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El PRO es el espacio de Juntos por el Cambio que más arriesga el año que viene en la Ciudad. El acuerdo con Carrió, Ocaña y Lousteau complica la boleta.

Por 24/09/2020 18:24

La coalición Juntos por el Cambio (JxC) pone en juego 19 bancas en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en las elecciones de 2021. Para Horacio Rodríguez Larreta, el desafío es tan numérico como político: el reparto de la boleta legislativa bosquejará el esquema de alianzas con el que atravesará los últimos dos años de mandato, mientras pule su estrategia presidencial, y empezará a demarcar el terreno para su sucesión, que tiene un lote cada vez más ancho de candidatos y candidatas.

Del total de bancas, nueve corresponden al PRO, tres a la Coalición Cívica, dos a Confianza Pública, cuatro a la Unión Cívica Radical (UCR) y una al socialismo porteño. Detrás de esos sellos, están los nombres de Elisa Carrió, Graciela Ocaña, Martín Lousteau y Roy Cortina, el póker de alianzas con el que Rodríguez Larreta encaró y piensa culminar su gestión.

 

 

Esta coalición parlamentaria y gubernamental tiene bemoles porque creció el espacio Cambiemos, pero el larretismo negocia ley por ley con sus socios. La discusión es más álgida con el bloque UCR-Evolución, cuyas referencias son Lousteau y Daniel Angelici. Además, el radicalismo tiene representación del sector de Jesús Rodríguez y Facundo Suárez Lastra, aliados al PRO porteño pero en la vereda opuesta del bloque que lideran el senador, el expresidente de Boca y Enrique Nosiglia.

El pragmatismo para asegurar gobernabilidad y jugar un pleno a un triunfo en primera vuelta le costó caro a Rodríguez Larreta: alcanzó el 55% de los votos en octubre de 2019, pero, con el recambio legislativo, el PRO perdió bancas y, en consecuencia, se incrementó la representación de los aliados que integran la versión capitalina de JxC. Resignar lugares para los PRO puros, incluso para algunos larretistas de antaño, generó tensiones y equilibró las fuerzas en la coalición opositora.

 

 

Con la conformación actual, el Gobierno tiene un interbloque de 37 bancas de un total de 60 que posee el recinto, un número que permite mayoría simple y cuórum propio, pero que no alcanza para alcanzar la mayoría necesaria para leyes especiales o la habilitación de tablas que no pasaron por comisiones. Este escenario obliga al oficialismo a negociar, semana a semana, con propios y ajenos para que prosperen los pedidos que el Ejecutivo gira a la Legislatura.

La pérdida de terreno del PRO en su propio distrito se explica por los acuerdos de Rodríguez Larreta de 2019 y se puede dimensionar a la luz de la comparación con la conformación legislativa previa a esos comicios. El bloque oficialista Vamos Juntos puso en disputa 18 bancas, divididas entre el PRO (15), la Coalición Cívica (1) y Confianza Pública (2). Aún fuera de JxC, la UCR buscaba renovar dos y el socialista Cortina su propio lugar. Todos los espacios revalidaban lo conseguido en 2015. Conformada la alianza, todos esos espacios se disputaron dentro la coalición oficialista.

 

 

Ese acuerdo permitió ensanchar la alianza, pero obligó al PRO a un retroceso en su gravitación legislativa. Al mismo tiempo, la elección del Frente de Todos de 2019 en la Ciudad fue mejor que la performance de 2015. Esa multiplicidad de factores movió el tablero: creció JxC, disminuyó la bancada PRO y el peronismo llegó a 17 legisladores.

Dos años después, Rodríguez Larreta deberá atravesar el mismo laberinto. Ahora, con un agregado: la conformación de las listas porteñas será un adelanto de la pelea por la sucesión, con Lousteau como aspirante y decidido a extender su influencia en la Ciudad.

LOS DEVORAN LOS DE AFUERA. La Legislatura porteña, como el Congreso, funciona como un cuerpo autónomo, reglado por la Constitución pero también por el ecosistema político. El oficialismo parlamentario, naturalmente, sigue las directrices del Ejecutivo, pero cada dos años se repite la misma historia.

La lucha por las listas siempre exhibe una tensión entre ambos poderes. A excepción de los legisladores que terminan su mandato sin posibilidad de renovar, los que mantienen su banca buscan incidir no tanto en los nombres, pero sí en la preservación del status quo. Bajo esa lógica, la Legislatura porteña no escapa a la regla que dicta que, pese a las particiones propias del recinto y los espacios políticos, se comporta como un todo.

 

 

Es una partida de ajedrez que parece equilibrada, pero en la que, al final, el Gobierno se adueña del tablero. Rodríguez Larreta define la nómina, pero la Legislatura siempre enciende la alarma ante candidatos que podrían desacomodar el esquema corriente de funcionamiento. Sucedió con la experiencia de Andy Freire, eyectado del Ministerio de Modernización y “premiado” con el primer lugar de la nómina de 2017. Asumió, no encontró lugar en la dinámica parlamentaria y duró menos de un semestre.

La opción de una “figura” vuelve a aparecer para la Legislatura en 2019. Desde María Eugenia Vidal hasta un exfuncionario que piensa en ese paso como un escalón para pelear por la sucesión de Rodríguez Larreta. Por ahora, son pronósticos. Además de quitar lugares a quienes buscan retener su escaño, la aparición de una figura en la cabeza de la lista para la Legislatura porteña también amenaza con romper la cotidianidad del edificio de Perú 160.