11|10|2021

21 de septiembre de 2021

21 de septiembre de 2021

Tras los cambios de gabinete, las funcionarias feministas dan pelea. “Ni un paso atrás”, dicen. Una agenda que no se reduce a las minorías.

Tiempo antes de las PASO, Letra P contó que mujeres de las primeras líneas del Gobierno demandaban participar en las decisiones sobre la campaña y más espacio en las mesas chicas. Queda claro que ambos pedidos fueron desoídos. No es una conclusión a la que se llega sólo con la lectura del diario del lunes: el discurso electoral del oficialismo no hizo referencia a cuestiones relacionadas específicamente con las necesidades de mujeres y diversidad ni para hablar de lo que falta ni para hacerse eco de lo realizado. Sobre el segundo punto, aumentar la presencia femenina en los cargos más altos, el resultado está a la vista: un gabinete que tenía sólo tres mujeres ahora tiene dos. La salida de Cecilia Todesca de la vicejefatura de Gabinete, además, deja a la mesa económica sólo con Mercedes Marco Del Pont como única representante del género.

 

De la diversidad de análisis sobre la derrota del Frente de Todos en las primarias, uno de los más remanidos fue el que sostenía que el Gobierno se ocupó de los derechos de las minorías y de las mujeres y no de lo verdaderamente importante, que es la pobreza, como si ambas cuestiones fueran por canales separados, como si las demandas feministas se restringieran a los derechos sexuales y reproductivos y, encima, como si esa agenda de derechos no estuviera totalmente vinculada a las cuestiones socioeconómicas.

 

Días después de la debacle electoral y mientras seguía la distribución de culpas, la ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, hizo su descargo en una columna de opinión publicada en Infobae. “Algunas voces -escribió- han salido a construir la idea de que la derrota electoral del FDT se debe a una supuesta priorización de una ‘agenda de minorías’. ¿A qué se refieren? Sorprendentemente, no están hablando del descontento de algunos pocos por tener que aportar un 2% de sus grandes fortunas para ayudar a paliar la crisis sanitaria. Tampoco de la libertad que reclaman algunos para maximizar sus ganancias, aún al precio de vaciar la mesa de millones de argentinos y argentinas. No, la ‘agenda de minorías’ sería, para estas voces, aquella que levanta el movimiento feminista y que se ha plasmado en una muy activa política de géneros y diversidades por parte de nuestro gobierno. Notable lectura”.

 

La funcionaria abundó: “La agenda de nuestro feminismo es una agenda de mayorías y que conecta de manera plena con las necesidades más urgentes de nuestro pueblo. Las mujeres somos 7 de cada 10 en el sector más pobre de nuestra sociedad, tenemos ingresos más bajos y nuestra tasa de desocupación en la juventud es mucho más alta que el promedio: casi un 25%. Nuestras políticas públicas, seguramente insuficientes, apuntan a fortalecer a esas mujeres y convertirlas en protagonistas de la Argentina que viene”.

 

Una referente de primera línea es más sintética y contundente. “¿De qué minorías hablan, si somos el 50% de la población y, si sumamos a niñas, niños y adolescentes, llegamos a las tres cuartas partes?”.

 

Es el patriarcado

“En política, el que se enoja pierde”, cita una dirigente a Letra P. En este caso, “la que se enoja pierde”. Los cambios en el gabinete con la falta de mujeres no pueden leerse como una novedad: es más bien lo habitual, una reacción de los varones de la política, aun aquellos aliados del feminismo, que vuelven al mar de testosterona, su zona de confort. “No la ven”, describen desde adentro. La reducción de lugares para las feministas en la mesa chica no fue una decisión aviesa en contra de las mujeres, sino lo que para los dirigentes es “natural”. ¿Sorprende? No, pero requiere a las mujeres de las primeras líneas de gobierno superar la bronca y, como le dijo una de ellas a Letra P, tomar impulso para ir “de la indignación a la acción”.

 

La designación de Juan Manzur en la Jefatura de Gabinete es considerada una verdadera afrenta al movimiento de mujeres por su responsabilidad, como gobernador de Tucumán, en la obstaculización de la interrupción legal del embarazo de una niña de 11 años que había sido violada y fue obligada a parir, su marcada oposición en 2018 a la legalización del aborto y su rechazo a la implementación de la Educación Sexual Integral en su provincia. Una de las más afectadas por este nombramiento es Gómez Alcorta, denunciante de Manzur en el caso Lucía. Aunque ya se habían cruzado en la firma de acuerdos contra la violencia de género en marzo de este año, ahora deberán convivir en el gabinete. A modo de tímido control de daños, el presidente Alberto Fernández se sacó una foto con la ministra en la Quinta de Olivos y se comprometió a avanzar en la igualdad de género en las designaciones de funcionarias y funcionarios de los ministerios del Poder Ejecutivo Nacional.

 

Con gusto a poco, las feministas del Gobierno confían en que no habrá ningún retroceso. La consigna que se dicen y sostienen hacia afuera es “ni un paso atrás”. “No podemos pensar que los derechos conquistados por un movimiento masivo se van a perder por impulso de una sola persona”, señala una funcionaria. “El aporte de Manzur al presente es político”, analizó Analía Argento en Letra P. “Como exgobernador, puede buscar el peso que Fernández no consigue, una especie de guardaespaldas frente a los embates cristinistas, por ejemplo, o de la oposición”.

 

En las conversaciones posderrota y sobre los recambios en los ministerios, la decisión fue unánime: quedarse para seguir empujando las demandas feministas desde adentro del Gobierno y ser garantes de los derechos conquistados. “Irnos no es una opción”, deja en claro una funcionaria de alto rango. A todas les parece sustancial insistir en la necesidad de que haya más mujeres en los ministerios, pero también en las segundas y terceras líneas. Saben que son fusibles ante cualquier eventualidad y que es imprescindible seguir sumando. “Los incomodamos; entonces el patriarcado se acomoda y nos expulsa”, ilustra una referente, aun en el caso de los varones aliados que, cuando las papas queman, se corren a un costado. 

 

Algunas son más críticas y dicen que “faltó peronismo”, pero ninguna se hace responsable de la derrota por feminista, sino por formar parte de la coalición gobernante. Mientras tanto, en algunos despachos se cuecen medidas económicas destinadas directamente a mejorar la situación de las mujeres más vulnerables, con la convicción de que la agenda feminista no es paralela ni está por fuera de la agenda de poder, de redistribución, de la economía. “Nosotras disputamos guita”, dice claramente una funcionaria. “El feminismo es una demanda social y una herramienta para generar soluciones”, enfatiza.