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“Muchas mujeres de las fuerzas de seguridad se reivindican feministas”

Sabrina Calandrón, integrante del equipo de la ministra Frederic, habla de las políticas con perspectiva de género en instituciones creadas por y para varones.

Por 22/09/2020 16:27

La protesta policial por mejoras salariales que incluyó movilizaciones a la Quinta de Olivos y a la residencia oficial del gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, generó debates hacia adentro y hacia fuera de la fuerza. La sindicalización de sus agentes, su consideración como trabajadoras y trabajadores por los movimientos sociales y el uso de armas para un reclamo gremial son cuestiones que rodean otra, no menos importante: el reflejo de la desigualdad estructural entre mujeres y varones en las fuerzas de seguridad.

Sobre esto habló con Letra P la subsecretaria de Bienestar, Derechos y Políticas de Género del Ministerio de Seguridad, Sabrina Calandrón. “Todas las policías, excepto la de Seguridad Aeroportuaria (PSA), fueron creadas por varones y para varones y solo aceptaban varones", señaló la funcionaria y agregó que "las mujeres ingresaron muy paulatinamente y a hacer tareas muy restringidas; no entraban por la línea directa o la forma de reclutamiento sistemático, sino por vías excepcionales: los primeros ingresos fueron de parientes de policías... esposas, hijas". Por lo tanto, advirtió, hay "una desigualdad estructural en estas instituciones", que ahora, en virtud del ingreso de las mujeres, deben promover "una serie de cambios que permitan cierta equidad”.

 

BIO. Socióloga. Doctora en Antropología Social. Docente e investigadora del Conicet. Nació en Dolores, provincia de Buenos Aires y escribió, entre otros trabajos, “Género y Sexualidad en la Policía Bonaerense”, editado por UNSAM en 2104, que fue presentado por la ministra de Seguridad Sabina Frederic. Es de River.

 

-¿Se refiere a acciones afirmativas?

-Sí, a establecer cupos mínimos, por ejemplo, para el ingreso de mujeres o formas de evaluación un poco más flexibles. Nunca se llegó, que sería lo ideal, a pensar formas de evaluación inclusivas, porque las evaluaciones están hechas para varones y miden, sobre todo, la fuerza y la resistencia. No se mide, por ejemplo, en ninguna institución policial del mundo, la coordinación, que es algo en lo que en general se desarrollan más las mujeres. Para las fuerzas federales, el Ministerio de Seguridad tiene desde hace varios años algunas instancias de gestión que se dedican específicamente a pensar el acceso y la carrera de las mujeres en un área muy fuerte, que la de protección de derechos, sobre todo contra la violencia. Es la que más se desarrolló hasta ahora y tenemos que seguir sosteniéndola, porque dentro de las instituciones existen abusos, hostigamientos, acosos, diferentes formas de violencia por razones de género entre compañeros.

-¿Ese tipo de violencias son peores dentro de las fuerzas de seguridad que en otros espacios?

-Sí, sobre todo son más riesgosas, en la medida en que implican dos cosas: una es que hay armas y acceso a todo un mundo de contacto con el Poder Judicial y de la policía que hace a la seguridad de las personas, y la otra, que se pone en juego el trabajo, que es en general un elemento que a las mujeres les permite salir de esa situación de violencia. Y acá lo que puede terminar ocurriendo es que se las condene todavía más porque se las condena en el espacio de trabajo, echándolas, castigándolas, usando una herramienta muy común que es el castigo informal, por ejemplo, con traslados. Y estamos hablando de trasladarlas de Ushuaia hasta Formosa. No es posible pensar que se van a desarrollar por inercia condiciones igualitarias para mujeres y varones.

-¿Cómo impacta la pandemia?

-Con la pandemia, podemos desarrollar con muchas dificultadses los programas nuevos de nuestra gestión, sobre todo los vinculados al cuidado, que es una política que no había estado dentro de la escena en las instituciones policiales y, en general, en el Estado. Otra cuestión es que, si bien aumentaron las denuncias por violencia de género, sobre todo aquellas que se dan en el marco de la convivencia, en las fuerzas no aumentaron porque, como fueron declarados trabajadores esenciales, en general salieron más a la calle. La evaluación es que probablemente cuando esto termine, cuando esto se relaje, cuando las restricciones del ASPO se flexibilicen, ese número puede aumentar; pero estamos trabajando en la prevención para eso no pase.

 

 

-Usted hizo un trabajo antropológico con las mujeres de La Bonaerense. ¿Cómo ve la brecha de género en esa fuerza?

-La Bonaerense es la que tiene una historia más prolongada de ingreso de mujeres y de acceso de mujeres a algunos lugares de decisión. Las mujeres entraron a la policía de la provincia de Buenos Aires en 1940. Entonces, ya hay toda una historia, una tradición y hay muchas mujeres que llegaron a las jerarquías más altas.

-Según datos de 2018, cada diez policías, hay cuatro mujeres y en algunos distritos hay paridad.

-Eso fue lo que cambió con la ampliación de las condiciones de ingreso, tanto en la Policía bonaerense como en la Federal, la Prefectura y la Gendarmería. Esto, en concordancia con que más mujeres salieron al mercado de trabajo. A la Gendarmería y a la Prefectura, que fueron las últimas en permitir el ingreso de mujeres, todavía les falta un largo recorrido, en el sentido de que haya mujeres que estén a cargo de equipos de trabajo y que puedan sacarle algo del ejercicio masculino del poder y de la conducción y de las políticas.

-Pero eso implica una formación en perspectiva de género también para las mujeres que acceden a esos espacios de decisión…

-Implica las dos cosas. No vamos a tener ese cambio si no diversificamos el personal para que haya todas las identidades posibles. Por otra parte, tampoco vamos a cambiar si no hay formación con perspectiva de género. Son vitales las dos cosas, tienen que ir juntas. Si tenemos cuatro mujeres en toda la fuerza, no tiene ningún sentido. No lo vamos a lograr. Hoy, sumando las cuatro fuerzas federales, hay casi un 30% por ciento de mujeres.

 

 

-Eso todavía no se refleja en las cúpulas.

-Sin políticas de cuidado, no vamos a lograrlo. Llega un momento, que es el de responsabilidad a cargo de unidades, donde las mujeres empiezan a desaparecer.

-La relación entre los feminismos, la Policía y las mujeres policías es tensa y difícil. Usted sostiene que el feminismo llegó tarde a incluir a las mujeres policías en sus demandas. Y, además, está la tensión conceptual.

-Sí, hay una tensión conceptual. Lo vimos en las últimas semanas en la relación entre los policías y los movimientos, organizaciones, partidos de los trabajadores. Es una tensión similar, en la medida en que los podemos pensar como trabajadores, pero, al mismo tiempo, no dejan de ser una institución de la seguridad y del monopolio de la Fuerza-Estado. Lo mismo pasa con las mujeres. Son mujeres, pero, a la vez, comparten esta institución que muchas veces nos reprime. Esa es la tensión principal. El feminismo contribuye indirectamente a cambiar un poco las condiciones de organización de las mujeres que son parte de la fuerza. Las mujeres de cada fuerza empiezan a encontrarse y a darse cuenta de que los problemas individuales no eran tan individuales, sino generales. Entonces, el problema no es de cada una de ellas, sino que son las condiciones en las que trabajan, es la institución, son los reglamentos...

-¿Hay feministas en las fuerzas de seguridad?

-En los últimos años hubo un debate más directo. Hay muchas mujeres de las fuerzas que se reivindican feministas y muchas que, sin reivindicarse de esa manera, comparten una serie de posicionamientos que son parte de la demanda histórica del feminismo. En los últimos años, aprendimos que el feminismo no tiene que invitarnos a ser parte del movimiento. Es el posicionamiento que cada cual tiene respecto de esas demandas y reivindicaciones y cómo logra tejer esos lazos para hacerlos visibles.

-¿Cómo observa la situación de las mujeres en puestos de decisión dentro de esos espacios eminentemente masculinos?

-Hace unas semanas, estuvimos en Salta con el director nacional de la Policía Aeroportuaria a poner en funciones a una jefa, mujer, que había sido referente de género. Esto es interesante, porque nos muestra que esa carrera como referente de género también puede ser un momento más dentro de una carrera de ascensos. Antes, era como ponerlas en el freezer. Hicimos una reunión y una de las oficiales de la PSA contó que llegó a un lugar a trabajar y eran todos varones. Lo primero que le dijeron fue “mirá que acá siempre fuimos varones, así que vas a tener que acostumbrarte” y ella les contestó: “Ustedes van a tener que acostumbrarse, no yo”. Ese es el juego: vamos habituándonos todos, pero, en una institución que era sólo de varones, el paisaje que más cambia es el de ellos.