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A la desigualdad laboral y de ingreso, el ASPO sumó la crisis de los cuidados y la inequidad tecnológica. Matriz productiva en clave feminista. Datos y voces.

Por 26/09/2020 11:56

Durante los seis meses de aislamiento, muchas de las desigualdades estructurales que se imprimen sobre el campo laboral se muestran con mayor crudeza en detrimento del trabajo femenino. Además de la brecha en materia de acceso e ingresos, el contexto pandémico también da cuenta de una creciente feminización de las tareas no rentadas y evidencia la crisis de los cuidados, al tiempo que la inequidad tecnológica impacta de lleno en las trabajadoras del sector informal. En ese cuadro, se activaron tejidos de contención vía organizaciones sociales y territoriales, a la par de asambleas que apuntan a visibilizar problemáticas y buscar salidas en clave feminista.

Aquí, el rol del Estado en la activación de políticas tendientes a revertir un escenario crítico se mira bajo interrogantes tales como qué se quiere para la nueva normalidad, qué vidas importan y sobre qué economía y recursos se está pensando la reactivación.

Al respecto, Ximena Gómez, integrante de la Asamblea de Trabajadoras en Tiempos de Pandemia, consideró: “Hoy vemos una reactivación económica que mantiene el statu-quo” con “paritarias por debajo de lo que realmente está costando sostener una vida”, lo cual es “un termómetro de por dónde se está priorizando la salida. No son cosas sencillas, se necesita voluntad política, creatividad y escuchar los feminismos organizados”.

 

LA BRECHA PRE-PANDEMIA. De acuerdo a datos de la Dirección de Estadística bonaerense, durante el primer trimestre de 2020, en la provincvia de Buenos Aires la brecha de la tasa de empleo se acortó, pero más por una caída en la tasa de varones (63,7% a 60,1%), ya que el índice de empleo femenino mostró resultados similares de un año a otro, en el orden del 42%. Así, el margen de desigualdad sigue siendo amplio, superior al 17%. En la distribución del ingreso, la brecha persiste nítida con las mujeres en desventaja. La participación femenina en los deciles 1 a 4 (el 40% de menor ingreso) es de 24,2%, mientras que la de los varones es de 15,8%. Se invierte la ecuación en los dos deciles más altos (9 y 10): las mujeres tienen una participación del 6,4%, frente al 12,6% de los varones.

 

Esta asamblea, impulsada por la Escuela de Feminismo Popular Nora Cortiñas y la Asociación Historia de las Mujeres y Estudios de Género, viene haciendo un mapeo feminista de tensiones en el mundo del trabajo en diferentes comunidades del país. Participan desde trabajadoras de casas particulares y comedores comunitarios hasta costureras que están armando su propio sindicato. A partir de sus relatos, abordan tres ejes: condiciones laborales en la virtualización, trabajadoras esenciales para la sostenibilidad de la vida y salidas feministas ante las violencias en pandemia.
 


Sobre esos canales de salida, Gómez apuntó a “generar la visibilización y llegar a sectores estatales para repensar las políticas públicas”. En tanto, acerca del rol de las esenciales, ejemplificó: “Los comedores comunitarios atienden a más personas de las que puede sostener el Estado. Eso es trabajo no pago y es con una feminización de esa tarea”.  

Así, en el sector informal radica la mayor gravedad. En diálogo con Letra P, la directora de la Licenciatura en Relaciones del Trabajo de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), Florencia Partenio, detalló que existen tres sectores críticos en la informalidad: migrantes, trabajadoras de casas particulares y trabajadoras de aplicaciones y reparto. En el primer caso, un estudio de la Asociación Civil de Derechos Humanos Mujeres Unidas Migrantes y Refugiadas en Argentina (AMUMRA) da cuenta de problemas en el acceso de la población migrante del IFE.

“En algunos casos, al tener mal contabilizados sus años de residencia o, en otros casos, por no contar con documentación, se quedaron mayoritariamente afuera y, en un contexto de aislamiento, no han podido salir a ejercer sus actividades económicas, algunas de ellas como feriantes”, señaló Partenio al aludir a este informe y observó: “Se ven muy claramente las brechas digitales: contar con una computadora y conocer los circuitos administrativos online te permiten inscribirte en un programa”.

 


En el caso de las trabajadoras de casas particulares, la socióloga hizo foco en la exigencia patronal de retornar a las tareas. “Esto no solo las puso en una encrucijada, ya que muchas contrajeron covid y lo transmitieron a sus familias, sino que también implicó perder el empleo. Aquí se evidenció el porcentaje altísimo que seguimos teniendo de trabajadoras de casas particulares no registradas. No asistir al hogar implicaba no cobrar”, indicó. 

OTRA ECONOMÍA. A pesar de la complejidad del panorama, la socióloga de la UNAJ observó en la economía social “una llave de oportunidad”: “El sector de mercados territoriales, comercio justo y redes de producción agroecológica abrió una oportunidad al llevar la verdura a domicilio. Pero, al mismo tiempo, pone en primer plano que una salida de otra economía posible podría estar anclada en estas producciones de la economía social, donde las mujeres son protagonistas. Un caso emblemático es la red que montó el mercado territorial que atraviesa todo el conurbano sur y se extendió hasta la Ciuidad de Buenos Aires. Son las mujeres las que gestionan la producción y comercialización”.
 


Desde esa perspectiva, la especialista en estudios laborales focalizó en “una discusión postergada que es la matriz productiva del país”. “Si nuestra propuesta es dar una discusión sobre otros modelos de producción basados en comercio justo, economía social, producción local, tendríamos que estar pensando cuán presente está el Estado en estos circuitos que se generaron. En muchos casos se habla del boom de la producción agroecológica. ¿Qué va a pasar a la salida de la pandemia con ese fenómeno si no hay una apuesta fuerte para no seguir pensando que ese es el patio trasero de la economía?”

 

En línea con la Asamblea de Trabajadoras en la Pandemia, Partenio enfatizó: “Tenemos que dar una discusión en la micro y macroeconomía en clave feminista y esto implica pensar que, cuando se está pensando en esa pospandemia, parece que todo vuelve a acomodarse con los mercados al centro y no con estas formas de producción que apuestan por la sostenibilidad de la vida”.

 

Así, sobre el rol del Estado, ponderó que se haya medido por primera vez el trabajo en casas y de cuidado no remunerado al PBI, pero se preguntó: “¿Qué vamos a hacer con ese dato? Ahora se está dando una discusión de un presupuesto con perspectiva de género, ahí se abre otra oportunidad: que la discusión sea transversal a todas las áreas de gobierno, que no quede en una cuestión de temas de mujeres, pero que, al mismo tiempo, la economía no siga quedando en manos de discusiones androcéntricas y miradas que tienden a volver a esa normalidad que era todo lo que estaba mal”.
 


CRISIS DE LOS CUIDADOS. La brecha de la carga laboral también es desfavorable para la mujer en el contexto de teletrabajo. Eso se refleja en una encuesta reciente realizada por las sociólogas Leticia Duec y Silvana Mochi, en la que, entre otras cosas, se ilustra que, en relación al tiempo requerido para las tareas domésticas y de cuidados en conjunto, las mujeres que se encuentran unidas/casadas trabajan en promedio 3,10 horas más que los varones de ese mismo grupo.

"Hay que dejar de hablar de conciliación del trabajo y la familia y hablar de corresponsabilidad de los cuidados.”  (Florencia Partenio)

Ante eso, Partenio se pregunta: “¿Quién va a garantizar el derecho al cuidado, al cuidado como un trabajo, y cómo vamos a avanzar en normativas que permitan garantizar esto no solo en la pospandemia sino en la actualidad?”

Sin escuela ni redes de cuidado, la socióloga de la UNAJ observó que “la pandemia mostró la crisis de los cuidados en todo su exponente”. Al aludir a la ley de teletrabajo, señaló que “hubo un intento de generar licencias por cuidados en el sector privado, pero se dio marcha atrás”.

En esto, marca un punto clave: “La crisis de los cuidados no se resuelve si queda en mano de los hogares esa resolución. Hay que dejar de hablar de conciliación del trabajo y la familia y hablar de corresponsabilidad de los cuidados”.