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Cerrado el acuerdo por la deuda, Fernández y su gabinete panfletean un modelo práctico y desideologizado en los círculos de poder. La fina línea del centro.

Por 14/08/2020 10:39

En 2018, el establishment local le puso el cartel de “se alquila” al gobierno de Mauricio Macri. Ese año, se consumó una frustración que ya venía incubándose en muchos. Como todo proceso, el abandono fue paulatino hasta llegar a un crack casi absoluto en 2019, pero en ese tiempo el Círculo Rojo empezó a meditar el modelo que debería reemplazar a lo que alguna vez había sido la esperanza del capital.

Como en general los negocios se inclinan por modelos amistosos, la opción fue pensar en un peronismo centrista, alejado de las posiciones ultra del último kirchnerismo. Los últimos coloquios de IDEA de la era Cambiemos fueron una especie de pasarela de cuadros posibles. Incluso allí estuvo Miguel Pichetto en su período previo a la mutación del peronismo conservador al macrismo. Las fichas, luego, fueron puestas en el ex ministro Roberto Lavagna como ordenador de un espacio con adhesión pero sin liderazgos. Nunca cuajó el experimento hasta que la movida sorpresiva de Cristina Fernández de elegir como candidato a Alberto Fernández, inclinó la balanza en favor del exjefe de Gabinete.

 

 

Más allá de las tensiones propias de un frente multifuerza como Todos, Fernández parece haber nacido seteado para ejercer en la cornisa del peronismo centrista. Es un pragmatismo que busca calcar el modelo Néstor Kirchner de 2003, pero en un escenario radicalmente distinto que le impone tensiones internas y externas. Esta semana, el Presidente les dijo a los industriales de UIA Joven que admira los modelos nórdicos, los de Noruega y Finlandia. Les habló de una salida productiva y negó a Venezuela. Luego del cierre de la deuda, Fernández se muestra suelto para plantear un esquema de construcción política amplio, que no es una pulsión personal sino una maduración del binomio de poder e incluye un viraje también práctico de la vice plasmado en un hito, el reencuentro aún no definitivo con sectores del agro nacional. Hoy, son casi marginales los que dentro de la alianza no se alinean.

 

Ante banqueros, Kulfas habló del modelo F. 

 

Si la política y las relaciones económicas se contaran con la sinceridad que ameritan, muchas noticias no serían de impacto y muchos actores dejarían de tener etiquetas. Pocos parecen haber visto los cambios, admitidos por el propio establishment, de CFK. Incluso el de su hijo diputado, Máximo Kirchner, que se sacó sus propios estigmas en una cena con los mismos ceos que se lo habían puesto por años.

Si se observa el conjunto, el corrimiento a un peronismo más pragmático no es sólo del albertismo. Naturalmente, hay desbordes que terminan mal, como la expropiación fallida de Vicentin y hasta la reforma judicial en plena pandemia. Cuando se dan, el Gobierno debe dar marcha atrás o preparase para batallas largas en las que pierde más de lo que gana. Quizás lo único que Macri sembró y echó raíces es un nivel alto de antiperonismo y anticristinismo que, más que quererlo a él, exponen una furia anclada en hechos pasados que parece no tener retorno. En ese frente, el Gobierno está sin espalda para contrarrestar lo que pasa en la calle y se ve obligado a mover con cuidado: con la pandemia, la herencia y la crisis desatada, no hay un 2005 que envalentone para grandes revoluciones, más aun, si la intención es un cambio de modelo que vaya más allá.

 

CFK y el campo, un acercamiento que muestra cambios ¿duraderos?

 

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, expuso casi en forma descarnada la configuración del Frente de Todos en materia de política económica. Fue en un Zoom con banqueros que armó el grupo GST, de la ex Aerolíneas Isela Costantini y Pablo Peralta, uno de los empresarios más activos en la interacción con las alas económicas del Gobierno. No solo habló de pragmatismo, sino que valoró tanto el comercio exterior como el mercado interno, rechazó ir a políticas de proteccionismo y mencionó integración inteligente sin cerrarle la puerta a acuerdos por cuestiones ideológicas. Algo parecido hizo el ministro de Economía, Martín Guzmán, ante ceos y el polo de lobby republicano Atlantic Council. El caso del platense también es gestual, es el Lavagna de Fernández, uno moldeado por él mismo.

En este escenario, el Gobierno tiene todos los cañones apuntados a que una recuperación económica lo saque de la defensiva y le permita ganar iniciativa en una agenda que hoy tiene en disputa. El enigma es si este equilibrio centrista se sostiene si fallan los planes de éxito.