14|10|2021

Internismo religioso en alza en el subsuelo de la crisis

13 de agosto de 2021

13 de agosto de 2021

Curas villeros advierten descontento popular pero descartan estallido. Refutan a Grabois, queja por bajada de línea y bronca por la marcha de San Cayetano.

El clima de efervescencia social por la crisis persistente y la pandemia puso en alerta a mujeres religiosas, curas villeros y pastores evangélicos que trabajan en los barrios populares, aunque evalúan que la situación no llega al punto de ebullición de 2001, como denunció el dirigente Juan Grabois en la previa de la marcha de “Los Cayetanos” en reclamo de Tierra, Techo y Trabajo, las "3T de la dignidad" que predica el papa Francisco.

 

El pronóstico de que “no se podrá evitar el estallido del pueblo pobre” que hizo el líder la Unión de los Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) en una columna publicada por DiarioAr provocó preocupación en la comunidad de los credos que intentan contener la realidad de exclusión en los asentamientos, obligándola a relativizar la advertencia caliente de Grabois en cuanto a que la paz social estaba en riesgo.

 

Referentes cristianos de las villas porteñas y bonaerenses consultados por Letra P evitaron confrontar con Grabois, con quien suelen trabajan a la par, pero admitieron que le reclaman que “no agite los ánimos contenidos” de la gente de las barriadas, que solo quiere que se atiendan sus demandas más urgentes.

 

A quien sí le saltó la térmica por los dichos de Grabois fue al sacerdote Paco Olveira, de los Curas en Opción por los Pobres, quien calentó la interna del Frente de Todos (FdT) al poner en duda la pertenencia del líder de la UTEP. “No sé qué intereses juega, pero le está dando de comer al enemigo”, opinó ante una consulta de Letra P y rechazó de plano “que se venga el estallido (social)”. 

 

“A diferencia de la época de (Mauricio) Macri, hoy hay un Estado presente. Suelo poner el ejemplo de un nene que tiene fiebre bastante alta, pero tiene a la madre que lo está cuidando y le da la medicación cada cierto tiempo; se va a curar. Antes estábamos con fiebre muy alta, porque así nos dejó el macrismo, y no teníamos nadie que nos cuidará, por lo que íbamos al muere”, graficó el cura alineado al oficialismo.

 

Santa bajada de línea

Mientras escucha las voces de los referentes eclesiales de base sobre una situación social que se pretende que no se desborde en el actual contexto electoral, el Gobierno puso en stand by a los movimientos populares bendecidos por Jorge Bergoglio, al borrar a sus referentes de las listas de precandidatos del FdT y cerrarles el flujo de la ayuda. Es una lucha intestina que enfrenta a La Cámpora y al Movimiento Evita de Emilio Pérsico y Fernando Navarro, ambos funcionarios; la Corriente Clasista y Combativa del diputado nacional Juan Carlos Alderete; el Movimiento de Trabajadores Excluidos de Grabois y Somos Barrios de Pie, liderado por el exfuncionario y precandidato a diputado Daniel Menéndez.

 

Los residentes de la Casa Rosada tampoco disimularon su malestar por lo que consideraron una “bajada de línea” de los obispos en la reciente fiesta religiosa de San Cayetano. En particular, objetaron el mensaje del presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Oscar Ojea, quien advirtió sobre la "situación casi desesperante" que se vive en el país por los "enormes problemas de desocupación y pérdidas de empleo", llamó a revertir la matriz laboral para recuperar la cultura del trabajo y avaló, en sintonía con el papa, el reclamo de los movimientos sociales por el salario universal.

 

El único que hizo pública su queja fue el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, al reafirmar -mediante posteos de Twitter- el compromiso gubernamental por "tender la mano a quienes la necesiten" y una frase con espíritu bergogliano: "El país que queremos es una Argentina más justa con tierra, techo y trabajo para todas y todos".

 

Marcha y bronca

La marcha de las organizaciones sociales nucleadas en la UTEP desde el santuario de San Cayetano a la Plaza de Mayo, donde los dirigentes exigieron la universalización del salario y el reconocimiento sindical de los trabajadores de la economía popular, no pasó desapercibida para la Casa Rosada. Tampoco para la Iglesia: su realización en una fecha religiosa movió sus bases y sacudió la interna eclesiástica.

 

Un grupo de curas conservadores, no tan empapados en lo social, puso el grito en el cielo por lo que definió como un “uso político” de una fiesta patronal y cuestionó en duros términos a la cúpula eclesiástica por “dejarse robar a San Cayetano”. Es un episodio menor, pero marca cómo se profundizan las líneas internas de cara a las elecciones episcopales de noviembre próximo, cuando bergoglistas y no tanto pujarán por el poder celestial.