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La caída del hombre de Vicentín

Los cuadernos de las coimas lo marcaron y el default de Vicentín le dio el golpe de gracia entre sus pares de la Bolsa de Comercio de Rosario. Indiferencia y enojo tras 35 años en la institución.
Por 22/12/2019 10:24

El nombre Alberto Padoán resonó en la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) cuando la noticia de la cesación de pagos por 350 millones de dólares del gigante Vicentín generaba un desconcierto total aquella mañana de principios de diciembre. La empresa decretaba de un día para el otro un futuro vidrioso sobre pagos millonarios a corredores y productores, arrastrando nuevamente al principal accionista de la aceitera y expresidente de la entidad al filoso cuestionamiento de aquel ámbito de alcurnia.

El primer chispazo entre el núcleo duro de la entidad y Padoán se había producido un año antes, cuando aún presidía la institución, y lo procesaron en la causa de los cuadernos que lleva adelante el juez Claudio Bonadio. Esta vez era distinto porque los damnificados eran los propios socios de la entidad. Esta vez se convertía en el matarife dentro de su propio corral.

Hacía sólo dos semanas que había finalizado su mandato como presidente de la Bolsa cuando estalló el escándalo Vicentín, pero igualmente lo encontraba entre las autoridades en el selecto grupo de vocales titulares. Una vez más, “Beto”, como le dicen en su Avellaneda natal desde donde forjó el imperio aceitero, era señalado por sus pares.

 

Alberto Padoán nació en Avellaneda en 1943. Ingresó al laboratorio de Vicentín como responsable de producción, análisis, calderas y refinerías. Llegó a ser parte del Directorio hasta 2005 junto a la familia que lleva el nombre de la firma. Fue presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario (2015-2019), que nuclea al Mercado Físico de Granos, al Mercado a Término (ROFEX), al Mercado Ganadero de Rosario (ROSGAN), y al Mercado Argentino de Valores (MAV). Es miembro de otras empresas relacionadas con la agroindustria y el transporte.

 

Durante las pocas semanas que duró la novela del default, le resultó insostenible el lugar en que quedó parado. Los 35 años en la Bolsa, la llegada al poder político y dirigencial rural y hasta el carnet de vitalicio no hicieron de contrapeso, por lo que a mediados de diciembre abandonó definitivamente todo vínculo institucional. La versión oficial es que renunció, pero evidentemente la presión fue determinante.

Cargaba con el antecedente de “los cuadernos”, masticado pero no deglutido por el resto. En octubre de 2018, el juez federal Bonadio lo procesó por supuestamente haber pagado coimas en dólares a Roberto Baratta y haber participado de una asociación ilícita con funcionarios kirchneristas. Le trabó un embargo que fue tema de conversación del círculo rojo: 4 mil millones de dólares.

 

 

Meses después, y licencia por medio en la presidencia de la Bolsa, se le dictó la falta de mérito. Más allá de esa resolución judicial, lo que pesó puertas adentro de la entidad fue el mientras tanto. Titulares y comentarios que resonaban en la reputación que tanto desvela a la institución.

No era para menos. Según la resolución de Bonadio, el empresario "ordenó las entregas de dinero por el grupo agroindustrial Vicentín", una en 2013 por 500 mil dólares y otra en 2015 por un millón de los verdes. Padoán era el puente, según el juez, por el cual la firma pagó coimas.

"Me atrevo a decir que esas sumas nunca existieron, pues mi pasado en Vicentín me permite asegurar que no es ni ha sido jamás política de la empresa hacer semejantes entregas dinerarias con ninguna finalidad", sostuvo en su defensa. Además, agregó que, para la fecha de los presuntos pagos, hacía una década que no era director de la firma.

 

 

El dato era cierto. Tanto como que actualmente se mantiene como accionista de la firma -la familia Padoán es el mayor grupo entre accionista aunque no controlante-, que dos de sus hijos son parte del directorio y la conducción familiar del grupo se conserva desde hace décadas. Es decir, nadie duda que está al tanto de los lineamientos de la firma.

Tampoco nadie dudó cuando estalló el millonario default de Vicentín a días del cambio de gobierno nacional, tras lógicas comerciales y financieras afectadas con la crisis económica. El episodio lo comunicaron de manera extraoficial los ejecutivos de la empresa a clientes de peso el miércoles 4 de diciembre por la noche. No eran llamados telefónicos de alerta, directamente confirmaban que se trataba de un problema financiero imposible de resolver en forma inmediata.

 

 

Para el mediodía del día siguiente el clima en la Bolsa estaba tan agitado que se convocó a una reunión entre las autoridades con el Centro de Corredores de Cereales para pasar en limpio la información que llegaba. La empresa había hecho rodar por la mañana un comunicado donde informó la puesta en marcha del proceso de reestructuración de pagos debido a una situación de “estrés financiero". No alcanzó a contener los ánimos. 

La sensación en el imaginario era similar a cuando se hundió el Titanic: jamás podría naufragar semejante estructura. Pero el agua ya había entrado en el camarote y aquel capitán desdichado de barba blanca se transfiguraba en el empresario aceitero de bigote fino y negro. Hasta puede caber un iceberg en la analogía: Vicentín es la punta visible de este tipo de desmanejos financieros en el mercado de granos. De un día para el otro, el principal exportador de harina y aceite de soja anunciaba que sus negocios “se han visto negativamente afectados”.

 

Vicentín reúne a todos sus negocios de granos (aceitero, exportación e industrialización) bajo Vicentín Saic, que son los que están reestructurando deuda. Por otro lado, la familia tiene Algodonera Avellaneda, el 50% de Terminal Puerto Rosario (TPR), es socia de Glencore en la empresa Renova, la aceitera más grande del mundo. Tiene activos de Sancor, es propietaria del frigorífico Friar, y maneja una bodega.  

 

En el medio asumió el nuevo gobierno nacional y un día después, el provincial. Las nulas novedades durante más de diez días acerca de montos adeudados y planes de pago, generaron rumores que terminaron calentando aún más la plaza de granos. Se repetía la decisión de priorizar la refinanciación de su pasivo con los bancos -el Nación, su mayor acreedor- y que luego recién llegaría la hora de los privados. 

El actual presidente de la Bolsa, Daniel Nasini, consiguió esas respuestas de parte de Padoán mediante varias comunicaciones que tuvieron, según publicó el portal Punto Biz. A esa altura empezó a calar la espalda de las empresas, la necesidad del cobro, los que quedaron más enganchados que el resto. Se comenzó a hablar de falta de respeto y de confianza.

Ante las constantes indefiniciones, Nasini -propietario de una casa de inversiones y corretaje que aparentemente también fue damnificado- decidió hacer una jugada fuerte. En nombre de la Bolsa, intimó a la firma, en lo que fue un correlato del malestar con el empresario. Eso fue el punto sin retorno, lo que le dijo hasta acá a la historia dirigencial de Padoán y marcó la caída del hombre de Vicentín.