X

Hay acuerdo para endurecer la cuarentena, pero no por el plazo para instrumentar la decisión. Fernández vuelve a ser árbitro, aunque ya eligió.

Ya con la convicción de que los números de los contagios en el Área Metropolitana (AMBA) imponen una marcha atrás en la flexibilización, a Alberto Fernández, Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta solo les queda ponerle fecha al endurecimiento de la cuarentena, que el gobernador y el Presidente impulsan de manera inmediata, mientras el jefe de Gobierno pretende postergar unos días y buscar los mecanismos para que la población acate la disposición.

La decisión de endurecer la cuarentena ya está tomada. Las tres administraciones ven correcto aumentar las restricciones para evitar que la curva de contagios se dispare todavía más. Para eso, entienden, no hay otra alternativa que aumentar los controles, retrotraer apertura de actividades y reducir la circulación, de manera contundente, por un período determinado. 

 

 

El desacuerdo está, sin embargo, en cuál será la fecha de la vuelta atrás. Fernández respalda el apuro de Kicillof. El Presidente cree que hay que volver “cuanto antes” a la fase 1 de la cuarentena. La última prórroga del aislamiento rige hasta el domingo 28. La nueva etapa comenzaría, según la línea del oficialismo, el lunes 29. El gobernador hace sus cálculos. Al ritmo actual de contagios, prevé una complicación en el sistema de salud para mediados de julio. De tomarse una decisión inmediata de restricción, impactaría para la misma fecha, con lo que se evitaría el colapso.

Rodríguez Larreta quiere esperar. Considera que la idea de regresar a la fase 1 del aislamiento requiere “al menos” una semana de maduración en la opinión pública para acumular consenso entre los porteños. Desde la segunda quincena de mayo, el Gobierno de la Ciudad solo dictaminó aperturas. Se autorizaron desde salidas recreativas hasta jornadas nocturnas de actividad física, que la administración capitalina defendió con uñas y dientes tanto con indicadores sanitarios como con sondeos de opinión que miden el humor social.

 

 

“Hay que construir el escenario. El peor escenario es tomar una medida y que nadie la cumpla”, argumentan en Parque Patricios. Ese análisis se sostiene en base a la idea de que es “imposible” ordenar una vuelta atrás total y esperar que la sociedad comprenda el pedido. Al cónclave en Olivos del lunes al mediodía, Rodríguez Larreta fue con la idea de ganar tiempo y retrasar una definición urgente sobre el refuerzo del aislamiento. Se acordó esperar hasta el jueves para una comunicación tripartita. El jefe de Gobierno considera que si se mantiene la tendencia de mil (o más) casos por día en la Ciudad y aumenta notablemente el número de camas ocupadas en terapia intensiva, el respaldo social a la vuelta a la fase uno será “natural”.

 

 

En la gobernación bonaerense coinciden en la necesidad de construir consenso social. “La gente tiene que colaborar”, señalan, al tiempo que aclaran que la fase 1 de la cuarentena, tal como comenzó en marzo, “ya no existe más”, considerando la cantidad de actividades que se habilitaron desde entonces en los dos distritos. 

Cómo sería la nueva fase de confinamiento, más restrictiva que la actual pero menos que la que comenzó el 20 de marzo, es otro de los puntos a resolver. Para el gobierno bonaerense, las restricciones deben focalizarse en el transporte y la circulación. Para eso, habrá que convencer a la población de que debe dar marcha atrás con el relajamiento de algunas medidas y que vuelva a salir de su casa para comprar solo lo esencial.

La posibilidad de cerrar por completo el transporte público, que circuló en la Casa Rosada, no pasa el filtro de la Ciudad. “Es insólita”, cuestionan. Bajo esa lógica, Larreta insiste con “la evidencia” para ganar consenso social a las futuras –y obligadas- restricciones. Es un juego de ajedrez en el que la decisión debería, sostienen en el larretismo, contar con respaldo social.

 

 

En la Casa Rosada, la discusión está saldada. Rodríguez Larreta llevará el jueves su pedido de aplazamiento, pero a sabiendas de que el Presidente acuerda con Kicillof en la necesidad de tomar una decisión urgente. Solo restará afinar los detalles para la administración de la nueva fase y definir cómo se articulará la comunicación para lograr que la sociedad, agobiada anímica y económicamente, cumpla efectivamente con la medida.