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La ministra de Seguridad, una de las figuras fuertes del gabinete, clamó por el blanqueo laboral y la ley de barras. Y, fiel a la estrategia electoral, contrastó los modelos M y K.
Por 10/04/2019 14:17

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, lanzó este miércoles un discurso de tono duro, casi el de una candidata en campaña, durante el tradicional almuerzo en el Rotary Club. Arremetió contra la CGT, contra la oposición del Congreso y, en particular, contra el kirchnerismo, cuyo modelo, dijo, se opone al de una sociedad democrática. Tuvo tiempo inclusive para dejar flotando la duda sobre una posible candidatura a vicepresidente junto a Mauricio Macri: “Nadie me dijo nada. Sigo siendo ministra de Seguridad”, esquivó.

A los sindicalistas “les importa un pito el blanqueo laboral”, disparó desde el atril, mientras los presentes almorzaban. En esa línea, se ufanó de “la pelea que estamos dando contra las mafias, que nos hace chocar con intereses que están fijos y no quieren moverse”.

Respecto de las complicaciones del momento económico, la funcionaria, una de las preferidas del presidente Macri, explicó que “estamos en la mitad del río y tenemos que atravesarlo”, agregó.

 

La ministra Patricia Bullrich, junto al titular del Rotary Club, Ubaldo Aguirre.

 

Negó, asimismo, roces entre los aparatos de seguridad de la Nación y de la provincia de Buenos Aires, algo sobre lo que se habló mucho debido a un trágico tiroteop entre efectivos de ambas jurisdicciones, ya que "nos pegaríamos un tiro si jugáramos en contra de María Eugenia Vidal, que es nuestra gobernadora”.

“Los que tenemos enfrente son los que están esperando que el pasado que carcomió la Argentina vuelva”, indicó con dureza, en clara referencia al kirchnerismo.

“La Argentina está pasando de un modelo corporativo a un modelo democrático”, insistió en esa línea, con la que Cambiemos pretende dividir aguas de aquí a las elecciones de octubre.

 

 

También tuvo munición para dispararles a los diputados de la oposición, que la semana pasada lograron forzar una sesión especial con una agenda social, aunque sin lograr las mayorías especiales que les permitieran sacar adelante las iniciativas.

“Dejen de estar en el chiquitaje y voten la ley de los barras. (Los barras) son los que manejan la droga. Les pido que dejen de apañarlos, como cuando los llevaron al Mundial de Sudáfrica”, soltó.

Hasta tuvo tiempo de dedicarle una alusión al empresario de la carne Alberto Samid, que acaba de ser repatriado tras su fuga a Belice.

 

 

“Hace 25 años que se hace el vivo. El Presidente me pidió que le diga a la sociedad que Samid es el ejemplo de que se acabaron los vivos”, señaló.

“Acá el que no paga los impuestos y el que se hace el vivo va en cana”, enfatizó.

Samid “se paseó por todos los canales de TV siendo el argentino vivo. Cerrando frigoríficos, rompiendo patas de vacas de otros campos. Queremos el fin de la impunidad. Esta vez la viveza le duro cuatro días”, insistió.

En referencia a la relación entre la sociedad y las fuerzas de seguridad, uno de sus caballitos de batalla, enfatizó que “el caso (de Santiago) Maldonado fue un quiebre de la cultura de la estigmatización. Muchos políticos y algunas organizaciones deberían pedirles perdón a los gendarmes, a quienes acusaron de asesinos”.

En modo campaña, Patricia Bullrich atendió a la CGT, al Congreso y a los K

La ministra de Seguridad, una de las figuras fuertes del gabinete, clamó por el blanqueo laboral y la ley de barras. Y, fiel a la estrategia electoral, contrastó los modelos M y K.

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, lanzó este miércoles un discurso de tono duro, casi el de una candidata en campaña, durante el tradicional almuerzo en el Rotary Club. Arremetió contra la CGT, contra la oposición del Congreso y, en particular, contra el kirchnerismo, cuyo modelo, dijo, se opone al de una sociedad democrática. Tuvo tiempo inclusive para dejar flotando la duda sobre una posible candidatura a vicepresidente junto a Mauricio Macri: “Nadie me dijo nada. Sigo siendo ministra de Seguridad”, esquivó.

A los sindicalistas “les importa un pito el blanqueo laboral”, disparó desde el atril, mientras los presentes almorzaban. En esa línea, se ufanó de “la pelea que estamos dando contra las mafias, que nos hace chocar con intereses que están fijos y no quieren moverse”.

Respecto de las complicaciones del momento económico, la funcionaria, una de las preferidas del presidente Macri, explicó que “estamos en la mitad del río y tenemos que atravesarlo”, agregó.

 

La ministra Patricia Bullrich, junto al titular del Rotary Club, Ubaldo Aguirre.

 

Negó, asimismo, roces entre los aparatos de seguridad de la Nación y de la provincia de Buenos Aires, algo sobre lo que se habló mucho debido a un trágico tiroteop entre efectivos de ambas jurisdicciones, ya que "nos pegaríamos un tiro si jugáramos en contra de María Eugenia Vidal, que es nuestra gobernadora”.

“Los que tenemos enfrente son los que están esperando que el pasado que carcomió la Argentina vuelva”, indicó con dureza, en clara referencia al kirchnerismo.

“La Argentina está pasando de un modelo corporativo a un modelo democrático”, insistió en esa línea, con la que Cambiemos pretende dividir aguas de aquí a las elecciones de octubre.

 

 

También tuvo munición para dispararles a los diputados de la oposición, que la semana pasada lograron forzar una sesión especial con una agenda social, aunque sin lograr las mayorías especiales que les permitieran sacar adelante las iniciativas.

“Dejen de estar en el chiquitaje y voten la ley de los barras. (Los barras) son los que manejan la droga. Les pido que dejen de apañarlos, como cuando los llevaron al Mundial de Sudáfrica”, soltó.

Hasta tuvo tiempo de dedicarle una alusión al empresario de la carne Alberto Samid, que acaba de ser repatriado tras su fuga a Belice.

 

 

“Hace 25 años que se hace el vivo. El Presidente me pidió que le diga a la sociedad que Samid es el ejemplo de que se acabaron los vivos”, señaló.

“Acá el que no paga los impuestos y el que se hace el vivo va en cana”, enfatizó.

Samid “se paseó por todos los canales de TV siendo el argentino vivo. Cerrando frigoríficos, rompiendo patas de vacas de otros campos. Queremos el fin de la impunidad. Esta vez la viveza le duro cuatro días”, insistió.

En referencia a la relación entre la sociedad y las fuerzas de seguridad, uno de sus caballitos de batalla, enfatizó que “el caso (de Santiago) Maldonado fue un quiebre de la cultura de la estigmatización. Muchos políticos y algunas organizaciones deberían pedirles perdón a los gendarmes, a quienes acusaron de asesinos”.