11|4|2021

Vuelve un clásico electoral: pisar el dólar

17 de febrero de 2021

17 de febrero de 2021

¿También regresa la incertidumbre cambiaria? Todo sea por hacer encajar la inflación en el presupuesto. El mercado advierte. El frente fiscal. Números, números…

El intento oficial de prolongar este año la reducción de la inflación que comenzó en el 2020 de pandemia y paralización de la actividad, de por sí difícil, tendrá un componente que resulta novedoso en un sentido, pero no en otro. En efecto, el ministro de Economía, Martín Guzmán, anunció que el tipo de cambio oficial se atrasará en los próximos meses con respecto a los precios, poniendo fin a una sostenida prédica en contrario, pero no hace más que repetir un libreto habitual en los años electorales. ¿Se trata de una estrategia viable o riesgosa?

 

Días atrás, durante una exposición en Tucumán, el funcionario dijo: “Tenemos un objetivo de tipo de cambio para fin de año con un promedio de $102,40 en diciembre. Eso implica una pauta de depreciación del tipo de cambio nominal, a lo largo de todo el año, de alrededor del 25%. En el contexto en el que estábamos viviendo, donde había una concentración de la inflación en el último trimestre de 2020 y en los primeros meses de 2021, decidimos que la tasa de velocidad de la depreciación fuese más alta al principio del año, por eso en enero fue de 3,7% mensual”.

 

Sin embargo, añadió, “sería un error extrapolar eso para todo el año. Incluso en febrero va a ser más baja. La depreciación anual del 25% es consistente con el objetivo de reducción de inflación de alrededor de 5 puntos porcentuales” en 2021.

 

Fuente: Rava Bursátil.

Una fuente del Banco Central ratificó en diálogo con Letra P la vigencia de ese lineamiento decidido por el Gobierno. A pesar del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de enero, un elevado 4%, “sigue la política de bajar el ritmo de devaluación, incluso por debajo de la inflación registrada. Eso forma parte de la estrategia del equipo económico de alinear expectativas para cumplir con la meta de inflación del Presupuesto, que es del 29%”.

 

En realidad, la “ley de leyes” prevé para el año ese objetivo inflacionario, pero también una posible dispersión de cuatro puntos porcentuales, lo que lo lleva al 33%. Aun así, cumplir con el mandato número uno del año electoral, esto es evitar que los precios suban más allá de esa cifra, será de difícil cumplimiento.

 

Eso es así dado que la inflación de 2020, un 36,1%, correspondió a un año de actividad severamente acotada por las medidas de prevención impuestas por la pandemia y por una megarrecesión del orden del 10%, que destrozó el consumo. Si al punto de arranque, el 53,8% de 2019, se suma la emisión monetaria que hubo que para financiar gastos de emergencia –asistencia social, a los trabajadores y a las empresas–, no sobran los motivos para que la reducción del índice resulte sencilla este año.

 

Es por esa razón que los analistas privados que consulta el Banco Central para la elaboración del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) proyectan un IPC anual del 50%, que se reduce al 44,9% cuando solo se toman los pronósticos de los que se han mostrado recientemente más precisos con ese indicador.

 

Federico Furiase, director de la consultora Eco Go y profesor en la Maestría de Finanzas en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), le dijo a Letra P que alcanzar una inflación anual del 35 al 40% “será difícil para el Gobierno, incluso aunque baje el crawling peg”, esto es el régimen de minidevaluaciones periódicas. “Esto es así porque hay una inercia y efectos de segunda ronda que están lanzados y que mantendrán alta la inflación durante el primer trimestre”, indicó.

 

En efecto, para Eco Go, la inflación del período enero-marzo oscilaría en torno al 11%. Así, bajar el ritmo de devaluación del peso implicaría acudir a un ancla para los precios, algo tradicional en los años electorales.

 

Dicha herramienta tiende a reducir los precios de los productos de consumo y los insumos importados que se usan en la industria, mejorando el poder de compra de la población y el humor del electorado. Sin embargo, el riesgo es la acumulación de un atraso cambiario que en mediano plazo desestimule las exportaciones y haga lo opuesto con las importaciones, complicando el saldo de divisas del país en un contexto de escasez aguda de reservas en el Banco Central. El Gobierno entiende eso, pero ha visto una hendija por la cual colar la vieja estrategia del atraso cambiario, que no es otra que el elevado precio internacional de la soja, que debería disimular en el corto plazo cualquier deterioro ante su decisión, ya comprobada, de no avalar una mayor devaluación del tipo de cambio oficial, cepo mediante. La Mesa de Enlace se quedó tranquila cuando comprobó que la amenaza de la suba de retenciones no se concretaría, pero, si no es por esa vía, igual perderá rentabilidad a través del tipo de cambio.

 

Puede haber, con todo, un cabo suelto en la estrategia, esto es un posible exceso de pesos en el mercado que, como también es habitual, se termine volcando al dólar, recalentando los precios por el lado de las expectativas y ampliando una brecha con los tipos de cambio paralelos que reedite las expectativas de devaluación brusca, justo lo último que necesitan las autoridades.

 

De acuerdo con Furiase, “tiene lógica desacelerar el ritmo del crawling peg cuando se negocian paritarias con una referencia de aumentos del 30% y cuando la política no quiere pagar el costo de subir la tasa de interés. Sin embargo, para que no pique la brecha, con eso no alcanzaría y sería clave acompañar la baja en el crawling con un ajuste fiscal que reduzca el déficit y la emisión monetaria del año” destinada a financiarlo.

 

“El déficit primario –antes del pago de deuda– no puede terminar por encima del 3,8% del PBI si se pretende bajar la inflación al 35 o al 40%”, agregó. Cabe recordar que el Presupuesto establece un rojo fiscal del 4,5% y que el Gobierno parece haber abandonado la expectativa de reducirlo más en medio de las presiones de gasto de la coyuntura política.

 

Así las cosas, ¿esa receta es compatible con las necesidades electorales de Alberto Fernández?

 

Eso ya es terreno de la política y parte del camino angosto que Guzmán tiene por delante.