25|6|2021

La semana de la ruptura

02 de noviembre de 2020

02 de noviembre de 2020

La alianza opositora desnudó en días las internas que controló largos meses. Rebelión en el Congreso, el huracán Lilita y el adiós ganso. El menú de ocho pasos.

Podrían identificarse varios detonantes. La carta de Cristina Fernández de Kirchner, los movimientos en el Senado en torno a la candidatura de Daniel Rafecas a la Procuración, el hartazgo de gobernadores opositores con las posiciones del ala ultra del macrismo, la ausencia de contención para posiciones divergentes o la mera necesidad de provocar un sacudón interno. Por todo esto o por nada de todo esto, Juntos por el Cambio (JxC) cerró su peor semana como alianza, evidenciando deshilachadas costuras y sembrando un manto de duda sobre su futuro inmediato.

 

Podrían identificarse al menos ocho movimientos en las bases de sustentación de una alianza que solo sufrió embates desde adentro. Dicho de otro modo: todo lo que le costó al Frente de Todos (FdT) articular acciones para desestabilizar a sus rivales lo consiguió Mauricio Macri con una serie de reportajes. Pero, esta vez, ninguno de los ocho movimientos tuvo origen en la acción u omisión del expresidente. O no directamente.

 

HOLA, SOY LILITA. Fue acelerando. Arrancó con un hilo de tuits desde la cuenta oficial de la Coalición Cívica y terminó en “Macri ya fue” –movimiento 1-. Elisa Carrió transformó la calma de su chacra en Exaltación de la Cruz en un búnker para retomar las riendas de la interna opositora como una activista central. El juego que mejor juega.

 

 

 

Jugada maquiavélica o no de CFK, lo cierto es que bastó con que Oscar Parrilli convocara a la Comisión de Justicia del Senado para discutir proyectos de Martín Lousteau y Lucila Crexell (ambos, del interbloque de JxC) para que Carrió activara su sistema inmunológico antikirchnerismo y saliera a reclamar un giro en la resistencia macrista y radical al pliego de Rafecas. Pedía un “gesto institucional” que “tiene que salir de las pequeñeces personales”. Ese señalamiento a “pequeñeces personales” tiene un solo destinatario y se llama Mauricio Macri.

 

 

 

Más tarde, el diputado lilito Juan Manuel López reveló cómo se había comprado el paquete completo. “Circulan otros nombres, como el de Graciana Peñafort, directora de Asuntos Jurídicos del Senado”, si se cae la opción Rafecas. Nadie se ocupó de revisar que la propia abogada ya había desestimado esa opción. Esta jugada de Carrió provocó tanto enojo que el senador macrista Ernesto Martínez cuestionó abiertamente la oposición de la fundadora del ARI, a la que llamó “señora gorda” –movimiento 2-. Desde Twitter y cargada de ironía, la propia exdiputada le avisa de una denuncia por discriminación.

 

EXALTACIÓN DE LA FOTO. En una sola imagen, Carrió consiguió mostrarle a Macri que su posición no es aislada y que cuenta con peso propio en la mesa nacional de JxC. Es la foto en su chacra, hasta donde fueron a visitarla Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal –movimiento 3-. A partir de esta foto, surgió una versión de reunión urgente de la cúpula cambiemista. Finalmente, ese Zoom se haría recién la próxima semana, aunque nadie descarta adelantarlo.

 

 

 

De esa foto surgieron, además, nuevas voces. “Comparto la decisión de Carrió”, le dijo el vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli, a Clarín –movimiento 4-, sobre la necesidad de darle luz verde al pliego de Rafecas. No fue el único. El presidente del bloque de diputados del PRO, Cristian Ritondo, también aprovechó una entrevista para soltar elogios al juez federal.

 

IMPACTO EN EL CONGRESO. Después de casi un año de gestión, en el que el autoproclamado sector dialoguista de JxC se limitó a un dialoguismo off the record sin muestras palpables, llegó algo más o menos estimable. Entre los gobernadores radicales de Jujuy, Gerardo Morales, y de Corrientes, Gustavo Valdés, le aportaron cinco votos al Presupuesto 2021 en la Cámara de Diputados –movimiento 5-; cinco voluntades que se rebelaron al mandato general y transformaron en apoyo demostrable los interminables gestos de la Casa Rosada con Morales, Valdés y, también, el mendocino Rodolfo Suárez. No fueron determinantes: al oficialismo le sobraron diez votos para la ley de leyes y, si bien en la cancha se ven los pingos –en política, sería “el apoyo se ve cuando los votos se necesitan”-, la jugada marcó un antecedente inédito.

 

 

Los rebeldes que quebraron el mandato de abstención y votaron en contra el Presupuesto.

 

 

Pero las rebeliones no se limitaron a eso. A contra mano, la línea ultra que representaron macristas como Fernando Iglesias, Omar de Marchi y Luis Juez o “lilitas” como Mariana Zuvic, Paula Oliveto y Mónica Frade, mostró que no reconoce jefaturas en los moderados de JxC, como Rodríguez Larreta, uno de los que operó para que la alianza opositora se inclinara por la abstención y no por el rechazo al Presupuesto. Dejaron claro que ni Ritondo (presidente del bloque PRO) ni Maximiliano Ferraro (presidente del bloque de la CC) los representan. En total, 13 bancas de JxC votaron en contra –movimiento 6-.

 

Quien sí acompañó el Presupuesto fue Felipe Álvarez e inmediatamente después anunció que escindía su monobloque del paraguas de JxC –movimiento 7-, en manos del radical Mario Negri. Por ahora, no asoman más bajas inminentes. Da la sensación de que bastaría con que algo por afuera empezara a tomar volumen para que el éxodo se produjera, como quien espera que un bote se arrime al barco para bajarse.

 

 

La renuncia de Álvarez al interbloque macrista.

 

 

ADIÓS, GANSOS. Este sábado, el Partido Demócrata, histórica tercera fuerza detrás del PJ y la UCR en Mendoza, anunció su salida del Frente Cambia Mendoza, el sello que armó en la provincia para aliarse al PRO y el radicalismo y que consiguió ganar las últimas dos elecciones a gobernador. Lo hizo en muy duros términos contra el gobierno de “Rody” Suárez, por su plan económico y su decisión inconsulta de enviar a la Legislatura una reforma constitucional.

 

Esta salida puedo provocar un maremoto en el oficialismo mendocino. Por caso, Alfredo Cornejo ganó las elecciones de 2015 con apoyo de los “gansos” por siete puntos de diferencia sobre el peronismo. En las elecciones anteriores, en 2011, el Partido Demócrata había conseguido casi el 16% de los votos. Suárez se impuso el año pasado por 15 puntos. ¿Será sostenible ese dominio sin su socio conservador y clave?