25|7|2022

Chile define: el juego de los votos prestados sin cheque en blanco para nadie

15 de diciembre de 2021

15 de diciembre de 2021

Boric y Kast llegan al ballotage de este domingo en busca del 46% que no los eligió. El próximo presidente, bajo el control de una sociedad más politizada.

Este domingo, cuando más de 15 millones de personas estén habilitadas para votar en la segunda vuelta presidencial, Chile cerrará el recorrido electoral que inició en octubre de 2020 con el plebiscito constituyente y que concluirá con la definición presidencial más incierta e importante desde la recuperación de la democracia, en 1990. La disputa entre el candidato progresista de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric, y el ultraconservador del Frente Social Cristiano, José Antonio Kast, anticipa definirse de forma cerrada.

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En base a los números de la primera vuelta, quien llega con ventaja es el reivindicador de la dictadura de Augusto Pinochet, Kast, que alcanzó el 27,9% de los votos, contra el 25,8% del exlíder estudiantil. De todas maneras, las particularidades de la jornada y las encuestas que le son favorables a la izquierda no le permiten dormirse en los laureles. El escenario está abierto por dos principales factores. El primero, el hecho de que las dos candidaturas juntas apenas superaron el 50% de los votos, es decir, no representaron el deseo de una contundente porción de la población; el segundo, la participación, como indica la tradición democrática nacional, apenas llegó al 47,3%. La poca fidelidad generada y el nivel de abstencionismo no permiten presagiar escenarios concretos.

 

El domingo tendrá otra particularidad: una polarización que en los hechos no se evidencia como tal. Gran parte de la campaña de Kast se basó en presentar al ballotage como una lucha contra un (imaginario) castrochavismo salvaje hambriento de los ahorros y la propiedad privada. Dos puntos contradicen esta característica. Por un lado, noviembre. Aquella noche, el 46% votó por otra de las cinco candidaturas que compitieron, lo que generó que el voto no se haya centrado en dos posiciones y que se haya diversificado y atomizado. Por el otro, Boric no representa lo que se le imputa porque su programa es progresista, pero no extremista. En estos meses se diferenció del gobierno venezolano de Nicolás Maduro y de la Revolución Cubana, lo que le valió, incluso, críticas por ser “blando”. Para que exista una polarización debe haber dos polos y Boric, aunque lo intenten presentar como tal, no es uno de ellos.

 

Con este panorama, la búsqueda de nuevos votos se volvió fundamental y se centró, especialmente, en tres grupos sociales. El primero, el electorado de la sorpresa de noviembre que alcanzó el tercer puesto: Franco Parisi, un ingeniero “anticasta” que llegó al 12,8% contra todos los pronósticos. Los dos desean sus votos, pero ninguno tiene muy claro cómo conseguirlos porque tampoco está muy definido quién es su votante. Según distintos estudios, en su mayoría son hombres adultos del Norte cansados de la política tradicional y atravesados por los desafíos que representa la migración, especialmente la venezolana. Al tener en cuenta que su eje trascendental es la búsqueda de algo “nuevo”, tanto Boric como Kast son opciones posibles porque los dos representan una renovación. En diálogo con Letra P, la doctora en Ciencias Políticas de la Universidad de Wisconsin de Estados Unidos y especialista en América Latina Marcela Ríos aseguró que “es difícil de prever” qué ocurrirá con su electorado, pero adelantó que “lo más probable es que no vote en bloque” y que se reparta o decida no participar.

 

El segundo electorado buscado son las mujeres, que componen un movimiento que creció durante los últimos años y alcanzó importantes conquistas, como la legalización del aborto en tres causales. En este punto, Kast llega con más flaquezas, especialmente luego de que un diputado electo por su partido, Johannes Kaiser, se preguntara “si las mujeres deben votar”. A raíz de esto, modificó su programa de gobierno y abandonó su propuesta de eliminar el Ministerio de la Mujer. Además, sumó a su campaña a la excandidata a presidenta pinochetista y actual alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, y a la ex subsecretaria de Salud durante la pandemia, Paula Daza. Por su parte, Boric, que sumó el apoyo de la expresidenta Michelle Bachelet, ostenta una ventaja gracias a su discurso progresista y de mayor afinidad con la juventud, que, según distintos estudios, representó una importante cuota de sus votos en noviembre y que espera repetir este domingo.

 

El tercero es ese 47% que en la primera vuelta no votó. A pesar de que Chile vive momentos definitorios para su historia, la tendencia que muestra que cerca de la mitad del padrón no participa de los comicios se mantiene. Este será un desafío para la izquierda, el sector que se beneficiaría de un mayor caudal ya que los grupos más fieles a participar son los más acomodados, que se inclinan hacia posiciones conservadoras. Fue por esto que Boric apeló más al territorio con un despliegue más importante, especialmente en el Norte y en las regiones circundantes a la Región Metropolitana. En este punto vuelve a aparecer el factor Parisi: ¿Sus votantes participarán o su sentimiento “anticasta” los mantendrá en casa? Son la clase de preguntas que no permiten delinear el resultado del domingo. “Es muy probable que aumente la participación”, afirmó Ríos en diálogo con este medio y agregó: “Cuánto se logre movilizar a sectores menos politizados será clave para el resultado”.

 

La definición presidencial le pondrá punto final a una seguidilla de elecciones que, junto a los fogonazos todavía humeantes del estallido de 2019, marcarán un antes y un después en la historia chilena. Gane quien gane será histórico: si lo hace Kast, llegará al poder el presidente más de derecha desde la dictadura; si lo hace Boric, será el más progresista. Ninguno recibirá un cheque en blanco, los dos estarán coaccionados por una sociedad cada vez más movilizada, por un Congreso atomizado y, además, ninguno tiene la certeza de llegar al Palacio de la Moneda y esperarán, como lo hará el país, a los números de la noche.