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Fernández espera liquidar la elección el 27-O para negociar con el FMI el 28

Sabe que el país necesita que se destrabe el desembolso de 5.400 millones de dólares, pero prepara una discusión global sobre el acuerdo. Lecturas de la interna ajena. Contacto con Wall Street.
Por 16/09/2019 13:09

El candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández, tiene marcados en su calendario dos días, consecutivos, que serán decisivos para los próximos cuatro años de su vida: el 27 de octubre, claro, cuando espera revalidar su desempeño de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y definir a su favor el pleito electoral con Mauricio Macri; y el 28, cuando la crisis lo forzaría, en tal caso, a comportarse como algo más que un presidente electo y a poner en marcha difíciles negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Está en juego la posibilidad de que el organismo internacional destrabe los 5.400 millones de dólares del desembolso que debería haber llegado este mes pero que se demorará debido al desmadre de la economía luego de las PASO y a la incertidumbre electoral. Para la Argentina, gobierne quien gobierne, ese dinero es fundamental para que los compromisos de deuda de lo que resta del año no se lleven lo poco que queda de reservas netas en el Banco Central o no profundicen el default selectivo consumado, más allá de las idas y vueltas de las calificadoras de riesgo, con el “reperfilamiento” de las Letras en pesos y en dólares.

El ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, también tratará la cuestión del giro los próximos días 25 y 26 y tiene confianza en que ese dinero llegará en algún momento entre la primera vuelta electoral y el cambio de mando del 10 de diciembre. Sin embargo, la tarea solo podrá tener éxito si Fernández, después de un eventual triunfo, se suma a las gestiones.

 

 

Hasta el 27, este último repetirá que aún no es más que un candidato y no un presidente electo y que no piensa cogobernar ni hacerse cargo de lo que entiende como la irresponsabilidad de la actual administración. Sin embargo, si vence el 27-O por el margen suficiente como para evitar un ballotage, su decisión es iniciar de inmediato los contactos con el FMI.

 

El ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, también tratará la cuestión del giro los próximos días 25 y 26 y tiene confianza en que ese dinero llegará en algún momento entre la primera vuelta electoral y el cambio de mando del 10 de diciembre. Sin embargo, la tarea solo podrá tener éxito si Fernández, después de un eventual triunfo, se suma a las gestiones.

 

En la misma línea de tratar de suavizar en todo lo posible el debut de su eventual gobierno en el frente financiero, también planea entablar un diálogo directo con fondos de inversión clave de Wall Street, algo que hasta el momento se ha dado a través de emisarios oficiosos.

Con el Fondo, Fernández quiere discutir primordialmente el desembolso de los 5.400 millones de dólares y resaltar la importancia de que llegue al país antes de fin de año, pero, pese a esa urgencia, pretende también replantear globalmente del acuerdo Stand-by de 57.000 millones de dólares que el organismo le concedió al país. Ocurre que, además de ese giro, hay que definir cómo y cuándo el país devolverá ese mega préstamo, el más grande de la historia del Fondo.

Los emisarios del FMI Alejandro Werner –jefe del Departamento de Hemisferio Occidental-, Roberto Cardarelli –encargado del caso argentino-y el jamaiquino Trevor Alleyne –representante con base en el país- ya le habían pedido al peronista en el encuentro del 26 de agosto señales concretas de apoyo al Stand-by y al mencionado desembolso. Fue en ese punto de la charla que se produjo el juego del teléfono descompuesto sobre el “vacío de poder” entre un gobierno que presuntamente se va y uno que presuntamente llega.

Sin embargo, Fernández decidió mostrar los dientes pensando en las duras tratativas que vienen y sus economistas, también presentes en el encuentro, Guillermo Nielsen y Cecilia Todesca emitieron un duro comunicado en el que el sector hizo a la entidad corresponsable de la “catástrofe social” en la que cayó el país.

Asimismo le reprocharon que “los créditos otorgados por al Gobierno hayan sido utilizados, en gran parte, para financiar la salida de capitales”. “A la fecha, los desembolsos totales efectuados por el FMI suman un total de 44.500 millones de dólares aproximadamente y representan casi el 80% del préstamo total. De acuerdo con las cifras oficiales disponibles, entre junio de 2018 y julio de 2019, salieron del sistema 27.500 millones de dólares en concepto de formación de activos externos de libre disponibilidad (fuga de capitales argentinos) aproximadamente y 9.200 millones de dólares por inversiones extranjeras especulativas (reversión de inversiones de capitales golondrina). En total la salida neta de dólares supera los 36.600 millones de dólares, lo que representa más del 80% de los desembolsos recibidos hasta la fecha”, dispararon.

En ese sentido, el mensaje llegó claro: “Este fenómeno constituye un incumplimiento flagrante a lo dispuesto por Artículo VI del Acta Constitutiva del organismo”.

 

 

El vocero del organismo, Gerry Rice, se vio  obligado el último jueves a rebatir dicha acusación.

 

 

Ante la complejidad de las negociaciones que vienen, Fernández ensayó un gesto: su reunión en Portugal con el primer ministro socialista António Costa, quien ensayó una exitosa línea económica heterodoxa a pesar de que el país también se encontraba bajo un programa del Fondo.

El presidenciable sabe que hay diferencias entre ambos casos, ya que Portugal recibió respaldo, además del organismo, de la Unión Europea, pero de cualquier manera su visita constituyó un mensaje dirigido no solo al Fondo sino también a sus principales socios, especialmente Estados Unidos.

 

 

El albertismo cuenta con que el FMI tiene una discusión interna sin saldar por su involucramiento en la crisis argentina y que un fracaso del Stand-by también sería suyo. A esa transición se suma, entiende, la incertidumbre por la llegada de la búlgara Kristalina Georgieva en lugar de quien impulsó el acuerdo, Christine Lagarde.