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Ahora, Vizcarra: el culebrón que amenaza otra vez a un presidente de Perú

Una crisis de ribetes grotescos puso al mandatario en situación de extrema debilidad. La saga de finales escandalosos y el agotamiento de un sistema corroído.

Por 16/09/2020 10:54

A la crisis sanitaria y económica que sufre Perú por la pandemia del covid-19 -una de las peores versiones del mundo-, se le sumó una crisis política que amenaza con destituir al actual presidente, Martín Vizcarra. La difusión de unos audios donde se lo escucharía ordenar a dos asistentes mentir en una investigación por contrataciones fraudulentas lo puede apartar del poder, sumarlo a una larga lista de presidentes envueltos en causas judiciales y encarcelamientos y profundizar la delicada situación nacional.

 

 

La crisis se inició en mayo, cuando se conoció que el Ministerio de Cultura había contratado al cantante Richard Cisneros, conocido como “Richard Swing”, para realizar “actividades motivacionales” de forma virtual en esa dependencia. En medio de un severo impacto por la pandemia, con 30.000 muertos oficialmente registrados, pero que, según estudios, podrían ser en verdad más del doble, la segunda tasa de mortalidad más alta del mundo y el anticipo de una caída del PBI del 13% según la CEPAL, sus nueve contratos por 50.000 dólares generaron un resquemor importante que amenaza a Vizcarra.

 

 

La semana pasada, la bomba estalló. El legislador Edgar Alarcón, envuelto en causas de corrupción, divulgó unos audios, que le llegaron de forma anónima, donde se escucharía al mandatario ordenarle a dos asistentes mentir ante la Justicia: “Hay que decir que entró dos veces”, se escucha en relación a la información que indica que Cisneros ingresó cinco veces al Palacio de Gobierno por reuniones.

La oposición vio la oportunidad y aprobó una moción de vacancia por “incapacidad moral”. Si el viernes reúne la mayoría calificada del Congreso (87 de sus 130 integrantes), Vizcarra abandonará el poder y se sumará a la lista de mandatarios que salen de la arena presidencial para entrar a la arena judicial. Por su parte, Vizcarra denuncia una “conspiración” con audios “manipulados” de sectores políticos que buscan evitar y acabar su agenda de limpieza y justicia.

 

 

EL KARMA DEL PERÚ. El siglo XXI muestra que los presidentes peruanos -todos hombres- tienen un final oscuro repetido por un sistema político que demanda cambios a partir de distintos indicadores. De los siete mandatarios de estos veinte años, solamente uno, Valentín Paniagua (en funciones de forma transitoria entre noviembre de 2000 y julio de 2001) no enfrentó a la justicia después de abandonar el poder.

De los siete presodentes peruanos de los últimos 20 años, solamente uno, Valentín Paniagua, no enfrentó a la justicia después de abandonar el poder.

El dictador Alberto Fujimori (1990-2000) está preso por violaciones de los derechos humanos; Alejandro Toledo (2001-2006), en libertad bajo fianza en Estados Unidos en el marco de la causa Odebrecht; Alan García (2006-2011) se suicidó en 2019 cuando la policía iba a detenerlo por otra causa con la misma empresa involucrada; Ollanta Humala (2011-2016), en libertad luego de haber sido encarcelado, a la espera de juicio también por corrupción con la misma firma. Tampoco se salvó Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018), antecesor de Vizcarra, que renunció por corrupción y está en prisión domiciliaria. ¿Se sumará el actual mandatario a esta larga lista? A pocos días de la votación, los números indican que no, pero es una nueva cara de una moneda sucia y carcomida.

La particularidad de Vizcarra es que la misma crisis que lo llevó al poder amenaza con expulsarlo. Asumió en 2018 luego de la renuncia de Kuczynski en un contexto de máxima fragilidad: desconocimiento público, sin partido político propio, con un congreso liderado por la oposición y una crisis política. En su gestión logró sortear la ola y, cuando parecía que lideraba al país a las presidenciales de 2021, la primera crisis explotó. El año pasado, luego de profundas disputas de poder con la oposición, cerró el congreso, que fue renovado en enero pasado. Logrò superar el primer choque. Viene el segundo.

 

 

En diálogo con Letra P, la socióloga y vocera del movimiento Nuevo Perú, Lucía Alvites, aseguró que este caso es “un episodio más de una crisis política estructural y profunda” que desde hace años condena al país andino a “una disputa permanente entre el Ejecutivo y el congreso que tiene que ver con intereses subalternos de acaparar más poder dentro del Estado”. Lo que evidencia el común destino de los presidentes es que el problema no son ciertas manzanas podridas, sino un sistema que en los últimos años se ha dedicado más a negocios espurios o disputas políticas alejadas de los problemas estructurales del país agravados por la pandemia.

En diálogo con Letra P, la vocera del movimiento Nuevo Perú, Lucía Alvites, aseguró que este caso es “un episodio más de una crisis política estructural y profunda” que condena al país andino a “una disputa permanente entre el Ejecutivo y el congreso

“Hay dos crisis paralelas”, aseguró Alvites y explicó: “Una que está en las alturas políticas y otra que la viven millones de personas que están combatiendo al hambre, el desempleo y el Covid-19”. La crisis sistémica genera, a la vez, un desfase entre estas dos crisis. “A estas personas poco o nada les interesa la crisis de las alturas, porque hace tiempo que la política no les sirve en su vida ya que saben que la dinámica de la clase política tiene que ver con sus intereses y no con los intereses de la mayoría”, agregó.

APATÍA. Este desajuste ya se evidencia. Las elecciones de enero contaron con una participación del 74%, la más baja desde 2006. Asimismo, el sistema se fragmenta. Los últimos congresos estuvieron conformados por un máximo de siete partidos, pero el actual cuenta con nueve. Esto vuelve difícil alcanzar acuerdos para hacerlo funcionar y se reproduce un sistema de negociados ya agotado. Además, aparecen viejos actores como nuevas formas de expresión, como el Frente Popular Agrícola del Perú (FREPAP), un partido mesiánico y evangélico ultraconservador que se convirtió en la segunda fuerza parlamentaria. La población se aleja mientras el sistema se agota y se dispersa.

El gobierno recurrió al Tribunal Constitucional para evitar que la moción se llevara a cabo. Si no se expresa antes del jueves, el viernes se vota. A pocas horas del momento decisivo, la oposición no reuniría los votos para remover a Vizcarra. De todas maneras, su supervivencia no será motivo de festejo. El sol no se puede tapar con la mano.