31|8|2021

La mano invisible del subcomandante Máximo en los pronósticos de Guzmán

17 de marzo de 2021

17 de marzo de 2021

El ministro derrocha optimismo y prevé ahora un crecimiento del 7% o más. El año electoral y los planteos del ala política K y no K. Un as bajo la manga.

La diferencia de visiones sobre el manejo de la economía en el Frente de Todos, que separa al ministro Martín Guzmán y su equipo de colaboradores inmediatos, por un lado, y al ala política del oficialismo –especialmente el cristinismo, pero no solamente– por el otro, ha derivado en un proceso de intenso diálogo interno. En ese marco, el primero intenta flexibilizar su mirada técnica para dar cabida a las necesidades electorales que plantea la segunda, mientras que esta trata de estirar los márgenes de la gestión sin desfigurar lo que el titular del Palacio de Hacienda ha definido como su plan económico: el Presupuesto 2021. La mano del empoderado titular del bloque de diputados nacionales, Máximo Kirchner, se hace notar en ese juego delicado.

 

Guzmán sorprendió el martes durante un encuentro virtual con fondos de inversión de varios países que encabezó el presidente Alberto Fernández. “La economía argentina es la economía que más rápido se está recuperando en todo el continente (…). Esperamos un crecimiento del producto bruto interno del siete por ciento en 2021. Eso lo establecemos como una base. Se está comenzando a ver una recuperación del empleo y un fortalecimiento de las cuentas públicas”, señaló.

 

Esa fue la primera vez en la que Guzmán admitió un apartamiento de las proyecciones del Presupuesto, aunque para bien. La “ley de leyes” establecía un crecimiento del 5,5% para este año, ampliamente rebasada ahora por el nuevo escenario base del Ministerio de Economía.

 

Hablar de un 7% no es poca cosa. Si bien se trata de un rebote desde el abismo de la parálisis que la pandemia le provocó a la actividad, un 10%, que se sumó a tres años recesivos de cuatro del gobierno de Mauricio Macri, el guarismo parece más apto para que la sensación de alivio permee más hondamente en la sociedad en el año electoral. En ese sentido, tal número excede el mero arrastre estadístico cercano al 5% y da cuenta de un crecimiento, si no espectacular, al menos tangible. “Cuando habla de un 7%, Martín se guarda algún punto más”, arriesgó una fuente oficial.

 

La nueva proyección permitiría abreviar de tres años a dos, si las cosas marcharan razonablemente, el período necesario para que la economía vuelva al punto anterior a la crisis. Tal cosa sería un activo para Fernández no ya para octubre de este año sino para el de 2023, al menos, desde ya, si la macro no se desboca antes y el crecimiento se instala de una vez por todas, algo que hoy no puede darse de ninguna manera por asegurado.

 

El recálculo de Guzmán tiene, por otra parte, una lectura relevante: él se ha alineado con el planteo que el sector político del Gobierno le ha hecho llegar por dos vías: la cristinista, en la persona de Máximo Kirchner, y la moderada, a través del titular de la Cámara Baja, Sergio Massa. Los indicios de sintonía entre esos dos hombres ya son más que contundentes.

 

Los tres estuvieron reunidos hace un mes, y el subcomandante Máximo refrescó los conceptos cuando el Gobierno decidió que no valía la pena apurar la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). “Martín es duro. Es más fiscalista que lo que muchos piensan desde afuera”, le dijo a Letra P una fuente conocedora de esos enjuagues.

 

La pregunta clave es si el recálculo del crecimiento es realista. Según surge del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que elabora el Banco Central, los analistas privados también apuestan a una mejora de sus pronósticos iniciales. Según ese informe, el producto bruto interno (PBI) se recuperará 6,2%, 0,7 punto porcentual por encima del REM anterior, correspondiente a enero. En tanto, los diez mejores pronosticadores de esa variable apuestan a algo más: un 6,4%, medio punto por encima de su cálculo previo.

 

En diálogo con Letra P, el economista del Instituto de Capacitación Bursátil (ICB) Leandro Ziccarelli señaló que “sin tutela pública, un crecimiento del 7% parece mucho, pero con ella, se puede lograr. Para obtener un mayor nivel de crecimiento, la presencia del Estado como motor de la actividad tiene que ser más grande”.

 

La receta de esa intervención es conocida: mucha cautela con las actualizaciones tarifarias –sopa en plena ebullición en estas horas dentro del Frente de Todos–, aumentos de salarios más significativos que los inicialmente previstos en el Estado, crédito y aceleración de la obra pública.

 

“No me consta que el Gobierno vaya a hacer todo eso, pero sí es claro que ese tipo de medidas serían las necesarias si pretende alcanzar un crecimiento del 7% en el año”, dijo Ziccarelli.

 

Para el economista del ICB, “la gran ventaja” para aplicar una política proactiva “es la inercia fiscal muy baja que dejó el cierre de 2020”, cuando Guzmán decidió pisar el gasto público y desmontar buena parte del andamiaje de auxilio a las familias y a las empresas dispuesto en el peor momento de la pandemia. “Esas decisiones hoy dan margen para gastar un poco más y no dejar de cumplir con los números grandes del Presupuesto”, en particular un déficit fiscal primario –antes del pago de deudas– no mayor al 4,5%.

 

Al darle cabida a los planteos del ala política del Gobierno y al aceptar la decisión electoralista de cebar la economía con un gasto mayor al inicialmente previsto, Guzmán se guarda una carta fuerte bajo la manga: los mayores recursos que el Tesoro captará por vía de ajustes tributarios y de retenciones más fuertes debido al elevado precio internacional de la soja, se sumarán los generados por un mayor nivel de actividad. “El déficit del 4,5% también es un escenario base y, según cómo vayan las cosas, Martín no descarta poder achicarlo en algún punto este mismo año”, explicó la fuente.

 

¿Y la inflación? La evolución en el primer trimestre parece incompatible con la meta oficial del 29 al 33%, pero el ministro sigue convencido de que un moderado atraso de la cotización del dólar oficial frente a la inflación –que será creciente conforme avance el calendario–, la prudencia que hoy negocia en materia de ajuste tarifario y el alineamiento de expectativas de los agentes privados le permitirá, al menos, arrimar el bochín.

 

Al hombre le sobra optimismo en estos días. El tiempo dirá si tenía más razones que deseos.