27|1|2021

Cámpora segunda generación: un barón emergente en el corazón de la crisis

13 de junio de 2020

13 de junio de 2020

El senador de 33 años combina experiencia de gestión y militancia en el barro del conurbano. Sus vínculos con Ferraresi, Mayra Mendoza y Máximo Kirchner.

El senador Emmanuel González Santalla se sienta a la derecha de la intendenta Mayra Mendoza (Quilmes) y frente al jefe comunal Jorge Ferraresi (Avellaneda). En el centro de la mesa que comparten hay un mapa que muestra a Villa Azul, uno de los focos de contagios más grandes de la provincia de Buenos Aires y en el que se advierten de manera más visible las desigualdades estructurales. Lo rodean algunos gráficos sobre estadísticas alarmantes, aunque controladas, de la pandemia por coronavirus. La simbología kirchnerista también dice presente con numerosas imágenes de Néstor y Cristina; se encuentran en el segundo piso del palacio municipal quilmeño diseñando la urbanización de este barrio popular que comparten ambos distritos.

 

La imagen que deja esa reunión puede ser leída como una síntesis del perfil que González Santalla comenzó a construir desde joven: de un lado, la agrupación a la que pertenece, La Cámpora, y a quien responde políticamente dentro de la organización; y, del otro, el origen de su paso por la gestión local, primero como concejal de Avellaneda entre 2013 y 2017 y luego como secretario de Gestión Ciudadana, desde 2017 hasta 2019.

 

 


González Santalla junto a Larroque, Ferraresi, Kicillof y Mayra Mendoza.

 

 

Hoy ocupa una banca del Frente de Todos por la Tercera sección electoral y, por su experiencia militante, un espacio destacado en ese encuentro de gestión que busca atender las principales problemáticas de Azul. El legislador conoce de primera mano las dificultades de esos barrios, como los precarios servicios públicos y todas derivaciones de la crisis económica como el desempleo y el hambre que estallaron durante el menemismo y se fueron expandiendo con los años. Tiene un bagaje de conocimiento que comenzó a adquirir desde muy joven y que, en parte, tomó de su padre, un militante peronista que se sumó al proyecto de Néstor Kirchner en tiempos en que el patagónico recién comenzaba a delinear la campaña que lo llevaría a la presidencia.

 

González Santalla siguió esos pasos y se incorporó durante el primer kirchnerismo a la Juventud del Partido Proyecto Popular, uno de los espacios políticos que por ese entonces buscaba arrebatarle definitivamente el poder al duhaldismo; una contienda que enfrentó en la provincia de Buenos Aires a Cristina Fernández con Hilda “Chiche” Duhalde en 2005 y que también tuvo su correlato en Avellaneda con la disputa contra el por entonces intendente Baldomero “Cacho” Álvarez, un histórico del justicialismo que pasó de ser el hombre de confianza de Daniel Scioli a trabajar en el armado de la pata territorial del macrismo en el conurbano. González Santalla fue parte de aquella juventud kirchnerista que enfrentó a las tradicionales estructuras de poder.

 

Allí comenzó a tejer su relación política con Ferraresi, un vínculo que se dio siempre desde su responsabilidad dentro de La Cámpora, en la que no existe una jefatura del jefe comunal en términos orgánicos; un vínculo que con el correr de los años derivó en un lazo de estrecha confianza. 

 

 

 

DOS CIUDADES. A un lado y otro de la avenida Lynch, frontera geográfica de ambos distritos, aseguran que González Santalla colabora en tándem con los gobiernos locales y pasa gran parte del día en Villa Azul. “Su oficina está ahí”, afirman funcionarios muy cercanos a Mendoza. Prefiere remera, pulover y jean al traje y la corbata; una personalidad alejada de los grandes estudios de televisión. “No es un militante de Twitter”, coinciden en definirlo dirigentes que lo conocen bien. Pese a su bajo perfil, su tarea en cada terreno que pisa no pasa desapercibida. Propios y ajenos le reconocen su pragmatismo y capacidad para resolver conflictos en los barrios.

 

Con solo 33 años, es un representante de La Cámpora de peso en la Tercera sección electoral, donde la agrupación tiene más de cuatro mil militantes divididos en 19 distritos, desde La Matanza hasta Punta Indio y desde Lobos hasta Quilmes. Esa tarea territorial de la que se ocupa hace ocho años lo ubica en un rol de armador original en la región más importante de la provincia de Buenos Aires en términos políticos y de densidad poblacional, donde viven más de cuatro millones y medio de electores. 

 

 

 

Afianzó su liderazgo desde que comenzó a sentarse a la mesa de quienes tienen vocación de poder. Forjó una estrecha relación con el propio Máximo Kirchner, también con el presidente del bloque del Frente de Todos en la Cámara de Diputados bonaerense, Facundo Tignanelli. Fueron ellos quienes lo llevaron a principios de 2019 a armar campamento en Quilmes junto a Mendoza con el objetivo de arrebatarle el gobierno a Martiniano Molina, uno de los favoritos del PRO.

 

Según ponderan dirigentes con lugares importantes en el gobierno de Axel Kicillof, González Santalla es “una expresión de las bases de La Cámpora” y “un modelo de militante” de la organización. “Es una persona muy fogueada”, afirman. En suma, el representante de una generación dispuesta a gobernar con un paradigma distinto al justicialismo tradicional pero con las mismas bases de conducción vertical, organización, disciplina y despliegue en los barrios populares.

 

 

 

Fuentes de la oposición consultadas por este medio reconocen su capacidad de organización y militancia en los dos populosos distritos (Avellaneda y Quilmes) aunque afirman que el diálogo con ellos es casi inexistente. De todos modos, no creen  que sea algo personal sino una variable que atraviesa a otros dirigentes del kirchnerismo basada en un “prejuicio” que marca distancia casi natural con el macrismo.

 

 

 

AZUL. El senador integra el comité de emergencia sanitaria montado en el Polideportivo Proyecto Nacional, del lado de Avellaneda, donde se decidió que, desde este lunes, Villa Azul pasaría al aislamiento focalizado gracias a la mejora sanitaria registrada durante las últimas dos semanas. 

 

En la discusión que viene, pretende dar junto a sus colegas un debate en torno a las desigualdades estructurales que padecen los habitantes de los barrios populares. “El Estado tiene que garantizar la vivienda digna y los servicios para el conjunto de los argentinos y argentinas”, dice con determinación e insistencia.