicas sin condicionar nuestras políticas de justicia social”, fue el tercer compromiso presidencial y lo resumió en un eslogan más pegadizo: “En Argentina se acabaron los tarifazos”.

 

Fernández reveló un bosquejo de la letra chica para la segmentación de los subsidios. “En principio, apuntamos a que el 10% de mayor capacidad económica deje de ser beneficiario de subsidios”, contó. Para el resto habrá una normativa, que fue vetada por Mauricio Macri, por el cual las tarifas tendrán como tope el Coeficiente de Variación Salarial.

 

Más allá del Fondo

El discurso comenzó con lo ineludible: la guerra. Ucrania fue nombrada una sola vez y Rusia en tres ocasiones: una por el conflicto y las otras dos por la vacuna. “La paz del mundo se altera por la invasión militar”, dijo Fernández. La novedad diplomática fue el uso del término invasión.

 

Después, el discurso dio paso a la pandemia del Covid-19, la campaña de vacunación y la “recuperación económica” que el Gobierno sostiene con la enumeración de ciertos indicadores. “La industria sin dudas fue otro factor relevante que explica el crecimiento. En 2021 no solo recuperó lo perdido en 2020, sino que se ubicó 7% por encima de 2019”, señaló.

 

El resto del discurso buscó dejar atrás las mochilas del FMI y el coronavirus. “Es el momento, hoy más que nunca, de hablar del mañana. Debemos dejar de lado el desaliento que atrapa a algunos”. En esa línea, el Presidente fijó cuatro objetivos:

 

1. Generar anualmente, solo con la ampliación de la matriz productiva, al menos 200.000 puestos de trabajo de calidad en el sector privado.

 

2. Crear 10.000 nuevas empresas por año.

 

3. Reducir la inflación año tras año, de modo sostenido y paulatino.

 

4. Alcanzar y superar los 100 mil millones de dólares de exportaciones sumando bienes y servicios.

 

La reforma buena

Era esperable también un capítulo dedicado a la Justicia. Además de insistir con la fallida reforma judicial que propuso en su debut ante el Parlamento en 2020, junto con el también dilatado debate por la nueva conformación del Consejo de la Magistratura, Fernández aprovechó un tramo para hablar de la Gestapo antisindical.

 

“En los próximos días enviaré un proyecto de ley que permita consolidar el trabajo hecho en estos años en materia de inteligencia”, anunció. “Necesitamos contar con organismos de inteligencia que permitan producir información estratégica de calidad que contribuya a tomar decisiones y a proteger, no a espiar, al conjunto de la población frente a los riesgos y desafíos de un mundo cada vez más dinámico”, completó el mandatario.

 

Patricia Bullrich, ministra de Seguridad, junto a los intendentes Federico Zárate, Ezquiel Lemos, Miguel Pittaro, Adela Arning, Pablo Cornet y Fernando Rambaldi.
Rogelio Frigerio reunió a intendentes de la provincia para pedirles que diluyan el impacto de la quita de subsidios.

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