¿Qué pasa con la renegociación de la deuda?

El Gobierno dio a  conocer su propuesta de renegociación de deuda con los acreedores privados bajo legislación extranjera. ¿Se trata de una propuesta dura? ¿Cómo va a terminar este proceso? ¿Esta propuesta despeja el panorama de una economía en medio de un proceso fuertemente recesivo? Estos son los interrogantes que quedan planteados. 

 

Empecemos por la primera cuestión. El Gobierno y sus economistas insisten en que se trata de un planteo durísimo, con una alta quita, en el camino de “no pagar la deuda a costa de un mayor ajuste”. Los grandes acreedores (BlackRock, Greylock Capital Management, Fidelity, Pimco, Templeton) metidos de lleno en la partida de la negociación, cumplen su rol de reforzar esto, planteando que es “inaceptable”. 

 

Pero como en toda partida de poker (o de truco) hay que saber leer tras las mentiras. ¿En qué termina esto? Los consultores locales, que juegan día a día en el mundo de las inversiones, dieron un veredicto unánime: “se esperaba algo más duro”. En concreto, se aguardaba una mayor quita de capital (será de sólo el 5,4%). Esto se expresó en que, inmediatamente de anunciada la propuesta del gobierno, los bonos de deuda de corto plazo (AY24D, AO20D, Bonar 2020, Bonar 2024) subieron su cotización. Si nos guiamos por lo que se ha conocido de la propuesta, los acreedores “castigados” son los que tienen papeles de más largo plazo: ahí sí pegará la fuerte quita en los intereses, que será de 62%. 

 

 

 

Por supuesto, que quedaron muchos interrogantes. Son los que el gobierno probablemente deje abiertos a propósito, para mejorarle la oferta a los acreedores en los próximos pasos de la negociación. Por ejemplo: ¿Se capitalizarán los intereses en los tres años de gracia? ¿Habrá algún primer pago en efectivo? ¿Se implementará un “cupón” PBI similar al del canje 2005?

 

No sabemos cómo terminará la negociación. Incluso no podemos descartar que, con la actual cotización actual bajísima de los bonos, algún grupo de acreedores saque la conclusión de que lo mejor es esperar el default y luego litigar en los tribunales internacionales. Pero la única realidad es que el gobierno argentino sigue apostando al arreglo. Y hasta dónde está dispuesto a negociar quedó establecido en su pedido a la Comisión de Valores de la SEC norteamericana: solicitó autorización para emitir nuevos bonos bajo su legislación por el valor de 51.652 millones de dólares. 

 

Teniendo en cuenta que los 21 bonos sujetos al futuro canje suman 66.238 millones de dólares, ahí tenemos una probabilidad cierta de “hasta dónde” puede llegar la quita argentina. En concreto, bastante más amigable para los acreedores que lo que sucedió en 2005/2010.

 

Por supuesto que queda abierta la pregunta final: con tres años de gracia, una tasa de interés más cercana a la internacional y una quita teórica final de alrededor de 18.000 millones de dólares, ¿se abre un escenario de “sustentabilidad”? En concreto: ¿la Argentina podrá crecer, redistribuir la riqueza y desarrollarse al tiempo que cumple con esa deuda?

 

La respuesta es claramente negativa. A todo esto, habrá que sumarle los 49.000 millones de dólares que, entre capital e intereses, se le adeuda al FMI. Y a ello otros pagos, como el del Club de París. Y las deudas sub-soberanas (las de las provincias). El cúmulo de vencimientos, aún suponiendo que se alcancen los tres años de gracia, tornan imposible pensar que esas acreencias puedan pagarse sin fortísimos planes de ajuste. 

 

Por eso insistimos: no hay salida para la economía argentina sin dejar de pagar definitivamente el total de la deuda externa, incluyendo la deuda con el FMI. En estos tiempos de coronavirus, rupturas de las cadenas de pago a escala mundial e incluso, puesta en cuestión de la propia organización internacional del sistema capitalista, se impone más que nunca esta ruptura soberana, para que todos esos recursos se vuelquen a resolver las más urgentes necesidades populares.
 

 

Marcos Galperin, siempre gana
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