20|1|2023

21 de noviembre de 2022

21 de noviembre de 2022

Titular subrogante de la Legislatura tucumana, es la prenda de unidad del peronismo que comandan Manzur y Jaldo. Poder territorial y la trituradora del oeste.

TUCUMÁN (Corresponsalía Norte Grande) El 17 de octubre pasado el gobernador en uso de licencia, Juan Manzur, y el mandatario interino, Osvaldo Jaldo, fueron los principales protagonistas del acto por el Día de la Lealtad peronista que se realizó en la sede del PJ provincial. En ese virtual lanzamiento de la fórmula oficialista 2023, los dos caciques solo permitieron que un dirigente los acompañara en el escenario y se mostrara junto a ellos: Sergio Mansilla, el presidente subrogante de la Legislatura. En las filas del peronismo y también fuera de ellas se preguntaron, ¿qué hacía Mansilla en la foto?

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Nacido y criado en la ciudad de Aguilares, 88 kilómetros al sur de San Miguel de Tucumán, Mansilla despliega un estilo sin altisonancias y de despacho a puertas abiertas en la Legislatura. Así se ha convertido en este último año en un garante de la unidad entre el manzurismo y el jaldismo, clave para la gobernabilidad después de la guerra abierta que enfrentó a las dos cabezas del peronismo bifronte tucumano en 2021 y, tal vez, de cara al futuro que se abra a partir de 2023. 

 

Con 53 años, Mansilla aquilata una intensa trayectoria en el peronismo local, en el que escaló peldaño por peldaño. A los 22 años, en 1991, Mansilla fue electo concejal mientras era el arquero titular de Jorge Newbery, el club más importante de su ciudad. Tuvo que elegir y optó por entregarse a la militancia política. Ocho años después, alcanzó uno de sus sueños, ser intendente de Aguilares, pero la crisis económica y el "que se vayan todos" se lo llevaron puesto y no logró su reelección en 2003. Mientras conducía el destino de su municipio conoció a José Alperovich, entonces ministro de Economía del entonces gobernador Julio Miranda. Cuando Alperovich asumió en la gobernación, sumó a Mansilla a su gabinete como secretario de Coordinación de Municipios y Comunas y se convirtió en una de las espadas con las que el exgobernador construyó poder en el interior tucumano. Así, la figura de Mansilla creció y se provincializó.

 

Mansilla aprendió en los barrios a construir poder desde abajo. Como funcionario de Alperovich, recorrió de punta a punta el interior de la provincia, aprendió de sus errores y se hizo fuerte en todo el departamento Río Chico, cuyo municipio principal es Aguilares, su ciudad natal, y que contiene los pueblos Ingenio Santa Bárbara, Los Sarmientos, Río Chico, Santa Ana y Villa Clodomiro Hileret. Allí, en cada elección confirma su supremacía.

 

Su influencia se extiende también en los municipios de Concepción, La Cocha y Juan Bautista Alberdi, en el sur provincial, donde cosecha votos claves de la siempre desafiante Sección Oeste, el segundo distrito electoral tucumano que es una trituradora de candidaturas que no tienen una estructura que las respalda. Mansilla la tiene.

 

Lealtades

En 2007 Mansilla ingresó a la Legislatura por la Sección Oeste. Por su cercanía con Alperovich, sus pares lo eligieron como presidente subrogante del cuerpo. El tercer hombre en la línea de sucesión, en los hechos. Esa lealtad al alperovichismo que mandaba en Tucumán se pagó dos años más tarde con su desembarco en el Senado, donde moró hasta 2015. Con el ascenso de Manzur, que llegó ese mismo año a la gobernación, Mansilla bajó su perfil, pero logró que su compañera de vida, Elia Fernández, llegara a la intendencia de Aguilares. El exarquero se dedicó a colaborar en la gestión, tomó distancia de Alperovich y se aproximó a un manzurismo en alza, que por entonces también empezaba a tener cortocircuitos con el exgobernador.

 

El vínculo de Mansilla con Alperovich se rompió de manera definitiva en 2018, cuando el exmandatario decidió competir en las elecciones provinciales por fuera del PJ. El dirigente de Aguilares no sacó los pies del plato. Esa conducta lo acercó mucho más al círculo que rodea a Manzur y, de a poco, se convirtió en un hombre de consulta del manzurismo sobre cómo construir poder en el interior.

 

En 2019, Mansilla llegó de nuevo a la Legislatura, alineado 100% con Manzur, reelecto con Jaldo como compañero de fórmula. Sus pares peronistas lo eligieron para comandar el bloque mayoritario, en una Legislatura conducida por el vicegobernador. Cuando estalló la guerra entre Manzur y Jaldo, el hombre de Aguilares no tuvo dudas y apostó a la conducción del ahora jefe de Gabinete. Cuando la disputa escaló y se escenificó en una interna en las PASO, el armado de Mansilla ocupó un lugar de relevancia para que la victoria quedara del lado manzurista.

 

La convocatoria de la Casa Rosada a Manzur tras la derrota nacional del Frente de Todos depositó a Jaldo en la gobernación tucumana. La figura del presidente subrogante de la Legislatura cotizó en alza, porque se convertiría en una suerte de vicegobernador de hecho, ante la ausencia del mandatario interino. El 20 de septiembre, a las 11.20, luego de un cónclave a puertas cerradas con Jaldo, Manzur anunció por Twitter el acuerdo que consagraba a Mansilla como subrogante.

 

"Sergio es verticalista, aprendió a escuchar, a dialogar y cumple los acuerdos, tanto a los que llega con el oficialismo como los que logra con la oposición. Es un jugador clave en la estructura de Manzur, pero Jaldo también sabe que puede contar con él. No había mejor nombre que él para esa función, es una prenda de unidad", lo describe un legislador que lo conoce desde que se sentó por primera vez en una banca en la Legislatura.

 

Mansilla apuesta al perfil bajo. Ni siquiera tiene cuentas en redes sociales. Lo suyo parece ser el diálogo cara cara. Así, estrechó sus vínculos con alguien a quien conoce desde hace mucho tiempo, cuando fueron funcionarios de Alperovich. Se trata del manzurista Miguel Acevedo, ministro del Interior de Tucumán, quien maneja una poderosa área que llega a cada rincón provincial y que se convirtió en otra pieza de relevancia para el equilibrio de poderes entre Manzur y Jaldo. Sus diálogos son permanentes y se complementan.

 

A menos de seis meses de las elecciones provinciales, mientras la oposición transita una interna ardua aún sin desenlace claro y el oficialismo ultima los detalles judiciales para que Manzur pueda integrar la fórmula peronista acompañando a Jaldo, el rol clave que tendrá Mansilla para que esa dupla no se vuelva a romper está asegurado. La foto del 17 de octubre parece testimoniarlo.