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De la tregua a la guerra, el road media presidencial en la pantalla cuarentenada

La pandemia modificó casi todos los aspectos de la vida social. Altera y condiciona la gestión gubernamental, hegemoniza la agenda mediática y habilita la pregunta por la relación Gobierno-medios.

Argentina ingresó a la pandemia por el Covid 19 con una gestión que acababa de asumir, en una crisis económica muy profunda y con carencias estructurales y coyunturales. En ese marco, la relación entre el Gobierno y el sistema de medios puede parecer un aspecto secundario. Pero se torna relevante cuando la mayor parte de la población se queda en casa por la cuarentena y “asoma al mundo” (al barrio, a la calle, al país) por las pantallas.

 

El país ostenta un sistema de medios de comunicación con dominio privado comercial, altos niveles de concentración –intensificada con Cambiemos- de dueños y audiencias y producción centralizada en Buenos Aires. Pocas cosas son menos federales en el país. El sector puede ser dividido, además, entre medios “afines” y “hostiles” a los gobiernos. Las posiciones se expresan en agendas, líneas editoriales y en las notas de sus “firmas emblemáticas”: periodistas que circulan también en radio y TV y en su mayoría son hombres.

 

A pesar de que en el país las empresas de medios suelen ser “sensibles a los cambios de gobierno” por la dependencia económica histórica, la división entre afines y hostiles es consolidada y muy visible desde 2008. Los roles mutaron con los cambios de gestión en 2015 y 2019. Y suelen ser criterio guía para la asignación de pauta oficial

 

 

Tras atravesar el primer mes de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), con niveles de audiencia y confianza crecientes en los medios tradicionales y en los portales, pero también de la imagen pública de Alberto Fernández, asoma pertinente una pregunta: ¿hay una especie de tregua en la relación medios-gobierno? Si así fuera, ¿es intrínseca de la gravedad de la crisis? ¿Terminó o se extiende con la cuarentena? ¿Se desgasta?

 

PASO A PASO. El 15 de marzo, el Presidente en conferencia de prensa alertó sobre el distanciamiento social, anunció la suspensión de clases y toda actividad que promoviera aglomeraciones e instó al sector público y privado a instrumentar el teletrabajo. Cuatro días después, anunció el comienzo de la “cuarentena”, con excepciones para las actividades consideradas esenciales. Junto a él se encontraban Horacio Rodríguez Larreta, Gerardo Morales, Omar Perotti y Axel Kicillof, como muestra del alineamiento político en medio de la pandemia.

 

El 22 de marzo dio una entrevista en “La Peña de Morfi”, programa de Telefé conducido por Gerardo Rozín. En un cálido encuentro, Fernández aseguró: "Elegí salvar vidas sabiendo que vamos a pagar un costo en la economía". Afirmó que se trabajaba en medidas para monotributistas y pequeños comercios. El rating trepó a los 17 puntos y el Presidente sentó las bases de lo que serían sus apariciones mediáticas.

 

El 26 de marzo fue entrevistado por Rosario Lufrano (presidenta de Radio y Televisión Argentina) y el equipo del noticiero nocturno de la TV Pública. Fernández apostó en esas primeras apariciones televisivas a reforzar la idea de la salud pública: “Los que se demoraron en tomar medidas que protegieran a la gente hoy en día lo están padeciendo”.

 

Lufrano fue blanco de críticas por “mostrar su periodismo militante”. La periodista María O´ Donell destacó como lamentable el desplazamiento de los periodistas por parte de la funcionaria. Las múltiples apariciones del Presidente en entrevistas extensas con medios “hostiles” se combinan con las de medios “afines” y habilitan a hablar de tregua, en una primera etapa.

 

 

 

La primera tensión se daría recién tras la primera extensión del período del ASPO. Se centró en la dicotomía salud pública versus economía (ver Eugenesia 2.0.) El Gobierno debió salir a dar explicaciones en varios frentes el viernes 4 de abril, tras el desmadre generado en los grandes centros urbanos. El amontonamiento de adultos mayores (grupo en riesgo) en los bancos para cobrar jubilaciones el mismo día que beneficiarios de asignaciones familiares buscaban lo suyo levantó críticas y generó malhumor social. La situación fue encasillada por los medios como “rompimiento de la cuarentena”. Y se marcaba una situación contradictoria entre el pedido del Gobierno de “proteger a los mayores” y las filas interminables en los bancos.

 

También afrontó repercusiones por el reclamo del Presidente a los empresarios de que “ganen un poco menos” y que sean “más solidarios con la situación”. Lo había planteado en su conferencia y lo retomó en una de sus entrevistas con Ernesto Tenembaum y Reynaldo Sietecase en Radio con Vos (medio que escucha y con el que suele dialogar). Eran días de aplausos a las 21 en apoyo al personal de la Salud. Y cacerolazos media hora más tarde en reclamo al sector político de “bajarse los sueldos”.

 

¿Hay una especie de tregua en la relación medios-gobierno? Si así fuera, ¿es intrínseca de la gravedad de la crisis? ¿Terminó o se extiende con la cuarentena? ¿Se desgasta?

El reclamo a la “clase política” fue retomado por un sector de “Juntos por el Cambio” que hizo una propuesta de recorte a Sergio Massa, para luego volver sobre sus pasos y mantenerse en stand by. Y contó con visibilidad en los medios hostiles al oficialismo. Con el paso de los días, la protesta se esfumó, al igual que la iniciativa de ese espacio de oposición.

 

En su raid mediático, Fernández concedió entrevistas a casi todo el arco ideológico. Desde Horacio Verbitsky (El Cohete a la Luna) a Joaquín Morales Solá (TN) y Jorge Fontevecchia (Perfil/NetTV). Su exposición televisiva, radial y en la prensa gráfica se centró, principalmente, en las medidas sanitarias en relación al Covid-19 y al costo a afrontar en los aspectos económicos, ayudas a PyMES, impuestos, fuentes de trabajo, el reconocimiento de los errores por el cobro de las jubilaciones y la reorganización para la apertura de las entidades bancarias hasta los problemas por la compra de alimentos con sobreprecios.

 

Por su parte, una receptora constante de crítica de los medios hostiles ha sido, durante todo el período, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. En la primera etapa, los reclamos subrayaban su viaje y regreso desde Cuba junto a su hija. Más adelante, los planteos podían enfocar un día en su “silencio” y al otro, en cómo le “marca la cancha al Presidente”. Una vez que retomó las actividades, los comentarios tuvieron como tema la consulta a la Corte Suprema sobre las sesiones por teleconferencias. La representación que los medios construyen sobre la respuesta del Poder Judicial expone diferencias de interpretación con los especialistas y sintonía en los modos de titular para los críticos y para los afines, que parecen comentar decisiones diferentes.

 

En este contexto, el último fin de semana, en un mensaje grabado, el Presidente extendió el aislamiento administrado. La comunicación fue confusa y habilitó interpretaciones diferentes acerca de la posibilidad de realizar caminatas diarias de 500 metros y sobre la salida de niños, niñas y adolescentes. Luego de un domingo de paseos y decisiones contrapuestas de las provincias más pobladas, debió aclarar su omisión. De inmediato, los medios hostiles retomaron la elipsis comunicativa y cargaron las tintas sobre ese aspecto, el supuesto conflicto con gobernadores y la insostenibilidad del aislamiento.

 

Con esta descripción, es posible sostener que, si hubo tregua en la relación Gobierno-medios, “fue solo un momento”, como canta Vicentico. Se dio en el primer período, en el marco del impacto por los sucesos de países “cercanos al sentimiento cultural” como Italia y España y el temor a “lo que podría pasar acá”. Luego de un mes, parece retomar rasgos tradicionales. Las “firmas” históricamente críticas reorientaron sus enfoques a la oposición “economía y salud” y la “administración política” de la pandemia.

 

 

 

Mientras tanto, en otros países la cuestión parece diferente. En Brasil o Estados Unidos, las intervenciones públicas de los mandatarios son disruptivas y polémicas, sus discursos se destacan por desestimar la gravedad de la enfermedad o desatender las recomendaciones científicas, alentando a la población a continuar con su vida “normal”, lo cual genera críticas desde la mayoría de los medios. En Argentina, la situación es distinta, al menos por ahora. Hasta este fin de semana –por el error en torno a las salidas-, no se habían puesto en cuestión las definiciones del Presidente, al menos las ligadas al COVID-19. Se lo confrontó, por ejemplo, en su cruce con empresarios, en sus guiños al sector sindical y en el tropiezo tuitero con Jonathan Viale

 

Las buenas migas entre los medios de comunicación y los gobiernos argentinos en sus primeros meses de gestión son una constante en la historia del país. Atrás quedaron las chicanas de campaña sobre el rol de Fernández en el Gobierno y de su vice Cristina: la idea del Chasman y Chirolita parece estar aplanada. El dilema es que esa “luna de miel” pasó a un estadio diferente cuando la pandemia cambió todo.

 

La gestión de la comunicación no se reduce a los mecanismos de difusión de la voz oficial. Se extiende en la sistematización de la divulgación de datos, estrategias y planes. Y opera siempre con otros. Es una interacción entre el Estado y la ciudadanía que aparece “mediada” por las pantallas: la TV, las computadoras, los teléfonos celulares. Gestionar la crisis demanda una multiplicidad de cuestiones y áreas tan complejas como diversas. La urgencia las superpone. Y, en ese espacio, ingresa un “otro” algo complejo: los medios. Administrar esa relación es parte de la dificultad del momento. Una más. Habrá que seguir con atención cómo sigue.

 

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