16|11|2022

Argentina y el caso Nicaragua: tercera posición hasta que duela

09 de noviembre de 2021

09 de noviembre de 2021

Repercusiones de la polémica victoria sandinista. Comunicado argentino lavado y sin definiciones para evitar la controversia. La OEA, nueva disputa a la vista. 

Finalmente fue por Twitter que el gobierno argentino se expresó sobre los cuestionados comicios nacionales de Nicaragua, donde el matrimonio gobernante de Daniel Ortega y Rosario Murillo ganó con el 75,9% de los votos. Con un mensaje donde no los rechazó ni los aceptó y en el cual apeló al principio de “no injerencia en cuestiones internas en otras naciones”, buscó escapar por la tangente y resistir las críticas en una posición que se enmarca en los pilares de su política exterior y sobrevuela su heterogénea composición interna y la polarización regional.

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“No reconocemos o reconocemos oficialmente los resultados porque no somos Estados Unidos y no vamos señalando con el dedo qué país es democrático y cuál no”, le dijo una fuente de la Cancillería a Letra P. “Argentina nunca actúo así y no vamos a empezar a hacerlo ahora”, agregó fuera de los micrófonos para explicar una declaración que llegó casi a la medianoche del lunes con bastante retraso en relación a las primeras posturas del mundo, como el reconocimiento y apoyo de Venezuela o el fuerte rechazo de los Estados Unidos, la Unión Europea e, incluso, el considerado izquierdista gobierno de Perú del presidente Pedro Castillo. Según pudo saber este medio, la decisión final generó discusiones al interior de la coalición, de las que participó el propio presidente Alberto Fernández.

 

No es para menos. La política exterior con relación a los gobiernos percibidos como “progresistas” de la región, como Nicaragua, Cuba y Venezuela, le generan picazón al Frente de Todos a raíz de su amplitud y heterogeneidad interna. El ejemplo fue que el secretario general de la organización kirchnerista Populismo K, Hipólito Irigoyen, actúo como veedor internacional de las elecciones mientras que el presidente de la Cámara de diputados, Sergio Massa, es un reconocido opositor a este tipo de gobiernos. También hay antecedentes, como la renuncia de la embajadora en Rusia, Alicia Castro, a raíz de su oposición al apoyo argentino de un informe de la ONU donde se acusaba al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de violar los derechos humanos. Con el deseo de evitar nuevas disputas, apostó por una tercera posición que no termina de aclarar su decisión final. ¿Argentina reconoce o no reconoce el resultado? Ni la una ni la otra. ¿Entonces? Tangente y a seguir caminando.

 

Como relató Letra P en la previa de las elecciones, existió cierta expectativa alrededor de los comicios que fueron vistos como una posible salida institucional a la crisis iniciada en 2018, cuando masivas protestas -fuertemente reprimidas- irrumpieron en el escenario nicaragüenses contra una serie de reformas impulsadas por el gobierno. Finalmente quedaron en un anhelo porque el país acudió a las urnas con casi 40 figuras opositoras encarceladas, siete de las cuales buscaban disputar la presidencia. Además, diferentes organizaciones denunciaron que el sábado por la noche fueron detenidas otras 20 personas que se oponen al gobierno. “Todo el escenario se complicó más de lo previsto”, sostuvo una fuente diplomática que reconoció que hubo una “tenue expectativa”, pero que la jornada del domingo “fue bastante complicada”.  

 

“Ortega no debe estar contento con nuestro comunicado, pero la situación empeoró. Se lleva la no injerencia en asuntos internos y nada más”, sostuvieron en el Palacio San Martín al mismo tiempo que destacaron que el comunicado nacional “reafirma las preocupaciones por los derechos humanos” y vuelve a avalar el trabajo de la alta comisionada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Michelle Bachelet. De esta manera, la Argentina vuelve a encolumnarse detrás del trabajo de la expresidenta de Chile, que en asuntos internacionales se convirtió en palabra santa para el gobierno peronista.

 

La posición argentina volvió a demostrar la fragilidad del tan anhelado y pocas veces explotado eje con México. En materia regional, el gobierno de Alberto Fernández ha trabajado junto a su par azteca, Andrés Manuel López Obrador, pero a niveles que no llegan a los prometidos. En junio emitieron un comunicado conjunto donde manifestaron su “preocupación” por la “detención de figuras de la oposición” y, además, convocaron a sus respectivos embajadores al mismo tiempo como método de presión contra Ortega. Esta vez no hubo trabajo mancomunado. Según pudo saber Letra P, existieron a lo largo de este lunes comunicaciones bilaterales para llegar a una posición común, pero finalmente México decidió no expedirse al respecto -algo que sostenía hasta el cierre de esta nota-. De esta manera, nuevamente el puente que busca atravesar el continente de Norte a Sur encuentra baches importantes a mitad de camino.  

 

Los ojos del continente ahora apuntan a la 51° Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), que se realizará entre el miércoles y el viernes y en la cual se espera que Buenos Aires quede en minoría y envuelto en discursos efervescentes y encendidos en contra del sandinismo. La cita, que será virtual y en la que se espera que participe el representante argentino ante ese organismo, Carlos Raimunidi, servirá como una nueva prueba para el eje con México y como un nuevo examen para la región sobre una crisis a la que no le encuentra mayores propuestas que la injerencia extranjera. En este sentido, no se descarta que Washington invoque la carta democrática, un mecanismo por el cual Nicaragua podría llegar a quedar suspendida del organismo. Ante este escenario, en el Palacio San Martín adelantan que la Argentina votaría en contra porque, “para que el pueblo nicaragüense no la pase peor, se necesita una actitud proactiva”. “Argentina quiere colaborar. Si se tiran piedras, empeora todo”, explicaron.  

 

Con la intención de hacer poco ruido y sin levantar mucho polvo, el Frente de Todos busca escapar de la polémica interna y externa. Hasta el momento le ha dado mejores resultados que en otras oportunidades, pero la crisis sigue y nuevas jornadas polémicas se avecinan.