23|11|2021

Economía y relaciones carnales consentidas: guiños y tareas pendientes

17 de junio de 2021

17 de junio de 2021

Contacto de alto nivel de Guzmán en el Tesoro de EE.UU.: cuestión de interpretaciones. Una mención amistosa, ¿pero hay plan para el FMI y el Club de París?

Más allá de los encuentros de Alberto Fernández con sus homólogos de Europa, de las palabras de aliento y de la voluntad del ministro de Economía, Martín Guzmán, de cerrar la refinanciación de la deuda que el país mantiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con el Club de París, las conversaciones marchan a ritmo lento. Irremediablemente frustrada por el calendario, la meta oficial de principios de año de tener concluida la normalización de ese frente financiero en el primer cuatrimestre, los tiempos electorales de la Argentina y la pelea programática que estos desataron dentro del Frente de Todos se enlazaron con la importancia de los montos involucrados y con las inevitables dificultades técnicas, por lo que no parece que haya fumata blanca antes del veredicto de las urnas. Ese impasse trata ahora de romper el Gobierno con contactos de alto nivel en Washington.

 

Por lo pronto, aprieta el plazo del 31 de julio para no caer en default con el Club de París. Ante eso, Guzmán y el representante ante el Fondo, Sergio Chodos, mantuvieron el martes a la tarde una videoconferencia de casi una hora con el subsecretario del Tesoro estadounidense, Wally Adeyemo, quien más tarde emitió un comunicado que fue presentado como una señal positiva por el Palacio de Hacienda.

 

"El subsecretario Adeyemo repasó las reuniones de Argentina con el Club de París de acreedores bilaterales y la negociación pendiente (…) de un nuevo programa con el Fondo Monetario Internacional. Indicó que un marco sólido de política económica para Argentina, que aporte una perspectiva para el crecimiento del empleo en el sector privado, tendría el apoyo de Estados Unidos y la comunidad internacional", dijo el texto.

 

En Economía ponderaron que el comunicado haya sido lanzado por fuera de los usos y costumbres y sin que se lo haya consensuado, que haya hablado de "apoyo" y que haya hecho explícita referencia, en tan pocas líneas, a la creación de empleo como base de una política económica deseable, en lugar de las conocidas apelaciones al ajuste de las cuentas públicas y las reformas estructurales. Según dijeron allí, eso marca una sintonía filosófica entre las administraciones de Joe Biden y Fernández.

 

Sin embargo, esa interpretación parece algo estirada. De la nota oficial de Washington surge, más bien, la voluntad de acompañar un proceso necesario y, para avanzar en él, la espera de un programa "sólido de política económica". La cuestión del énfasis en el empleo sí puede acreditarse, en tanto guiño, al entusiasmo oficial.

 

¿Cómo se explica la intención de la Casa Rosada de ponerle palabras propias a lo que, en definitiva, fue un encuentro virtual de presentación?

 

En principio, algo debía decir una vez que el propio Tesoro hubo emitido un comunicado, puntapié inicial de una relación que recién ahora, con la paulatina confirmación de cargos en el Tesoro, se hace de más alto nivel.

 

De hecho, la conversación entre Guzmán y Adeyemo no podía ser sino general, dado el carácter de este último de número dos de Janet Yellen. La paridad 50-50 en el Senado estadounidense hace que la confirmación de los funcionarios que van a estar encima de las problemáticas regionales y nacionales concretas que interesan a ese país siga ralentizada.

 

En segundo lugar, si el Gobierno no decía nada, el comunicado de Adeyemo iba a decantar en la prensa con cierto sesgo en la interpretación de que "Biden le exige un plan a la Argentina".

 

Tercero, se entrevé una intención de mostrar logros propios donde lo que hay son solo gestiones, sobre todo en medio de la gira por Estados Unidos de Sergio Massa, que disparó una suerte de puja por la paternidad de cualquier eventual acercamiento en la relación.

 

Finalmente, el Gobierno intentó de ese modo salir por arriba de un día difícil, con un índice de inflación que bajó algo, pero que sigue siendo demasiado elevado y al que es necesario imprimirle alguna narrativa.

 

Más allá de lo anterior, no se le escapa a un funcionario de mirada funcionalmente panorámica como Adeyemo que la Argentina mantiene un posicionamiento ambiguo en temas de interés de su gobierno en el hemisferio, como Venezuela y, más recientemente, Nicaragua. Así las cosas, posiciones ideológicas particulares aparte, hay que entender que solo cabe esperar cautela de parte de una nueva administración estadounidense que, deseosa como las anteriores de imponer su voluntad en la región, observa con cierta perplejidad la política argentina. Y eso pesa cuando todo se trata de pasar la gorra.