17|1|2023

Para poder entrar hay que saber salir

07 de diciembre de 2022

07 de diciembre de 2022

¿Cristina aplica la doctrina menottista de la sorpresa? Si la sentencia estaba escrita, ¿qué cambió entre Pilar y el renunciamiento? Más amagues que Orteguita.

“Sorprende un jugador cuando parece que sale por derecha y lo hace por izquierda; cuando frena y sigue; cuando amaga a tirar o tocar y no lo hace”. En la previa del Mundial de España ’82, en una de las ediciones de El fútbol de Menotti, un ciclo de microprogramas que emitía ATC todas las noches a las 20.55, el técnico campeón del ’78 exponía la Doctrina de la Sorpresa. “Es un concepto que el equipo debe manejar individual y colectivamente”, explicaba. En otro capítulo, el entrenador advertía, en esa misma línea: “Para poder entrar, hay que saber salir”. Al Pelado Ramón Díaz lo hacía salir del área y entrar, salir y entrar, salir y entrar… una y otra vez. Cuarenta años después, en el desierto con aire acondicionado de Qatar, Julián Álvarez le arrebató el puesto a Lautaro Martínez. Dicen que el suplente del City tiene una ventaja sobre el nueve que era titular indiscutido en la Scaloneta: sale y entra y, así, sorprende, desarma la defensa.

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Este martes, Cristina salió. “No voy a ser candidata a nada”, renunció. Sorpresa. Un rato después, en una cena que compartió en Ensenada con parte de su tropa, habría pedido: “Tomen el bastón de mariscal”.

 

¿CFK sale para poder entrar? ¿Es menottista? Por lo pronto, es de Gimnasia. Aunque El Doctor supo ganarse el respeto del pueblo tripero, el bilardismo no es religión en esa hinchada y, en el país de la grieta, juegan los opuestos.

 

 

Se ha dicho mil veces: la vicepresidenta es una gran pateadora de tableros que ha hecho de la sorpresa un modus operandi político. Para muestra, el botón de mayo de 2019, cuando salió apenas para que el peronismo pudiera volver a entrar: Alberto Fernández Presidente, Cristina Fernández vice.

 

En las horas que siguieron a la bomba que Cristina lanzó en un streaming/cadena nacional que fue in crescendo hasta terminar en un presunto episodio de emoción violenta, al equipo de La Jefa se lo ve aturdido, tambaleándose entre la frustración y el terror a la orfandad y algunos arrestos de clamor culposo.

 

Dijo El Cuervo Andrés Larroque, vocero versátil de la expresidenta: “Conociendo a Cristina, me parece que su decisión de no ser candidata es terminante”.

 

Dijo Mario Secco, vitalicio del directorio del club de fans de CFK: "El grito de Cristina presidenta viene de abajo, ella lo sabe y la tiene clara. No quiero hablar por ella. Ayer el mensaje fue ‘háganse cargo, muchachos’".

 

Dijo Jorge Capitanich, embajador cristinista de carrera en el Norte Grande. "No comparto su decisión de renunciar al 2023, pero está en su derecho de tomar la decisión que le corresponda". En esa rutina menottista de entrar y salir, el Coqui advirtió: "No podemos resignarnos a la lucha política, vamos a luchar por nuestras ideas. No me voy a resignar a que nos impongan, desde el centralismo porteño y las corporaciones, los candidatos que quieran”.

 

Que sí, que no. El equipo entra y sale. ¿Está aturdido por la bomba, como parece, o será que, como pedía Menotti, maneja colectivamente el concepto de la sorpresa?

 

CFK viene pidiendo que lleven su nombre a la victoria. “Voy a hacer lo que tanga que hacer”, avisó el 4 de noviembre, en Pilar, y dejó sensación de lanzamiento en un plenario de la UOM. Trece días después, dio un paso más: "Que la gente decida si quiere volver a esa Argentina que ya tuvo". Más clamor, más clamor, pidió.

 

¿Qué cambió desde entonces, en los 19 días que corrieron entre ese pedido y el renunciamiento de este martes? ¿Qué al final la condenaron? ¿No era que la sentencia ya estaba escrita?

 

¿Que le dirá a la militancia el 12 de diciembre, si finalmente se moviliza, como se dice que hará, para bancarla y canta el hit "Presidenta, Cristina Presidenta"? ¿La hará callar como a los de la corneta?

 

Salir para poder entrar. Sorpresa. Esa es la cuestión. El problema es que el reloj electoral ya corre rápido y los halcones vuelan lanzados. Pronto, entonces, el peronismo va a necesitar alguna certeza entre tanto amague.