14|11|2021

Mirabella en campaña: el auto oficina, ajedrez y Nordelta

25 de octubre de 2021

25 de octubre de 2021

Letra P acompañó al candidato a una recorrida por el Gran Santa Fe. Operativo y subsidio. Un ministro sin cartera.

“El auto es mi oficina”, avisa Roberto Mirabella, sentado en el asiento delantero derecho de un Chevrolet Cruze que lo transporta por toda la provincia. Allí se reencuentra con su celular “estallado”, repasa mensajes, devuelve los más importantes, escucha en altavoz los que el periodista de Letra P puede escuchar y resuelve “problemas”. Apenas su chofer arranca el vehículo, marca el número de un ministro y le pide que revise una situación que afecta al programa Billetera Santa Fe. El funcionario atiende raudo, porque a Mirabella – la mano derecha del gobernador Omar Perotti – se le responde rápido. A quién no lo haga, como Hugo, se le manda un mensaje de WhatsApp, “Hugo, te estoy llamando”, y no más de cinco minutos después Hugo llama.

 

Letra P acompañó durante toda una jornada al senador nacional, que – en su rol de candidato a diputado – apuesta a mudarse de Cámara en el Congreso. Mirabella terminó el jueves degustando las bogas al roquefort que le preparó la presidenta comunal de Santa Rosa de Calchines, a 40 kilómetros de la ciudad capital. El viernes empezó en Santo Tomé, en el barrial club Atenas de Santo Tomé, donde Nación y Provincia organizaron en conjunto un operativo multiagencial.

 

Pasa y saluda el senador. Antes de recorrer el club, tiene la costumbre, en toda recorrida, de dialogar a solas con los y las candidatas locales. Ahí se pone en tema de las demandas y el andar de la campaña. El “¿cómo venimos?”, se impone y repite.

 

Descomprime con un “duermo poco” con los movileros de radios que lo esperan ansiosos. Todavía dudoso, pregunta si se deja el barbijo puesto ante una salida audiovisual en vivo. Levanta el rictus con un “estamos dejando todo en la cancha” y chicanea picante con un “que alguien que vive en Nordelta no nos diga lo que tenemos que hacer”, en referencia a la rival de Juntos por el Cambio, Carolina Losada.

 

Dentro del salón Francisco “Cadete” Guerrero lo esperan 14 puestos de los Estados nacional y provincial. Pami, Ansés, Boleto Educativo Gratuito y más. A todos les dedica, mínimo, unos cinco minutos. Pregunta, conoce, se interioriza y se lleva consultas. “Es el estilo Perotti”, dirá después en su oficina. “Me lo enseñó él”.

 

Su equipo de campaña enloquece y le pide que se apure. Él escucha, pero sigue en la suya y pierde la cabeza cuando lo invitan a una partida en el taller de ajedrez. Desata todo el expertise que acuñó en la primaria y demuestra su híper competitividad ante un profesor, su contendiente.  Se queda unos 20 minutos y se toma todo el tiempo necesario para realizar cada movimiento. “Esto es mucho tiempo y espacio, como la política y el fútbol”, dice. El senador departamental Marcos Castelló, a su lado, se aburre rápido y se levanta.

 

No hay tiempos muertos en campaña. A una actividad que se cae, su secretaria se la reemplaza en un periquete. De Santo Tomé a Rincón, a entregar un subsidio de 1,8 millones de pesos para la compra de una auto bomba. Mirabella es un funcionario sin cartera, y no por la campaña. Siempre lo fue. Como a todos lados, lo acompaña su equipo. Su secretaria, su alfil de prensa, un creador audiovisual y un encargado de redes.

 

 

Históricamente a la sombra de Perotti, el senador tomó otro rol, otro juego. Pasó de ser jefe de campaña permanente del gobernador a candidato. En esa transición está. En aquella vivía estresado, encargado de enhebrar hilo y aguja en toda la provincia. Ahora – dice – lo vive de otra manera, más relajado.

 

Arriba del auto oficina otra vez, chequea todo. Desde una gacetilla hasta el spot que le envía un presidente comunal. Aprovecha y hace gala de un jingle que le hicieron. Usa un celular doble pantalla que, asegura, le permite leer con mayor facilidad. Ahora arranca hacia Santa Fe, para reunirse con diversas entidades. Para el cierre del viernes vuelve a su Rafaela natal para un acto más político. Junto al gobernador, pero esta vez no para cuidarle las espaldas.