28|11|2021

09 de mayo de 2020

09 de mayo de 2020

Los barrios vulnerables de la Ciudad son el lado B del lobby aperturista que tensionó la interna del Gobierno porteño. La curva desaplanada del virus y del hambre. La alianza defensiva con la Rosada.

Para Horacio Rodriguez Larreta, la nueva fase de la cuarentena es una apuesta tal vez más riesgosa que para Alberto Fernández. El Presidente condujo a la Argentina durante casi dos meses de aislamiento extremo y ahora cede a una apertura con la famosa curva de contagios en un ritmo mucho más lento del que existía en el arranque de la pandemia. Pero el jefe de gobierno porteño se encuentra en una estadío en el que no sólo es temprano para relajarse: además, los casos positivos comienzan a acelerar en la Ciudad, sobre todo, a partir de la propagación del COVID-19 en los barrios vulnerables. 

 

Con su vecino Axel Kicillof, Larreta concentra el 86% de los casos a nivel nacional y se enfrenta, como él, al derrumbe de la recaudación y a la demanda de los sectores que quieren volver a producir. Pero los argumentos que lo llevaron hace dos semanas a contradecir a Fernández junto con Kicillof, Juan Schiaretti y Omar Perotti siguen vigentes. 

 

Formalidades al margen, desde el lunes la Ciudad pedirá autorización al gobierno nacional para sumar una lista importante de rubros a la actividad y dará un pasó más hacia la normalidad. Lo contó Letra P: se impone la línea aperturista y queda rezagado el comando sanitarista que lidera Fernán Quirós. Después de escuchar miradas distintas, el jefe de Gobierno se inclina por abrir más en un gesto que puede tomarse como una doble concesión. Primero, ante los datos que el ministro de Hacienda, Martin Mura, y el ministro de Desarrollo Social, José Luis Giusti, le mostraban sobre la caída de los ingresos y la parálisis economica. Después, ante la presión del Circulo Rojo, que se concentra en su territorio y, pandemia mediante, quedó enfrentado al protocolo estricto del PRO que gobierna.

 


LA PROPAGACIÓN. Larreta cuenta 1.713 infectados en la Ciudad desde que se inició la pandemia, pero viene de una de las peores semanas en cuanto a la expansión del virus en las zonas vulnerables, donde ya hay 410 contagios, el 25,7% del total que se registra en el territorio porteño.

 

En las villas, el crecimiento fue notorio en la última semana: el martes fueron 249 casos, el miércoles 300, el jueves 365 y el viernes llegaron al total de 410. Seis personas murieron y 40 recibieron el alta. Las más afectadas son la villa 31 o Barrio Padre Mujica, de Retiro, donde se registraron 280 contagios, y la villa 1.11.14 o Barrio Padre Ricciardelli, que tiene 104 vecinos con COVID-19. También hay casos en Ciudad Oculta o Villa 15 de Lugano, el Barrio 21-24 de Barracas o Villa Zabaleta, el Barrio 20 de Lugano, el Barrio Ramón Carrillo de Soldati, Rodrigo Bueno de Costanera Sur, el Barrio Fátima de Soldati, el Barrio Inta de Lugano y el Barrio Mitre de Saavedra.

 

 

 

Según explicó la Defensora del Pueblo adjunta de la Ciudad, Barbara Bonelli, de los 102 nuevos casos del viernes, el 44,11% corresponden a habitantes de barrios de emergencia. En el Gobierno porteño, hacen una interpretación particular: afirman que no se puede estar seguro de que la pandemia se disparó en la última semana y dicen que ahora se tuvo la capacidad para detectar con más rapidez la foto real de lo que estaba pasando. Como sea, la curva de las villas es alarmante, pero no genera la misma inquietud en los medios ni en la sociedad en general.

 

En las organizaciones sociales, están convencidos de que, para Larreta, se trata de casos de bajo costo. Sin embargo, en este punto como en otros, la alianza del Presidente con el jefe de Gobierno no encuentra fisuras y la Nación respalda la gestión del PRO. Lo repiten a uno y otro lado: la articulación es permanente. 

 


 

 

EL CONTAGIO. Cerca de Larreta dicen que no hay datos ciertos de cómo fue que el Covid-19 entró a los barrios vulnerables. Pero lo hizo y empezó a desatar un proceso de resultados impredecibles. Entre la incertidumbre por el futuro economico, la conciencia de seguir protocolos estrictos y la voluntad de cuidado que se advierte en el distanciamiento y el uso generalizado de barbijos, los habitantes de las zonas postergadas son hoy las víctimas predilectas de una pandemia que llegó en avión.

 

 

 

Los reclamos por la falta de agua en el Barrio Mujica marcaron los últimos días. De excelente relación personal, Rodríguez Larreta, Diego Santilli y la titular de AYSA, Malena Galmarini, hicieron malabares para no acusarse mutuamente. El origen fue una rotura en la planta potabilizadora de AYSA “José de San Martin”, ubicada en la zona norte de la ciudad, que derivó en menos presión para la entrada y salida del suministro en distintos barrios, ninguno con una conexión tan precaria como la villa 31. A eso se sumó que la Ciudad había cambiado la distribución del agua en la zona en el inició de la cuarentena, algo que complicó más las cosas. Fueron nueve días sin servicio en los que, tal como denuncian desde La Garganta Poderosa, el COVID-19 se expandió como nunca. No alcanzaron los bidones ni los camiones cisterna con los que el Gobierno porteño distribuyó 288.000 litros por día. El martes, Galmarini se reunió con funcionarios porteños para acordar que se avanzaría con las conexiones pendientes entre los caños troncales de la red de agua y los caños internos de la red de distribución del barrio. Y el viernes, la titular de AYSA visitó el lugar junto a María Migliore, la ministra de Desarrollo Humano y Habitat de Larreta. Ese mismo día, el operativo conjunto de la Nación y la Ciudad en el barrio arrojó que el 55% de los 118 testeados estaba infectado. 

 

El viernes, un operativo conjunto de la Nación y la Ciudad en el barrio 31 arrojó que el 55% de los 118 testeados estaba infectado. 

En el Ministerio de Desarrollo Humano preocupa lo que sucede en Retiro y en el sur de la Ciudad, en especial, en la 1.11.14. Si el Barrio 31 hoy tiene alrededor de 40 mil habitantes, la villa del Bajo Flores cuenta con una cifra casi idéntica, pero suma la proximidad con un cordón de 20 mil personas más que habita el complejo habitacional del Barrio Illia y el Barrio Rivadavia. Están separados por una calle y la situacion de pobreza es delicada.

 

Según la secretaria de Integración Urbana de la Ciudad, en el Barrio 31 viven 40.320 personas en un radio de 72 hectáreas, lo que arroja 560 personas por hectárea. Pero de acuerdo a la Dirección de Estadísticas y Censos, en el Ricciardeli la población es prácticamente la misma (40.059 personas) en una extensión de 31 hectáreas: la densidad poblaciónal es el doble, 1.292 personas por hectárea. Ahí comenzaran los testeos desde el lunes y lo más probable es que se detecten también aumentos fuertes en la curva. 

 

 

 


EL DESBORDE. Como Fernández, Larreta aparece muy arriba en las encuestas que el Gobierno porteño encarga de forma permanente. Sin embargo, con la extensión del encierro y el impacto de decisiones como la de prohibir la salida de adultos mayores o el caso de los sobreprecios en los barbijos que reveló la revista Noticias, las cosas cambiaron y la imagen del alcalde quedó horadada como nunca antes en la historia del PRO como fuerza municipal. 

 

La situación de los sectores que viven en el borde es utilizada ahora como argumento excepcional por grupos empresarios que pasaron de ignorarlos o estigmatizarlos a reclamar el fin de la cuarentena en su nombre. Poco se sabe, sin embargo, sobre lo que sucede en esos territorios, donde sólo llegan de manera permanente el Estado, la Iglesia y algunas organizaciones como La Poderosa.

 

Quienes caminan por los barrios populares aseguran que no ven mucho movimiento de gente. Pese a que para una familia de seis personas resulta inviable manenterse todo el día en su casa, la conciencia del distanciamiento se advierte a cada paso. Hacen un esfuerzo sobrehumano para cuidarse y, sin embargo, el virus se expande debido a la situación de vulnerabilidad histórica, que, según las organizaciones barriales que cuestionan a Larreta, se mantuvo durante los años del PRO como gobierno. En los ultimos dos meses, se multiplió la demanda de asistencia alimentaria directa. En marzo, eran 102.000 personas las que cada día comían en los comedores populares y hace diez días la cifra se había multiplicado hasta llegar a 260.000.