01|8|2022

Maldita inflación: seguirá alta y se vuelve un problema político para el Gobierno

16 de febrero de 2022

16 de febrero de 2022

Una piedra en el relanzamiento de Fernández. Interna oficial y la agenda post-FMI. Por qué los salarios no pueden ganar la carrera contra los precios.

Más allá de la interna que se agravó hasta niveles feroces en el Frente de Todos, la negociación para refinanciar la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) entró en su etapa final y, con ello, la agenda de normalización financiera del Gobierno. Superada esa instancia, Alberto Fernández buscará caminos para relanzar su gestión, pero los diferentes temas que se barajan en su entorno parecen poca cosa frente a una de las principales inquietudes sociales: la inflación. Sin un abordaje eficaz de ese problema, cualquier idea de fortalecimiento político sería estéril y la posibilidad de propiciar una recuperación de los ingresos de la población, el consumo y el propio crecimiento de la economía podría complicarse.

desPertar

Un análisis útil para enfrentar
una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

desPertar

Un análisis útil para enfrentar

una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

 

El incremento de 3,9% del Índice de Precios al Consumidor (IPC) registrado en enero por el INDEC, que fijó el de los últimos 12 meses en 50,7%, volvió a encender las luces de alerta en el equipo económico tras un cierre de 2021 también caliente en la materia.

 

La estacionalidad –las vacaciones– jugó en contra, sostienen allí, a la vez que ponderan que la carne, un alimento esencial de la canasta argentina, evolucionó muy por debajo del promedio. Sin embargo, el rubro general de alimentos y bebidas no alcohólicas estuvo bastante por encima de aquel.

 

En su mayoría, los economistas esperan, en lo inmediato, meses difíciles. La inercia empuja y el acuerdo con el Fondo impondrá ajustes de tarifas de servicios públicos que no ayudarán al Gobierno a mostrar índices más normales. En ese sentido, destacan que la inflación núcleo, que excluye los precios estacionales y regulados, alcanzó el mes pasado un elevado 3,3%.

 

El mencionado 3,9% estuvo en línea con lo proyectado por las principales consultoras privadas, cuyos pronósticos son recopilados cada mes por el Banco Central en el Relevamiento de Expectativas de Mercado. En efecto, estos habían anticipado un 3,8%, pero el top ten de los más precisos en esa variable dio justo en el blanco. Así las cosas, el año cerraría, para la generalidad de las fuentes consultadas en 55%, en tanto que para el subgrupo mencionado treparía al 57,9%.

 

Claudio Caprarulo, director ejecutivo de la consultora Analytica, le dijo a Letra P que “en el primer trimestre del año vamos a tener una inflación promedio por encima del 4% mensual y una tasa anualizada del 60%”. Según la consultora, febrero también arrojaría 3,9% y marzo, todavía más: 4,2%.

 

“Alimentos, hoteles y restaurantes son los rubros que más presionaron al alza el nivel de precios los últimos meses. El ajuste de tarifas también es relevante: en enero fueron los servicios de comunicación, pero en los próximos meses les tocará al agua, al gas y a la electricidad”, explicó.

 

De acuerdo con Caprarulo, “las razones por las que la inflación puede seguir aumentando son claras, desde el aumento del dólar oficial hasta el ajuste de las tarifas, entre otras. Falta que el equipo económico las contrapese. Quizás este jueves, si el Banco Central decide subir la tasa de interés, se empiece a recorrer ese camino”.

 

El economista de Analytica pone el dedo en la llaga. En medio de la interna que atraviesa al gobierno panperonista, ¿hay una unidad de criterios respecto de cómo atacar el problema de la inflación? No lo parece. Acusado por el ala cristinista de “demasiado ortodoxo” y de ejecutar un plan de ajuste de la mano del FMI, Martín Guzmán apuesta a que la reducción del déficit fiscal y la moderación de la emisión monetaria ayuden a ese propósito.

 

En tanto, electrón libre del ministerio que conduce Matías Kulfas, el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, apuesta a reforzar controles que no parecen haber funcionado hasta el momento y a poner en discusión un incremento de las retenciones y los cupos a las exportaciones de productos alimentarios sensibles para desacoplar más la evolución de los precios internos de los internacionales.

 

El problema es gigantesco y, más que económico, a esta altura ya es político. No solo por el modo en que divide opiniones en el Gobierno ni por el temor a que erosione más el poder de compra de los sectores populares, su principal base electoral. También, porque el consumo representa alrededor de dos tercios del producto bruto interno (PBI) y, sin una recuperación de los ingresos, quedaría comprometida la propia consolidación del crecimiento económico.

 

Es muy difícil que los salarios le ganen la carrera a los precios si estos evolucionan por encima del 50%. Un informe reciente de Analytica indicó que “la inflación limita el crecimiento y, en particular, la recuperación de los salarios (…). Entre el segundo y el tercer trimestre de 2021, la Remuneración al Trabajo Asalariado (RTA) o, más explícitamente, la masa salarial, apenas creció 2,2% en términos reales y se mantiene en niveles mínimos desde 2016”.

 

El trabajo remite al gráfico reproducido justo arriba. “La RTA es la combinación de las horas trabajadas, el salario horario y la cantidad de trabajadores formales e informales. La línea roja del gráfico refleja su eventual evolución si el salario hubiese crecido a la par de la inflación. El resultado obvio es que hoy la participación de los trabajadores en el ingreso estaría en niveles prepandemia. De todas formas, difícilmente eso hubiese podido suceder. La inflación tiene un componente inercial importante y las empresas cuentan con aceitados mecanismos para trasladar rápidamente los aumentos de costos a los precios”.

 

“El gráfico también permite ver el efecto de la política fiscal agresiva durante la pandemia. Cuando se analiza lo que efectivamente sucedió con la masa salarial (línea azul), notamos que, durante la peor etapa del aislamiento, cayó menos que en el caso de que los salarios se hubiesen ajustado por inflación (línea roja). ¿Por qué? Durante el segundo trimestre, el shock hizo que la inflación se redujera al 1,8% promedio mensual”. Sin embargo, “cuando las actividades empezaron a operar sin restricciones, comenzaron a verse las limitaciones de la política económica: la masa salarial mantuvo su caída hasta el tercer trimestre de 2020 y, a partir de allí, mostró una leve recuperación para luego estancarse”, completó.

 

Los precios queman, la recuperación de los ingresos populares sigue condicionada y, en lo político, al Gobierno le urge encontrar una forma de salir de un régimen inflacionario que Mauricio Macri dejó estacionado en torno al 50%.

 

Respuestas se buscan.