26|2|2021

Bonelli, el sobrino con coronita que mancha al peronismo nicoleño

20 de febrero de 2021

20 de febrero de 2021

El pariente/jefe de gabinete del exministro Ginés González García es uno de los inoculados. De esperanza a chaleco de plomo para la oposición en San Nicolás.

Aunque aún es prematuro evaluar en toda su dimensión los daños colaterales que provocarán, las esquirlas del Huracán Ginés ya impactan fuera de la cartera que quedó a cargo de Carla Vizzotti tras el escándalo del vacunatorio vip. El peronismo de San Nicolás es ejemplo de ello, que en medio de un trabajoso proceso de reorganización para darle batalla al eterno passaglismo carga ahora con el lastre en que se convirtió uno de sus (¿ex?) referentes, Lisandro Bonelli, el sobrino y jefe de gabinete del ministro echado que figura en la lista de vacunados.

 

Su nombre resalta en la tira vip en la que también se inscriben legisladores, sindicalistas, el empresario Florencio Aldrey Iglesias (dueño del diario La Capital de Mar del Plata y de varios hoteles) y el periodista Horacio Verbitsky, quien reveló lo sucedido y tras lo cual se desató el vendaval político que se llevó puesto a Ginés González García.

 

Bonelli, de 44 años de edad y fuera de cualquier grupo de riesgo, fue vacunado con la primera tanda de Sputnik V llegada al país. No bien se conoció la noticia, vía terceros se explicó que su inoculación se debió a que compartía trato cotidiano con su tío, de 75 años de edad. Pese a su hiperactividad cotidiana en su cuenta de Twitter, evitó toda alusión al suceso y desde que estalló el escándalo hasta la publicación de esta nota solo replicó la carta de renuncia en la que su tío hizo su descargo deslindando responsabilidades en su secretaria.

 

Autodefinido racinguista y peronista, Bonelli accedió a una banca de la Cámara de Diputados bonaerense en 2013 por la Segunda sección electoral y renovó en 2017 bajo el sello 1País (Frente Renovador), pero con la vuelta del peronismo al poder en 2019 abandonó la representación de San Nicolás en la Legislatura y engrosó las filas de la tropa herida por Axel Kicillof que levantó la ambulancia nacional.

 

Hombre del massismo que alcanzó el 11,5% de los votos en esa sección del norte bonaerense, Bonelli formaba parte de la larga lista de dirigentes del peronismo que buscan un punto de encuentro para organizarse detrás de un candidato. El objetivo es único: recuperar el poder en el distrito que gobierna la familia Passaglia, embanderada en el PJ o en Juntos por el Cambio según soplen los vientos.

 

El vacunagate es música para los oídos del oficialismo nicoleño, que ve cómo el sobrino con coronita caído en desgracia vuelve cuesta arriba los esfuerzos de sus compañeros.

 

El peronismo nicoleño está disgregado y sobre esa atomización cosecha sus frutos Passaglia. Sin embargo, figuras diversas de ese peronismo referenciado con el bancalarismo comienzan a emerger y parecen desembocar en un mismo lugar. De diversa trayectoria política y/o sindical, iniciaron el camino de volver a aglutinar a sus pares de cara a las próximas contiendas electorales.

 

Intentan que el peronismo recobre el protagonismo “en defensa de una sociedad que está siendo maltratada por los Passaglia”, según esgrimen. En ese armado, una de las figuras que sobresale es la de Gustavo Díaz Bancalari, quien ya hizo una buena elección en 2011 venciendo ampliamente en las PASO al propio Bonelli y representando al Frente para la Victoria para enfrentar al passaglismo.

 

Conocedores de la interna del peronismo en la Segunda sección afirman que “es el momento más fuerte de La Cámpora”, y citan el caso de Cecilia Comerio, flamante titular del Consorcio del Puerto San Nicolás. Bien aprovechado, ese lugar podría servirle de trampolín en el pago chico, aunque la atomización y diversidad dirigencial siguen siendo el principal problema interno, algo que se traduce en el Concejo Deliberante, donde el peronismo está repartido en tres bloques.

 

Lo sucedido en octubre de 2019 evidenció esa dispersión: aun con el recuerdo fresco del salto de Passaglia al cambiemismo y a pesar del triunfo del Frente de Todos en el orden provincial y el nacional, la elección fue testigo de un histórico corte de boletas que permitió que el distrito continuara pintado de amarillo.

 

Pese a que contaba con dos mandatos como senadora, Comerio no logró el reconocimiento de los nicoleños. Confiado en el arrastre de la sábana nacional y el empuje en que terminó convirtiéndose Kicillof, se desactivaron todos los espacios del disgregado peronismo -la Junta Electoral del PJ bonaerense, en un acto de preferencia por Comerio, bajó las tres listas que quisieron competir con ella en las PASO.

 

Seguidores del peronismo nicoleño coiciden en señalar que referentes políticos y sindicales de peso fueron soslayados y el resultado fue un armado endeble. Cuando se consulta sobre esos desplazados, los nombres se repiten: Andrés Quinteros (exdiputado provincial y colaborador histórico de Di Rocco), Marcelo Carignani (con dos mandatos como intendente, exsenador provincial y referente del bancalarismo) y un lote de importantes dirigentes gremiales nucleados en la CGT local. Un punto aparte merece Naldo Brunelli, reconocido dirigente gremial metalúrgico tanto a nivel local como nacional de UOM, a quien desairaron en sus aspiraciones políticas seccionales como legislador.

 

Los beneficios parentales recibidos por Bonelli no se acotan a la vacuna, quedaron al descubierto mucho antes y desnudaron tensiones y disputas por el control del Ministerio. Por caso, en mayo pasado, tras una internación del ministro González García por un problema de salud, fue su sobrino quien quedó virtualmente a cargo de la cartera, relegando a la por entonces viceministra Vizzotti, experta en vacunación y con muchos más pergaminos para el puesto.