28|1|2021

A marzo

02 de diciembre de 2020

02 de diciembre de 2020

El Presidente cierra su primer cuarto de mandato con evaluación dispar y logros impalpables. Repechaje sin virus y un desafío: recuperar voto extra CFK.

Alberto Fernández cierra su primer año como presidente con la difícil tarea de hacer visible lo invisible. Si bien se anota resultados muy importantes, como el acuerdo con bonistas más grande de la historia, la profundización de la crisis evitada o las vidas salvadas por la gestión sanitaria son resultados impalpables. El desafío urgente, una vez atravesado el verano, será darle cuerpo a su relato. Dicho de otro modo: si el modelo albertista muestra estabilidad y crecimiento, será muy difícil arrebatarle al Frente de Todos (FdT) la victoria en las legislativas 2021; pero, si los números no acompañan, quedará expuesto a un revés factible.

 

El Presidente es un presidente en estudio y puesto bajo una sombra permanente, la de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Esto no es algo que preocupe en la Casa Rosada, donde tienen claro que atravesarán seguramente todo el mandato con Fernández parado frente a ese espejo constante. “Cristina es un liderazgo muy importante y Alberto siempre va a tener que lidiar con eso. Es una alianza que va a transitar esto siempre”, afirma Analía del Franco, dueña de la consultora que lleva su nombre.

 

El perfil de líder en observación de Fernández queda bien claro en un cuadro comparativo que compone parte de un informe que una consultora hizo llegar a sus clientes, muchos de ellos, actores de la primera línea del Círculo Rojo. Según este trabajo, la curva de imagen del Presidente acompaña en paralelo a otra, la de la confianza y expectativa en su capacidad para controlar la inflación. Otra filmina muestra cómo la imagen presidencial recorre el camino inverso al del dólar blue: cuando la divisa ilegal trepa, la evaluación de Fernández cae; cuando la moneda estadounidense se muestra calma, la imagen presidencial respira. En un país acostumbrado a alteraciones frecuentes por la falta de divisas y cruzado por una economía bimonetaria, la evaluación de Fernández está anclada al termómetro del dólar.

 

El analista Juan Germano coincide con este diagnóstico. Identifica cuatro etapas en el primer año de Fernández en el poder: la primera es la luna de miel del triunfo electoral, con 70 puntos de aprobación; después, vino el shock de popularidad, en los primeros dos o tres meses de cuarentena, trepando al 80%; en tercer lugar, está el período mayo-octubre, donde las encuestas revelan una caída grande por “la expansión de las demandas” ante la crisis y las respuestas dispares por parte del Ejecutivo, y la última, la actual, donde “el Presidente detuvo su caída” porque “logró sacar de la agenda lo que más mueve la popularidad de los presidentes: el dólar”. “Si sacás eso, la cosa se tranquiliza”, cierra uno de los socios de Isonomía.

 

 

 

ÉCHALE LA CULPA AL VIRUS. Las condiciones en las que el FdT llegará a las elecciones del año próximo están atadas al resultado económico de 2021. Esto no es una novedad para nadie, pero lo interesante es el enfoque comunicacional en torno a esta lectura. “Lo que más se juega el Gobierno es su relato, en el buen sentido”, explica Germano. Y sigue: “Los resultados económicos son malos, pero ahí viene la política para determinar si eso fue por la pandemia o por la cuarentena. Es una discusión que se da en todo el mundo. Cuando la política responsabiliza por la economía a un agente externo, generalmente no funciona. Eso le pasó a Cristina y le pasó a (Mauricio) Macri. Hay que ver si el coronavirus es tan poderoso como para lograr cambiar eso. Ese es el gran signo de interrogación”.

 

“El quid de la cuestión para la gente, no para el núcleo duro del FdT, es que la actividad económica empiece a mostrar resultados. Se evitaron cosas importantes, pero la opinión pública no registra lo que se evita”, amplía Del Franco.

 

Carlos Fara enfoca otro desafío para Fernández. “El principal problema lo tiene con los ocho o diez puntos que sacó por encima del techo de Cristina, que fueron a él por la moderación. Fernández llegó para ser un equilibrista moderado, pero no cumplió el contrato de moderación”, entiende el presidente de Carlos Fara & Asociados.

 

Para Germano, ese porcentaje en juego es más grande, “el 20% que define la elección”. “La imagen de Alberto empieza a parecerse a la de Cristina, porque fue perdiendo el diferencial de gente que lo aprobaba a él pero no a ella”, sostiene el analista. El informe que circula en el Círculo Rojo, al que accedió Letra P, muestra que, cuandoel pico de popularidad de Fernández llegó al 78% –entre abril y mayo-, seis de cada diez de esos encuestados también tenían imagen positiva de la vicepresidenta; en noviembre, con una aprobación presidencial por debajo del 50%, ya son siete de cada diez quienes también avalan a Cristina. Es decir que el acompañamiento que perdió el Presidente fue mayoritariamente entre quienes avalaban su figura, pero no la de su compañera de fórmula. Fara define a ese universo como los y las “no-no”: “Son a quienes no les gusta Macri, pero no quieren que vuelva Cristina”.

 

Igualmente, Germano aclara que esa porción de apoyo que Fernández perdió no fue a parar a manos de la oposición: “Ese 20% no se quedó en ningún lado”. Es un territorio recapturable para el oficialismo si la gestión económica acompaña, porque “es un voto muy volátil”. “Es el voto que a las encuestas las está matando, muy difícil de medir, de leer”, completa.

 

Del Franco tiene pocas dudas. “Hoy, el oficialismo gana la elección de octubre”, afirma. Agrega que el Presidente llega a fin de año “muy querido, valorado, con mucho acercamiento” a la gente, pero que “es imprescindible que el Gobierno esté activo, que empiece a moverse”.

 

La mirada menos optimista la aporta Fara. Entiende que Fernández está pagando caro “el desdibujamiento del liderazgo”, algo que queda en la mira por la crisis económica. “Si las cosas anduvieran bien económicamente, todo el mundo se olvidaría de la política”, opina el consultor y agrega que “empezar a modificar la aprobación, una vez que te caíste, cuesta más, y más después de una primera decepción”.

 

Frente a un año electoral donde cada vez asoma más factible la posibilidad de una suspensión de las PASO, el Gobierno tendrá entre siete y ocho meses clave, entre marzo y octubre, para recuperar ese acompañamiento que la pandemia y algunos errores propios –algunos no forzados- le hicieron dejar en el camino. Antes de eso, ante una experiencia de vacaciones de verano con aislamiento, tendrá otro desafío: mostrar pericia para el inicio de una campaña vacunatoria gigante e inédita. El ojo de ese votante crítico, blando, volátil, estará puesto sobre este período crucial.