25|6|2021

Los liderazgos políticos tienden a desgastarse cuando las crisis se alargan en el tiempo. La imagen deteriorada de Fernández y los desafío del Gobierno.

Como sucedió ya en otras partes del mundo, Argentina enfrenta una segunda ola de la pandemia mucho más agresiva que la que se había dado durante 2020. En este nuevo escenario, el gobierno nacional debe lidiar con una multiplicidad de complejos frentes: el sanitario, el socioeconómico, el político-partidario, el mediático y el natural cansancio social que ha producido la extraordinaria e inédita situación global. 

 

Buena parte de la agenda de la coalición gobernante quedó trunca durante 2020 cuando el Gobierno debió reconstruir un endeble sistema de salud público abandonado a la buena del mercado por la administración macrista. La aplicación de un esquema de corte neoliberal con la disminución del papel regulador del Estado, el predominio del capital financiero por sobre el productivo, el estímulo a la concentración de la economía, la reducción del poder adquisitivo de los salarios, con las consecuentes disparidades en la distribución de la riqueza, produjeron profundas desigualdades sociales y económicas que debieron ser atendidas con urgencia durante la emergencia.

 

Los liderazgos políticos tienden a desgastarse cuando las crisis se alargan en el tiempo. Pasado un año del decreto presidencial de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), que impuso restricciones para el cuidado de la salud, la imagen del presidente Alberto Fernández aparece inexorablemente deteriorada. No llama la atención que la opinión pública reclame y demande más a la gestión de gobierno. El aumento incesante de contagios y la preocupación por la situación epidemiológica, que nos hace ingresar en una nueva fase de expansión de la pandemia, impacta con rigor en las valoraciones que se hacen sobre la política sanitaria. Venimos advirtiendo, en este sentido, una conciencia social creciente que mantiene a la ciudadanía muy atenta, preocupada y expectante.

 

En los últimos tres meses, no obstante, el Gobierno ha logrado reunir confianza en las vacunas. Luego de una violenta e irresponsable campaña anticiencia y antivacuna, promovida por la oposición radicalizada y la prensa concentrada, haber logrado persuadir a la opinión pública sobre su importancia no es algo que deba soslayarse. Aún así, sobre el tema persiste una geografía de demandas a la que la gestión debe dar respuesta.

 

Las expectativas económicas y la política de precios y salarios siguen mostrando evaluaciones marcadamente negativas. Como corolario, otra vez aparece el sano plus de demanda al Estado y la política que no debe ser descuidado.

 

"En un año electoral, la apuesta tan marcada a la polarización por parte de la oposición produce importantes problemas para la democracia"

En un año electoral, la apuesta tan marcada a la polarización por parte de la oposición produce importantes problemas para la democracia. La vieja lógica de enfrentar a los ciudadanos conduce a la aparición de fenómenos nocivos. Los recientes ejemplos de “desobediencia civil”, que se han registrado contra las disposiciones definidas por el Presidente, muestran que los actos de ciertas minorías liberales se han vuelto antidemocráticos y han olvidado que la legitimidad de quien toma las decisiones proviene de las urnas.  

 

Junto a esta problemática subyace un pensamiento antipolítico con consecuencias también peligrosas para la vida democrática. Sin partidos políticos, las democracias representativas simplemente no pueden funcionar. La democracia constituye una forma de organización política cuyo propósito es, dice la filósofa española Adela Cortina, sentar las bases de justicia para que cada ciudadano pueda llevar adelante sus proyectos de vida. Mucho mal le hacen a la República quienes atizan discursos que promueven la anti-política. 

 

Durante los próximos meses, el Gobierno deberá enfrentar desafíos enormes. Cuenta para hacerlo con una base de apoyo, que si bien deteriorada, aún sigue confiando en su proyecto político. No es poco en momentos de tanta virulencia, incertidumbre y hartazgo pandémico. Al terreno con montañas boscosas, desfiladeros abruptos y accidentes difíciles de atravesar, Sun Tzu lo llamaba desfavorable y le recomendaba al estratega continuar marchando, siempre.