SEMANA SANTA FE

El abrazo partido

Dura el cimbronazo en el PJ santafesino. El gobernador no hace pie en el Senado, que le maneja los tiempos de su agenda. Fallas de conducción antes de votar.

Omar Perotti no pudo ordenar el PJ desde que asumió. Su enfrentamiento con el grupo de senadores y dirigentes que lidera Armando Traferri no nació la semana pasada. Tiene historia y varios capítulos. De fondo, prima la falta de confianza mutua y una forma diferente de hacer y entender la política.

 

El gobernador no dio declaraciones sobre el golpe que le aplicó la Legislatura a su gobierno y en especial a Marcelo Sainal convertir en ley dos proyectos que apuntan directamente contra la tarea del ministro de Seguridad. Si bien debió aislarse porque el criminólogo dio positivo de coronavirus, el rafaelino eligió el silencio para procesar el río revuelto. Típico de su estilo, Perotti dejó pasar el tiempo.

 

Los senadores, en cambio, entienden –y es algo innegociable para ellos– que son los intermediarios en el territorio entre el Ejecutivo y los intendentes. A quien los quiera puentear se la cobran. En ese tire y afloje permanente, nadie da el brazo a torcer. Hay momentos de calma, hasta de abrazo fraterno, pero siempre llega la estocada.

 

Para un perottista de raza, la situación es repetitiva desde antes de que asumiera Perotti. El dirigente consultado con Letra P cree que el juego de Traferri, Rubén Pirola y compañía arrancó en medio de la transición entre el socialista Miguel Lifschitz y el actual mandatario y se repitió más de una vez. En los últimos días, como publicó Letra P, un grupo de senadores amagó con hacer rancho aparte. Lo reveló Marcelo Lewandowski, quien agregó este viernes: “ Parte del PJ está más cómodo como oposición que como oficialismo”. Habla de Traferri y otros. Está claro.

 

 

 

¿Pero qué tan beneficioso para Perotti sería un hipotético rompimiento de bloque? ¿No sería debilitar más aun la figura del Ejecutivo? Números: en la actualidad, hay 12 senadores PJ y siete radicales. Los ucerreístas están partidos en dos grupos de cinco y dos, pero suelen votar en línea, y el espacio mayoritario de la UCR, liderado por Felipe Michlig, tiene una sintonía más que fina con el conducido por Traferri. No le dan los números al gobernador para imponer su peso. Con los ojos cerrados, solo le responden seis de 19.

 

Los senadores del PJ tienen sus distritos con prescindencia de alzarse o no con el gobierno provincial. En 2019, les salió más que bien y pusieron a Alejandra Rodenas como vicegobernadora, pero siempre van a hacer su juego. Su estrategia de supervivencia en la Cámara alta obliga a cada gobernador a negociar bajo condiciones ajenas. Se llame Lifschitz, Perotti o Montoto.

 

 

 

Perotti pretendió romper ese esquema, dejar en claro que el lazo lo tiene él. Cuando los senadores olieron dicho juego, empezó el enfrentamiento, pero el gobernador no tiene mucha soga, ya consumió un año de gobierno y necesita cerrar pacíficamente con la aprobación del presupuesto, que llegaría el lunes.

 

No obstante, 2021 es electoral y no tendrá en 2023 una reelección a mano. De ahí que no puede permitirse más deslices. Necesita llegar ordenado al año próximo, al frente de la gestión y, también, de la coalición que lo puso en la silla más lucida de la Casa Gris. Corre riesgos por las dos bandas, si acuerda o rompe con el bloque, pero el costo de cada jugada es lo determinante.

 

El exintendente de Santa Fe, Emilio Jatón y el exsecretario general Mariano Granato.
El gobernador Pullaro y el ministro de Economía Pablo Olivares.

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