21|7|2021

Mayra Mendoza y la jubilación a los barones del sur

08 de mayo de 2021

08 de mayo de 2021

Convertida en única jefa del peronismo en Quilmes, sepultó definitivamente el poder en el distrito de cuatro históricos. Ayuda no deseada y nueva generación.

La llegada de Mayra Mendoza a la intendencia de Quilmes, dirigente de la segunda generación de La Cámpora, terminó definitivamente con décadas de poder en el distrito de un grupo de tradicionales barones del conurbano que, salidos del territorio, llegaron a las esferas más altas de la política nacional y provincial y desde allí pretendieron disputar y manejar los hilos de la ciudad costera. Después de mucho tiempo, Quilmes tiene una sola jefatura política en el peronismo y es la de la actual intendenta, quien contó con la ayuda no deseada de su antecesor, el macrista Martiniano Molina.

 

Tres exintendentes de Quilmes que gobernaron la ciudad entre 1987 y 1999 fueron protagonistas absolutos de la política de los últimos veinte años. Eduardo Camaño llegó a ejercer la primera magistratura durante 48 horas durante la crisis de 2001, pero previamente tuvo cuatro mandatos consecutivos en la Cámara de Diputados de la Nación, la cual presidió en su último período. Aníbal Fernández fue ministro nacional entre 2002 y 2011, candidato a gobernador y una de las principales figuras del kirchnerismo. Federico Scarabino fue ministro bonaerense durante las gestiones de Carlos Ruckauf y de Felipe Solá, y presidente del Senado tras la salida de Alberto Ballestrini, en 2010, luego de sufrir un ACV. Aunque con otro perfil y otra historia, a ellos se le suma el dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y exintendente Francisco “Barba” Gutiérrez, el único que logró una reelección y con quien más tuvo que lidiar Mendoza para abrirse paso en la política local.

 

Todos ellos, involucrándose personalmente o a través de sus agrupaciones y dirigentes, fueron factores clave en el rumbo político del distrito durante décadas, ciclo que, si bien venía en clara caída, llegó a su fin definitivo con la llegada de Mendoza a la intendencia.

 

La líder de La Cámpora desembarcó en la jefatura municipal derrotando en la interna partidaria a otras cuatro listas del peronismo, lo que le dio la legitimidad que no hubiera tenido si hubiera sido puesta “a dedo”. El triunfo fue contundente: con el 54% de los votos, derrotó en la interna a las listas encabezadas por Matías Festucca, apadrinado por Aníbal Fernández (15%); Francisco “Barba” Gutiérrez (11%); Roberto Gaudio (7%); Alejandro De Fazio (6%) y Luis Bratti (4%); para luego enfrentar a Molina, el jefe comunal macrista que buscaba la reelección.

 

Tras la elección, Mendoza sumó a su equipo al principal referente de Aníbal F., Festucca. Lo puso al frente de la sede local de ANSES; con el correr de los meses, la ya debilitada estructura “anibalista” terminó de perder peso. Aunque de los históricos referentes el único que aún mantiene una cuota de poder es el ex jefe de Gabinete, su fuerza en el distrito está claramente diezmada.

 

El otro rival de peso en la interna, el exintendente Gutiérrez, ya no tiene estructura y está alejado de la política local, abocado únicamente a su rol sindical. Sólo le queda el sello del PJ a un hombre de su entorno, aunque sin poder alguno y con la certeza de que cuando se renueven autoridades partidarias, en diciembre, el Partido será también de la jefa comunal. Camaño y su agrupación ya venían en decadencia hace algunos años. El último periodo donde el “camañismo” tuvo una cuota de poder fue durante la gestión de Daniel Scioli. Uno de sus principales referentes en la ciudad, el exsenador De Fazio, se transformó en aquellos años en una de las principales espadas para defender al exgobernador y su gestión. Hoy, la agrupación de Camaño no existe y quien fuera su principal referente es el actual secretario de Comunicación y Relaciones con la Comunidad en la gestión local.

 

En este proceso de renovación y sentencia a los barones peronistas que supieron gobernar también puso su granito de arena Molina. Desencantado con el cristinismo, Federico Scarabino apoyó a Cambiemos en la elección de 2015. Su principal referente en la ciudad, el ex senador provincial Eduardo Schiavo, obtuvo la banca en 2015 y colaboró en los primeros meses con la gestión de Molina. Sin embargo, con el tiempo esa alianza se rompió y el entonces jefe comunal cortó vínculo con el sector. Además, con la llegada de Cambiemos al poder nacional, provincial y municipal, estos grandes referentes que estaban bajo el paraguas K perdieron poder y sus agrupaciones comenzaron a desmembrarse en el territorio.

 

Durante las últimas décadas, la cantidad de dirigentes de peso y con poder que se disputaron el distrito dentro del peronismo no propició una jefatura clara. Pese a que tuvo en los más altos niveles de poder a muchos de sus dirigentes, eso no redundó en beneficios para Quilmes. El distrito vio cómo sus vecinos Berazategui y Avellaneda crecían mientras en la ciudad cervecera aumentaban exponencialmente las villas y asentamientos.

 

Con un año y medio de gestión atravesada por la pandemia, lo que obligó a volcar la mayor parte de los esfuerzos y recursos en salud y contención social, es una incógnita si Mendoza podrá revertir la historia. Por lo pronto, una nueva camada de dirigentes se afianzó en la ciudad dejando atrás, definitivamente, a los tradicionales caciques del sur.