23|1|2023

Fernández y los Juegos del Salmón

04 de febrero de 2022

04 de febrero de 2022

La diplomacia albertista realiza su principal jugada para mostrar distanciamiento de Washington. La importancia de una difícil relación tripartita.

Luego de superar los estrictos controles sanitarios por la pandemia de Covid-19 para ingresar al país, el presidente Alberto Fernández desarrollaba su primer día de actividades en la República Popular China, donde este viernes participó de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno 2022 y donde espera mantener un encuentro de alto nivel político con el presidente chino, Xi Jinping, el domingo por la madrugada. Con una estrategia diplomática que aspira a jugar al mismo tiempo en varias canchas internacionales, Fernández apuesta a alejarse de la corriente norteamericana luego de anunciar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y nadar en las aguas profundas de Oriente.

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El ansiado viaje por los gigantes asiáticos, programado desde mediados del año pasado, es una apuesta importante para el Presidente, que, por primera vez desde su llegada a la Casa Rosada, logrará encuentros personales con las dos amenazas geopolíticas más importantes de los Estados Unidos: el presidente ruso, Vladímir Putin, y su par chino, Xi Jinping. Además, el momento brinda un contexto particular: las tensiones ­entre Washington y Moscú amenazan con desencadenar una guerra de alta escala en Ucrania y los JJOO inaugurados este viernes en Pekín sufren un boicot diplomático por parte de la Casa Blanca y sus principales aliados internacionales a raíz de las violaciones de derechos humanos que se le adjudican al gobierno comunista de Pekín.

 

Por esto, el viaje de Alberto Fernández es de alto voltaje geopolítico: representa un acercamiento directo y personal, primero a Putin, a quien el presidente norteamericano, Joe Biden, llamó “asesino” en una reciente entrevista; y, segundo, a Xi Jinping, a quien el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, llamó “una amenaza al orden mundial basado en las normas que procuran la estabilidad global”.

 

Desde su llegada a la Casa Rosada, la diplomacia albertista busca ser multipolar e insertarse en el mundo a partir de lazos múltiples con los principales centros de poder sin generar ataduras estáticas con ningún país. El desafío, desde entonces, es evitar caer desde ese equilibrio difícil y peligroso hacia uno de los tres costados y generar encontronazos con algunas de las partes al tener en cuenta que las tres son fundamentales para el futuro de la Argentina: Estados Unidos, por su vital importancia para la reestructuración de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) legada por el expresidente Mauricio Macri; China, por ser el principal socio comercial por fuera del Mercado Común del Sur (Mercosur) y Rusia, por representar una alianza “estratégica” desde 2015 y ocupar un rol importante en el aprovisionamiento de bienes e inversiones para el desarrollo de la infraestructura nacional.

 

Este juego se disputa permanentemente, no es cuestión de un viaje o una gira. La diplomacia y las relaciones exteriores influyen en el día a día nacional del Gobierno y del país también, cotidianamente. “Toda política nacional es política internacional”, dijo el expresidente argentino Juan Domingo Perón, alma máter del oficialismo. El FdT arriesga en este tablero cuando vota en organismos internacionales, cuando profundiza o enfría una relación bilateral y cuando avanza o retrocede en proyectos políticos y económicos, pero en este viaje es cuando más se evidencia porque implica jugar mano a mano con los principales participantes del mismo.

 

Durante su visita a Rusia, Fernández jugó fuerte cuando dijo que la “Argentina tiene que dejar su dependencia con Estados Unidos y el FMI”, una frase que puede generar resquemor en el país del Norte, especialmente a la espera del acuerdo final con el organismo de crédito. Su presencia en los JJOO, a pesar del rechazo retórico y práctico de Washington y compañía, también es un gesto significativo y fuerte de la misma estrategia: jugar con todos sin encolumnarse detrás de ningún polo. “En un mundo globalizado, la multilateralidad es el gran secreto y un gran desafío que tenemos en común”, dijo Fernández este viernes, cuando recibió el título de profesor honoris causa de la Universidad de Tsinghua.

 

En la madrugada del domingo, a las 0.40, cuando se reúna con Xi Jinping en el Gran Salón del Pueblo, el juego que Fernández busca desarrollar en sus relaciones internacionales tendrá una de sus principales paradas en su nado contra la corriente.