CÍRCULO SANTA FE

Una silla, una Bolsa y un puerto

La Bolsa de Comercio ocupará el ente administrador portuario en medio de la tensión entre la Provincia y la concesionaria. El lobby que viene por los muelles.

ROSARIO (Corresponsalía Santa Fe) El presidente del Ente Administrador del Puerto de Rosario (Enapro), Guillermo Miguel acudió hace un par de meses a la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) en busca de masa crítica para darle músculo al directorio. El panorama en el puerto se ponía denso y el ente, ya desde entonces, no podía pisar firme en el conflicto que mantiene con una de las concesionarias, Terminal Puerto Rosario (TPR). Cuestionamientos a la falta de inversión empresarial, amagues de quita de la concesión y una disputa fuerte de intereses cruzados entraban en el marco del pedido. El funcionario, puesto por Omar Perotti al asumir la gobernación, recibió el ok para evaluar el pedido y, esta semana, casualmente en plena escalada de la disputa mencionada, logró la confirmación: la Bolsa se sumaba al directorio del Enapro y, así, cambiaba el escenario.

 

No fue inocente el llamado ni la aceptación. TPR tomó el mando de los muelles I y II de la mano de Vicentin hace más de una década y luego se sumó la chilena Ultramar. Actualmente la cerealera posee apenas un 10% del paquete, pero un enorme peso simbólico de arrastre. Sobre todo para la Bolsa que mantiene un encono con la agroexportadora luego de que, hace exactamente tres años, declarara un default por 1.400 millones de dólares dejando al sector y a muchos de sus socios patas para arriba, y salpicando a la institución, ya que el presidente de entonces era Alberto Padoán, uno de los dueños de Vicentin.

 

La silla la ocupará el director ejecutivo de la Bolsa, Javier Cervio, quien será un representante puro de la institución, luego de Alejandro Calvo, de la gestión anterior, y de Graciela Altomonte de Alabarce de una representación indirecta de la entidad por ser presidenta de la Cámara de Exportadores de Rosario. Cervio es un ejecutivo de confianza de la actual cúpula de la Bolsa que, en estos años, purgó de dirigentes vinculados a Vicentin, y sumó otros de un perfil portuario, como los recientes ejecutivos de las agroexportadoras ACA y Cofco.

 

La BCR sabe que es un momento complicado del puerto, sobre todo por el conflicto contractual y sindical que mantiene TPR. Pero creen sus directivos que es hora de tomar decisiones y su presencia en el directorio del ente administrador puede aportar conocimiento, reflexión a las decisiones, y más presión para dejar expuestos los problemas y apurar definiciones. Además, con su espalda podría hacer planteos que otros no pueden o quieren hacer. 

 

Justamente el ente provincial está carente de todo eso y no logra poner en caja a TPR. Por eso, también, la van a buscar. Hay margen para un axioma: cederle mucho poder a alguien más poderoso que uno mismo, puede convertirse en su propio Frankenstein. La jugada del Enapro se completó con el traspaso de la silla de las concesionarias de TPR a Servicios Portuarios, representada por su dueño, Juan Manuel Ondarcuhú, un movimiento que sin dudas se leyó como hostil por los vicentines y chilenos. 

 

Hay varias cuestiones por las que la Bolsa acepta embarcarse como nunca. En primer lugar, este momento es más propicio porque ya no está del lado de los dos mostradores como sucedía antes. Se le suma un fundamento más naif que bien podría ser la versión oficial, que es el de darle valor a la cultura del puerto para la ciudad a través de una presencia más benéfica. La otra cuestión es estratégica: ocupar un casillero vacío y pisar de lleno en un puerto que tiene actualidad y potencial.

 

Encima, con la yapa de que enfrente está TPR con los papeles flojos. Según recogió Letra P, la Bolsa no piensa en trabajar para rescindir el contrato de la concesionaria, tampoco salvarla, pero sí aportar una mirada más crítica de un puerto famélico de inversiones en infraestructura, y buscar salidas de una vez por todas. Se sabe que la Bolsa hace lobby a largo plazo y puede desembarcar con eso en mano. 

 

Justamente, el tiempo es una condición determinante en toda esta historia. A la firma le falta una década al mando de los muelles y a Perotti un año en la gobernación, al igual que a los funcionarios del Enapro. Por lo tanto, cabe preguntarse si es viable una quita de la concesión, un mecanismo jurídico con semejante complejidad e implicancias varias. Ahora bien, en caso de darse, ¿la provincia resarciría, sin más, a la firma? ¿Se licitaría de fondo o transitoriamente? ¿Quién se haría cargo de la operatividad de los muelles, un negocio cautivo pero lleno de problemas? ¿La otra concesionaria, algún privado de la Bolsa? ¿Daría el paso la Nación como ya ha hecho en otros puertos o algún operador conocedor del negocio de contenedores de Buenos Aires? Hoy, nadie lo sabe, pero seguramente ganas sobran.

 

Maximiliano Pullaro, gobernador de Santa Fe.
El gobernador Maximiliano Pullaro y la vice Gisela Scaglia.

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