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En su peor momento, la gobernadora busca no perder el control, se encierra en su mesa chica y apuesta a retomar la campaña intentando desinflar la derrota. Las diferencias con el Presidente.
Por 12/08/2019 20:59

Este lunes, con pocas horas de sueño y el sabor amargo que le dejó la derrota electoral en las PASO del domingo, la gobernadora María Eugenia Vidal mostró su perfil más moderado y la capacidad de control que tiene sobre sus emociones en el peor momento de su carrera política.

Con el peso, para algunos irremontable, de los 17 puntos de diferencia con el candidato del Frente de Todos, Axel Kicillof, Vidal decidió salir a hablar y lo hizo en un tono conciliador, lejos del desborde que mostró una hora después su jefe político, el presidente Mauricio Macri, quien apuntó con rabia contra el kirchnerismo.

Vidal esquivó definiciones precisas, autocríticas y algún punteo sobre la futura estrategia proselitista. Por el contrario, retomó su postura calma y su alusión constante a los ciudadanos y evitó señalar responsables externos de la derrota.

 

 

Descartó una mirada nostálgica sobre el proyecto -obturado por Marcos Peña y Macri- de desdoblar las elecciones bonaerenses de las nacionales, que podría haber aumentado las chances de una mejor performance electoral. Antes, la noche del desastre, había elegido el silencio, cierto amparo detrás de la figura de Macri y también una suerte de reclusión en su mesa chica, en su grupo de confianza, distante de Peña, una de las figuras más cuestionadas por el vidalismo.

En la mañana de este lunes, la gobernadora se levantó temprano y encaró hacia el despacho que tiene en la calle Libertador, en la zona de Retiro, donde tuvo un encuentro privado con su jefe de Gabinete y persona de mayor confianza, Federico Salvai. Como jefe de campaña, Salvai también resultó de los más golpeados por la derrota y, según cuentan, “muy dolido” por el resultado y el futuro de su jefa.

 

 

La gobernadora comandó luego una reunión de gabinete, donde, según refirieron a este portal, esbozó un discurso reflexivo, con más esperanza que críticas y sin reproches directos con nombre y apellido. Hubo devoluciones de los ministros, dos de los cuales son candidatos, como el titular de Seguridad, Cristian Ritondo, que encabeza la lista para diputados nacionales, y el ministro de Desarrollo Social, Santiago López Medrano, postulante a la intendencia de San Martín que perdió de forma estrepitosa, por 23 puntos aproximados de diferencia contra el intendente peronista Gabriel Katopodis.

También hubo una porción dedicada a la coyuntura, con la estampida del dólar y el desajuste de los mercados post primarias. Consciente del rebote que la nueva crisis tendrá en la provincia, cuentan que Vidal observó los datos actuales de la situación y pidió ordenar medidas de salvataje social para afrontar una nueva tormenta.

La gobernadora no estuvo con Macri ni con funcionarios nacionales durante las últimas horas del domingo y el inició del lunes. Guardó ese tiempo para estar con su núcleo duro, muy golpeado por la situación pero atento a lo que viene.

 

 

Quizá por ese motivo, su posición, su estrategia inmediata no fue salir a golpear al peronismo y al kirchnerismo, sino, por el contrario, mostrar moderación aunque también ninguna precisión sobre el impacto de los resultados, el futuro electoral y las consecuencias que la mala elección le generaron a los intendentes propios, que podrían perder sus municipios en octubre.

Vidal fue Vidal, como se cansó de repetir durante el último tramo de la campaña hacia las PASO. Y dejó que Macri fuera Macri. En el medio, frustración y enojos, y reproches por ahora velados que le comienzan a llegar de las comunas y también de sus socios en la coalición de gobierno.

“Mi tarea es escuchar, no buscar culpables afuera ni enojarme con el voto de la gente, sino ponerme en el lugar de autocrítica y revisar mi parte”, dijo en un tramo de la conferencia de prensa que brindó este lunes. Y se diferenció de su jefe.