14|11|2021

El frente de la urgencia y el desorden

23 de octubre de 2021

23 de octubre de 2021

El peronismo 2021 escribe el manual de Desconducción Política. Plazas del Ni, histeria con ceos y economía multicomando. Hiperactividad para la victoria.

A tres semanas de las elecciones generales que van a definir parte de su futuro, el Frente de Todos parece todavía aturdido después del mazazo que recibió en las primarias del 12 de septiembre. En busca de recortar la diferencia que obtuvo la oposición en todo el país, el Gobierno intenta reaccionar y se muestra por momentos hiperactivo, pero manda el desorden. La campaña del Sí que formateó el catalán Antoni Gutiérrez Rubi puede servir a la propaganda electoral y los discursos de los candidatos, pero no puede disimular las diferencias y las contradicciones que saltan a la vista en el oficialismo. En la semana que arrancó con las marchas por el 17 de octubre, ese déficit quedó evidenciado como pocas veces. 

 

El ida y vuelta interminable por el día de la movilización mostró dos caras distintas del Frente de Todos que conviven en tensión. La concentración del cristinismo, el domingo pasado, y la del sindicalismo, el lunes 18, expresaron bastante más que una discusión por la fecha de la marcha: además hay liderazgos, prioridades y lógicas enfrentadas. El presidente Alberto Fernández, que había pedido suspender el acto del domingo, estuvo a punto de participar de un encuentro en el que fue uno de los blancos principales de las críticas de los organizadores. De todas maneras y en busca de evitar que las diferencias llegaran a mayores, la corriente identificada con Cristina Fernández de Kirchner envió una delegación encabezada por Andrés Larroque a la marcha del sindicalismo y el grupo de Héctor Daer decidió que no hubiera oradores. 

 

En la Plaza de Mayo, el domingo, apareció una diferencia central que todavía sigue pendiente de una resolución. Marginales dentro del esquema de toma de decisiones del Gobierno, los sectores convocados por la dirigente de Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini apuntaron, sin embargo, a una cuestión vital que la cúpula del FdT aún no logra saldar puertas adentro. Pidieron dejar de pagar la deuda que Mauricio Macri contrajo con el FMI y cuestionaron al Presidente por su trato privilegiado con los factores de poder. El debate habita en lo más alto: mientras Fernández y su ministro de Economía negocian en línea con Washington para obtener clemencia del organismo y patear los vencimientos de la deuda monumental de cortísimo plazo que dejó Cambiemos, la vicepresidenta y su hijo Máximo continúan reclamando un programa que le permita a la Argentina cumplir con esos compromisos en un plazo a 20 años, una posibilidad que no existe entre los programas que ofrece el Fondo. El tiempo pasa, los vencimientos de intereses de la deuda corren, el Gobierno paga -el 22 de diciembre tiene que cubrir otros US$ 1.900 millones-, el acuerdo no llega y la tormenta aparece en forma recurrente. Si es parte de una estrategia acordada entre duros y blandos, no parece.

 

Del pacto a la denuncia

A la escena de dos plazas se le sumó la batalla del Gobierno contra las empresas alimenticias y el congelamiento de precios que ordenó el nuevo secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti. La asunción del reemplazante de Paula Español buscó frenar la inflación en los alimentos, que viene impactando desde hace meses en los bolsillos de los sectores que sufren el derrumbe del poder adquisitivo. El anuncio de 1.432 precios congelados sirvió, además, para reanimar a la tropa propia y recuperar la épica perdida en el sendero de la austeridad y la reducción del déficit fiscal que trazó Martín Guzmán. Identificado con la vicepresidenta, Feletti estaba hasta hace poco alejado de los primeros planos como secretario administrativo del Senado bonaerense y se convirtió en apenas unos días en un funcionario de los más poderosos del Gobierno. Eso no impidió que el Presidente saliera a desmentirlo, cuando descartó la posibilidad de aplicar la ley de abastecimiento que había mencionado Feletti.

 

Como contó Letra P, la llegada de Feletti iluminó la falta de coordinación entre las distintas áreas del Gobierno: cada despacho es una isla con puentes precarios o nulos con el resto de los archipiélagos; tanto que, nostálgicos de un orden precario, algunos ya extrañan las reuniones de gabinete económico que organizaba Santiago Cafiero cuando era jefe de Gabinete. 

 

Dominado por la urgencia y ante la necesidad de mitigar el impacto de los precios sobre salarios y jubilaciones, el gobierno reaccionó finalmente y dispuso un operativo de reducción de daños que se inscribe en la recta final de la campaña y tiene fecha de vencimiento. El tema fue tomado como prioridad en la reunión que el Presidente encabezó este viernes en Olivos escoltado por Juan Manzur, Sergio Massa y Máximo Kirchner. Habrá que ver si se verifica en la góndola y se traduce después en beneficio electoral para el oficialismo.

 

En lo político, la resistencia de la COPAL, la coordinadora que preside el también titular de la UIA Daniel Funes de Rioja y nuclea a unas 30 cámaras alimenticias, volvió a enfrentar al kirchnerismo con sectores concentrados de la economía. Lo curioso es que sucede apenas una semana después de la convocatoria del Presidente a un grupo de dueños de empresas con el anhelo de sellar un pacto con el establishment para la etapa que viene. A esa reunión, de la que participaron Marcelo Mindlin, Francisco De Narváez, Marcos Bulgheroni y Jorge Brito hijo, estaba invitado Luis Pagani, el ceo de la multinacional Arcor. Apenas unos días después de que la vicepresidenta recordara en la ex-Esma el encuentro amable que mantuvo con Pagani en 2018, el Gobierno lo ubica entre los principales culpables de la inflación junto a la firma Molinos, de la familia Perez Companc, y Ledesma, de los Blaquier. No es solo una contradicción producto de las idas y vueltas en el arco oficialista: es el choque entre la puerta salida para el mediano plazo que busca el Gobierno y la urgencia que lo domina y no puede esperar. Lo mismo que con la negociación con el Fondo, la presión sobre el dólar y el aumento de la brecha cambiaria, los Fernández transitan un campo minado y todo se juega día a día. 

 

Intervenir o no intervenir

El último episodio de la semana que encontró al Gobierno con versiones enfrentadas fue el de la respuesta oficial ante el pedido de la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras, para que la Casa Rosada enviara fuerzas federales para actuar en las zonas donde aumenta la intensidad de los conflictos con las comunidades mapuches. El ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, fue el encargado de advertirle a la gobernadora que estaba equivocada y que no era obligación del Gobierno intervenir en su provincia, pero, pocas horas después, Sergio Berni retornó a la costumbre de desmentir al gobierno nacional y, como antes lo hacía de manera recurrente con Sabina Frederic, esta vez lo hizo con Aníbal. “No tengo ninguna duda de que es obligación del Estado nacional enviar tropas y controlar el tema. Estoy totalmente convencido, porque lo he vivido y lo he visto. Eso es terrorismo. Conozco el grado de temor, no me lo contaron”, dijo en declaraciones a Radio Del Plata

 

En una especie de revival de contradicciones públicas que ya protagonizó durante la previa de las PASO, el choque de Berni con el sucesor de Frederic amenaza con reeditar otro foco de tormenta para el Frente de Todos en campaña y puede ser explosivo por las características de los personajes en disputa. No está claro todavía si Berni insiste en abandonar su cargo o si pretende destratar a Aníbal Fernández como lo hacía con Frederic. Más allá de su caso especifico, se trata de un cuadro general en el que el oficialismo avanza enredado en sus propias discusiones sin saldar las diferencias que en tiempos del cristinismo puro se administraban puertas adentro.

 

A tres semanas de las elecciones, el Gobierno se muestra hiperactivo y sueña con recortar la diferencia que lo separa de Juntos, pero las diferencias se manifiestan a cada paso y la urgencia conspira contra los mejores planes. Falta menos para saber si en este contexto el operativo electoral de reducción de daños funciona o resulta estéril.