21|1|2021

La grieta que manchó la pelota

26 de noviembre de 2020

26 de noviembre de 2020

El operativo para el funeral de Maradona falló y terminó con un pase de facturas entre la Nación y la Ciudad. El Presidente tras las rejas y la bronca de CFK.

-El coche fúnebre que trasladaba los restos de Diego Maradona atravesó el perímetro externo de la Casa Rosada que da a la avenida Rivadavia a las 17.46. Algunos fanáticos del máximo ídolo del fútbol argentino lo vieron salir subidos a las rejas que rodean el edificio.

 

-Un rato antes, un grupo de operarios debió reparar el otro enrejado, el de la fachada hacia la calle Balcarce, que rompió un grupo más enardecido al intentar violar la seguridad y llegar lo más cerca posible del féretro.

 

-Luego de este mantenimiento de emergencia, el propio presidente Alberto Fernández debió salir a hablar con la gente y pedirle tranquilidad para rehabilitar el ingreso.

 

-Al rehabilitarse, otro grupo ingresó sin seguir las recomendaciones de seguridad y se apostó en el Patio de las Palmeras, el pulmón de la casa de Gobierno, refrescándose con el agua de la fuente.

 

-Todos habían llegado hasta ahí luego de penetrar el vallado dispuesto por el operativo policial a la altura de la avenida 9 de Julio, donde se produjeron algunos incidentes, heridos y detenidos.

 

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Las responsabilidades por toda esta secuencia de descontrol político fueron un pase de manos entre la Nación y la Ciudad que hasta tuvo su correlato en un tuit oficial. Ni el comando unificado ni las decisiones de las autoridades de seguridad a cargo del operativo ni la decisión política de ceder a la familia Maradona las facultades de definir las condiciones del sepelio más multitudinario que haya registrado la Argentina lograron poner control al último adiós a Diego.

 

 

 

La fiesta no se empañó, no pasó a mayores y los restos del 10 ya descansan en el cementerio privado de Bella Vista, donde permanecerán, pero miles y miles de personas se quedaron sin despedirse del argentino más argentino de todos.

 

Funcionarios del gobierno nacional salieron rápidamente a despegarse de la represión que la Policía de la Ciudad ejecutó en los límites del operativo, sobre la 9 de Julio. Eso pasó cerca de las 14. A esa altura, la familia ya había ratificado su deseo de que las exequias no se extendieran más allá de las 16. Tanto el Presidente como la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner intentaron convencer a Claudia Villafañe de que no era lo más conveniente, pero dejaron todo en sus manos. Lograron anunciar la extensión hasta las 19, algo que finalmente no pasó.

 

Tras los incidentes y los desmanes adentro de la Rosada, que derivaron en un traslado del féretro con el cuerpo de Maradona a otro salón de Balcarce 50, Villafañe y sus hijas se hartaron. “Una vez que se controló de manera pacífica la situación, la familia transmitió su deseo y voluntad de dar por concluida la ceremonia”, confirmó un comunicado de Presidencia. Las facultades delegadas ya eran oficiales.

 

 

 

Cristina se retiró dejando una foto para la historia, su abrazo con Claudia, y también todo lo que le quedaba de humor en la Casa Rosada. Se fue muy enojada por el resultado final de toda la jornada.

 

Según la Ciudad, su policía no hizo nada que no haya sido autorizado por el comando unificado que lidera el Ministerio de Seguridad de la Nación. “La policía actuó bajo las órdenes que se recibieron”, esgrimió. En el medio, hubo una conversación telefónica entre la ministra nacional, Sabina Frederic, y el de la Ciudad, Diego Santilli. El pedido fue claro: que los oficiales porteños dejaran de reprimir; la respuesta, explican desde la Nación, fue el levantamiento completo del vallado, lo que permitió el ingreso descontrolado de gente por Avenida de Mayo que acabó con una Casa Rosada prácticamente sitiada. Básicamente, un pase de facturas.

 

Santilli estaba enojado porque el Gobierno le apuntó a la Ciudad. “Le exigimos a @horaciorlarreta y @diegosantilli que frenen ya esta locura que lleva adelante la Policía de la Ciudad. Este homenaje popular no puede terminar en represión y corridas a quienes vienen a despedir a Maradona”, tuiteó el ministro del Interior, Eduardo de Pedro, pasadas las 16. Una hora antes, el subsecretario de Seguridad de la Nación, Luis Morales, dio una entrevista a Radio con Vos abriendo la puerta a la grieta: “El gobierno nacional no tiene jurisdicción como para ordenar tal represión y, si la tuviese, no hubiera ordenado semejante represión".

 

 

 

Las respuestas no tardaron en llegar y Twitter se transformó en el ring vanalizado de una disputa política que nada tenía que ver con el dolor por la muerte de Maradona ni con su último adiós. Tuiteó la exministra de Seguridad Patricia Bullrich -“La responsabilidad de lo que está sucediendo es del Presidente de la Nación por permitir el velatorio en Casa Rosada”, dijo-, el senador Martín Lousteau –“ Da vergüenza que en medio de esta tristeza colectiva, estén intentando sacar rédito político de TODO, sin hacerse cargo de NADA”, escribió- y hasta el diputado y presidente de la UCR Alfredo Cornejo –“ El gobierno de @alferdez quiso hacer suyo el velorio de Maradona. Lo hizo en un lugar cerrado y en plena pandemia. Podía terminar mal y terminó mal”, tuiteó-. El operativo blindaje del jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, no requirió ni de su intervención personal.

 

A todos les respondió el propio Fernández, en una entrevista a radio Continental. "Si no hubiéramos organizado el velorio, hubiese sido peor. Todo funcionó muy bien hasta que algunos se precipitaron porque se iban a quedar afuera", dijo. Evitó hacer caer responsabilidades sobre el Gobierno de la Ciudad.

 

Algunos otros incidentes, menores, se produjeron en San Miguel, a la llegada de la caravana fúnebre que trasladó hasta el cementerio los restos de Maradona. La figura más figura de la historia de la Argentina y su efecto en la pasión popular sobrepasó cualquier previsión, pero también se transformó en otra cancha para el partido de la grieta; un partido que Diego, igualmente, se murió jugando.