10|4|2021

Larreta y Peña sellaron acuerdos básicos en otra cumbre de rosca in situ

18 de junio de 2020

18 de junio de 2020

Almorzaron este martes en la Jefatura de Gobierno, después del encuentro del alcalde con Vidal y Monzó. Acordaron proteger la unidad de la alianza.

El exjefe de Gabinete Marcos Peña entró el martes al mediodía a la Jefatura de Gobierno de Parque Patricios. Tras un tiempo ausente, volvió a la sede gubernamental que ocupó con Mauricio Macri hasta que el 10 de diciembre de 2015 se mudaron juntos al primer piso de la Casa Rosada. En silencio y rápido, subió las escalaras que lo llevan al despacho de Horacio Rodríguez Larreta, que lo esperaba para almorzar.

 

Comieron a la vera del metegol que Larreta tiene en su despacho y emula el estadio de Racing, en la misma mesa que, semanas atrás, el jefe de Gobierno recibió al gobernador Axel Kicillof en un encuentro relámpago. La reunión fue corta y concisa: hubo acuerdo, pese a las diferencias, para consolidar la unidad de Juntos por el Cambio y se pusieron al día el uno con el otro. Fue otro encuentro de rosca en cuarenta con un dirigente político que circula, en pleno aislamiento obligatorio, aunque no es funcionario. Tras ese raid y el diagnóstico positivo de Covid-19 de María Eugenia Vidal, el ministro Fernán Quirós (Salud) le aconsejó a Larreta parar la pelota. Ahora, el alcalde restringió reuniones presenciales y todo su gabinete de ministros hará lo propio.

 

 

 

Tras perder las elecciones y terminar la gestión, Peña se tomó vacaciones y se desconectó. Algunos pocos miembros de su equipo íntimo conocían su itinerario y otros compañeros de ruta se enteraron por un mensaje de WhatsApp que únicamente contenía tres emojis: un corazón azul, otro amarillo y otro azul, formando el escudo de Boca. Fue la señal que emitió para hacer notar que estaba en Argentina y cargar a exfuncionarios fánaticos de River, que perdió la Superliga a manos de su eterno rival. Eso fue en los primeros días de marzo, con el coronavirus aún como una amenaza lejana y sin cuarentena obligatoria.

 

Días después, Peña cumplió lo que prometió: se distanció de la cotidianidad del PRO y del propio Macri. Tomó su lugar Fernando De Andreis, macrista paladar negro y heredero del cargo de consiglieri del expresidente. A contramano de los pronósticos, Peña volvió y mantiene el diálogo con Macri porque seguirá a su lado como asesor, aunque no del modo que reinó durante el paso por la Presidencia. En las últimas semanas buscó reconstruir puentes con exfuncionarios de Cambiemos. En tono autocrítico, charló con varios exministros del PRO y también pidió devoluciones sobre su gestión. Ensayó esa pregunta este martes ante el jefe de Gobierno. Lo que respondió Rodríguez Larreta es un enigma.

 

 


En la historia del PRO, su relación se caracterizó por los altibajos. No son amigos y se cruzaron como compañeros de ruta en los albores del partido amarillo. Convivieron con sus notorias diferencias y, aunque con objetivos distintos, trabajaron para el mismo jefe en la Ciudad y en la Nación. Con Macri presidente, el vínculo diario se acortó porque Peña estaba concentrado en el Gobierno y Rodríguez Larreta, en su primer mandato en la Ciudad. 

 

Compartieron el póker de poder de Cambiemos junto a Macri y Vidal, pero la gravitación de Peña superó a la de Larreta y la exgobernadora durante esos cuatro años. Esa asimetría se quebró luego de las PASO, cuando el exjefe de Gabinete hizo un corrimiento forzado de la primera plana, desplazamiento que se vio reflejado en la campaña final hacia octubre: Macri radicalizó su discurso y giró notablmente hacia la derecha. Durante toda su carrera política, Marcos fue el garante de que Mauricio no cometa esos "deslices". Ahora, la jefa del PRO, Patricia Bullrich, se encarga de sacarle la mordaza y habla por el expresidente cuando critica a Alberto Fernández. Peña da esa batalla como perdida.

 

 

 

A seis meses de la derrota electoral de Cambiemos, la relación entre Larreta y Peña es cordial. El alcalde divide su tiempo en la gestión del coronavirus y en hacer malabares para que la oposición no se fragmente. Pensando en su carrera hacia 2023, juega un pleno al dialoguismo proselitista, mientras otro sector de Cambiemos sostiene que es "blando" y no confronta con el peronismo. Peña calla y deja que Macri siga la línea Bullrich, que comparte y celebra el rol combativo de la presidenta de su partido.