19|10|2021

Rossi, el último mohikano

07 de septiembre de 2021

07 de septiembre de 2021

Enfrenta a la lista de Cristina, pero dice que la lealtad no está en juego. De la bendición de Kirchner a poner el cuerpo (¿y la cabeza?) por el PJ de Santa Fe 

“Chivo, me avisó un periodista que los ruralistas van para tu casa”, le dijo por teléfono su jefa de prensa al por entonces jefe del bloque del Frente para la Victoria en la Cámara de Diputados, Agustín Rossi. Era un domingo a la mañana de mediados de mayo de 2008, en plena escalada del conflicto del gobierno nacional con el campo por la resolución 125. Al rato, un grupo de chacareros fue a su casa en el oeste de Rosario a realizarle uno de los tantos escraches violentos que sufrió durante esos meses calientes del país.

 

Cuando el conflicto entró en terreno legislativo, Cristina Fernández y Néstor Kirchner monitoreaban los votos a través de Alberto Fernández, quien consultaba el conteo incesante de Rossi. El Chivo tenía el objetivo de un dictamen favorable, el más complejo de todos los que tuvo como jefe de bancada desde que, en 2005, el propio Kirchner lo citó a una reunión y lo ponderó como soldado K. Hubo algo de liturgia aquel día que Rossi mantiene como pocos.

 

"No me resigno a abandonar nuestros sueños", dice en un spot en el que se lo ve en una foto con el expresidente y apunta a resaltar aquella lealtad de cara a las PASO. “Con aplausos o con huevazos, siempre defendiendo las mismas ideas”, replicó en sus redes el precandidato a senador por Santa Fe para demostrar continuidad de aquellos tiempos álgidos. Su militancia empezó antes, incluso, de saltar del Concejo municipal de Rosario a la política grande que lo tuvo como legislador y ministro.   

 

Un recorrido chivo

“La vida pública era parte de las conversaciones cotidianas”, ilustra a Letra P Alejandro Rossi, hermano del Chivo. A su padre, abogado, lo trasladaron de Rosario a la ciudad de Vera, en el norte profundo de Santa Fe, en 1952, como juez de instrucción y correccional. Tres años después, tras el golpe a Juan Domingo Perón, la "Revolución Libertadora" lo expulsaría, pero se quedó allí: fundó un colegio secundario mixto y laico en una región puramente confesional.  

 

Un abuelo ingeniero civil y otro profesor universitario de Filosofía y Letras trazaron la formación familiar. “Teníamos íconos en la familia -agrega Alejandro-. No era una familia peronista aún, más bien liberal a la americana, socialista. Naturalmente con Agustín nos arrimamos al peronismo”.

 

Eso fue a comienzos de los ‘80, cuando apareció la Multipartidaria con el Partido Intransigente, la democracia cristina, el PJ y el radicalismo. “Fue la primera vez que tomamos contacto con la política real más allá de la lectura y el análisis que hacíamos”. El Chivo estudiaba ingeniería civil en Rosario y su hermano, Derecho en Santa Fe. Volvían poco a Vera a visitar a su madre, ya viuda.

 

Casi 30 años después estaría días sin dormir, presionado por una situación bisagra, por un matrimonio al poder y al límite, contando voto por voto en una elección en la que no todos estaban dispuestos a salpicarse. Logró su objetivo. Cuando el proyecto se aprobó y pasó al Senado, donde la historia sería otra, se abrazó con Eduardo Buzzi, líder por entonces de Federación Agraria.  

 

Aquel gesto de altura política contra quien durante meses había sido rival político quizás pueda ajustarse a la situación actual después del domingo. Rossi es precandidato a senador en la interna del Frente de Todos contra la lista que impulsa Omar Perotti y la Casa Rosada, es decir, el presidente Alberto Fernández y Cristina. Si gana, encamina su truncado proyecto a gobernador. Hubo ruidos en la alianza por el golpe en la mesa, pero Rossi dice que nada se rompió y que está poniendo el cuerpo por el proyecto justicialista en Santa Fe, como si fuese una misión del último de los mohikanos.