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Federales contra federales

Quinto en discordia del PJ soft, Lavagna detonó el Grupo de los Cuatro. La bronca por el video que Massa le podó en Mar del Plata. A qué juega cada uno en un tablero de intereses y recelos cruzados.
Por 09/02/2019 11:20

A días apenas de haber hecho su lanzamiento en Mar del Plata, el PJ Federal no puede disimular sus diferencias. Le sobran candidatos a presidente que corren desde muy atrás en la polarización y le faltan unidades de criterio. Roberto Lavagna, la gran apuesta de un sector del Círculo Rojo, que cuenta con el respaldo de Miguel Ángel Pichetto y exhibe la mejor imagen en todas las encuestas, no termina de convencer a sus eventuales compañeros de aventura, los primeros que -en teoría- deberían apoyarlo.  

A días de lanzarse en Mar del Plata, el PJ Federal no puede disimular sus diferencias.

Ni Juan Manuel Urtubey, que lo calificó como el Menotti del peronismo, ni Sergio Massa le abren los brazos para que encabece un espacio al que no le sobra nada. Por lo menos, no como él quisiera. Tampoco Juan Schiaretti, que se refugia por ahora en Córdoba pero deja trascender que Lavagna va a tener que ir a las PASO si busca respaldo. El ex ministro ya avisó: no está dispuesto a competir en unas primarias del PJ del medio.

La semana pasada, Lavagna envió un video de tres minutos al acto 360° en Mar del Plata. Los organizadores decidieron editarlo y dejarlo reducido a la mitad: le quitaron lo que el fundador de Ecolatina consideraba el núcleo del mensaje y promueve como eslogan de campaña, “Salgamos”. “El futuro está ahí, pero nadie nos espera”, decía, en lo que puede interpretarse como un llamado a las definiciones inminentes.

 

 

Aunque los responsables dicen que fue el más largo entre los mensajes que se pasó de espaldas al mar, al ex ministro de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner no le cayó nada bien. Tanto, que al día siguiente decidió romper el silencio, después de dos años sin hacer declaraciones. En una entrevista con Charly Fernández y Carlos Méndez en FM Milenium, Lavagna dejó en claro que busca ser una opción distinta al “más de lo mismo” y remarcó las diferencias políticas que tiene con Massa. Le interesaba, según pudo saber Letra P, hablar sobre todo de política y no tanto de economía: salir del lugar de técnico en el que lo ponen y ubicarse como un estadista en potencia. Así se considera.

 

 

Cerca del ex ministro y de Pichetto coinciden en explicar el enojo con Urtubey y con Massa. El primero, no tienen dudas, es el candidato más parecido a Mauricio Macri y no se propone ganar las elecciones. Aunque resulte llamativo, lo ven casi de la misma manera que lo ve el kirchnerismo: como un delegado de Cambiemos dentro del espacio del PJ.

Con el ex intendente de Tigre, el candidato que más mide dentro del PJ de los Cuatro, el problema es otro. Sospechan que puede terminar en un acuerdo con el kirchnerismo y así explican el escaso respaldo a Lavagna, más allá de los elogios de ocasión. Esa sospecha también comenzó a asaltar a Schiaretti, según publicó después del acto La Voz del Interior.

Las diferencias de criterio existen. Massa entiende que hay que construir una nueva mayoría y hablarles, como mínimo, a los votantes del cristinismo. Ve a Lavagna en la ruta tardía de la avenida del medio, el lugar que él tuvo que abandonar, forzado por los malos resultados. Como si el más joven Massa ya hubiera vivido más que el experimentado Lavagna. Guiado por sus asesores de campaña, el ex intendente recuerda que hace nueve años no habla -en privado- con CFK. ¿Pensará volver a hacerlo en este 2019?

 

 

TEMPRANOS DESENCUENTROS. Después de hacer recorridas por Olavarría y Trenque Lauquen, donde se reunió con pequeños empresarios y productores del campo, Pichetto estuvo este viernes en Vaca Muerta, en lo que puede interpretarse como un doble respaldo al senador petrolero Guillermo Pereyra y al grupo Techint. Enfrentado con Macri por el recorte de subsidios, el gigante trasnacional que ahora invierte en gas tiene un histórico vínculo con Lavagna. Como contó Letra P, la relación incluye también a Sergio Lavagna, el hijo mayor del ex ministro que trabaja hace 20 años en el holding y hoy es directivo de Tenaris.

 

 

Pichetto es el principal fogonero de la candidatura de Lavagna. Asegura que existe un clamor de los que no quieren ni a Macri ni a Cristina y encarga encuestas que, según dice, confirman que la alta imagen del ex ministro puede traducirse en votos.

Pichetto es el principal fogonero de Lavagna y encarga encuestas que, según dice, confirman que la alta imagen del ex ministro puede traducirse en votos.

El enojo de Pichetto y Lavagna con Massa se nutre de varios motivos recientes. El video editado en Mar del Plata es el último capítulo. Pero incluye por lo menos otros dos elementos: los actos de los que el economista no habría sido participado y un supuesto encuentro entre Massa y Lavagna que, repiten, no existió. La noticia se difundió 48 horas después de que el senador posará junto al candidato con medias y sandalias. El massismo, por supuesto, jura que sucedió en el barrio de Saavedra. Todo es parte de una batalla que se libra por lo bajo, donde pesan las ambiciones personales, los merecimientos que cada uno cree tener y, también, las estrategias contrapuestas. 

Según dicen cerca de Pichetto, la seguidilla de sinsabores ahondó las distancias mucho más de lo que se supone y convenció a Lavagna de que no puede contar con Massa. Una cosa era como asesor destacado, en un segundo plano y con su hijo Marco como parte de los equipos del Frente Renovador. Otra cosa, muy distinta, es la convivencia cuando el ex ministro se propone ser -ahora él- el conductor de una avenida del medio rebautizada “unidad nacional”.

¿DOS CANDIDATOS? Aun debilitado, después de dos derrotas electorales consecutivas y con migrantes que no dejan de partir hacia las filas del cristinismo, Massa es dueño de una capacidad de lobby envidiable, que deja como principiantes a Pichetto y a Lavagna. Encuestadores afines, operadores destacados, medios bien dispuestos y un encanto que no deja de fluir, pese a los antecedentes en su contra.

Interrogado por los periodistas militantes del macrismo para que se pronuncie contra el kirchnerismo como lo hace Pichetto, Massa pone con esfuerzo su freno de mano. Se queja, además, de los que fueron cristinistas hasta el último minuto y ahora le reclaman antikirchnerismo: Pichetto y Urtubey encabezan la lista. En el massismo residual, ven a Lavagna fogoneado por dos figuras que migraron en el último tiempo de campamento: Duhalde y Luis Barrionuevo, el esposo de Graciela Camaño.

El senador rionegrino está convencido de que Lavagna va a ser candidato y que, a más tardar, en abril se va a definir. El entusiasmo es tanto, que hasta mencionan sondeos que lo muestran como imbatible en una eventual segunda vuelta. Eso, por supuesto, implica que Pichetto decida dar un paso al costado para acompañarlo. Habrá que ver.

 

 

En caso de que el ex ministro finalmente se decida a competir por la presidencia -algo que el massismo difunde como improbable-, la única posibilidad de confluencia se daría si Massa aceptase competir como candidato a gobernador en la provincia de Buenos Aires. Es lo que le proponen, aún con miradas antagónicas, desde los gobernadores del PJ hasta el cristinismo. A todos, el ex jefe de Gabinete les repite que, si vuelve a la batalla electoral, será en busca de la presidencia.

El ambicioso objetivo de Lavagna -plantearse como candidato de unidad nacional- choca rápido en las costas del PJ. Pero sus promotores sostienen que sólo Urtubey y Massa se oponen a su postulación y que los gobernadores están dispuestos a acompañarlo. “Con o contra Massa y Urtubey, Lavagna y Pichetto van a ser candidatos”, sostienen. También habrá que verlo.

Las diferencias son elocuentes y no está claro que encuentren una salida común: mientras uno buscan romper la grieta, los otros la consideran inamovible; mientras unos quieren dejar atrás a Cristina con un proyecto superador, los otros parecen aceptar que ninguna mayoría se puede edificar sin -al menos- la venia de la ex presidenta.

Federales contra federales

Quinto en discordia del PJ soft, Lavagna detonó el Grupo de los Cuatro. La bronca por el video que Massa le podó en Mar del Plata. A qué juega cada uno en un tablero de intereses y recelos cruzados.

A días apenas de haber hecho su lanzamiento en Mar del Plata, el PJ Federal no puede disimular sus diferencias. Le sobran candidatos a presidente que corren desde muy atrás en la polarización y le faltan unidades de criterio. Roberto Lavagna, la gran apuesta de un sector del Círculo Rojo, que cuenta con el respaldo de Miguel Ángel Pichetto y exhibe la mejor imagen en todas las encuestas, no termina de convencer a sus eventuales compañeros de aventura, los primeros que -en teoría- deberían apoyarlo.  

A días de lanzarse en Mar del Plata, el PJ Federal no puede disimular sus diferencias.

Ni Juan Manuel Urtubey, que lo calificó como el Menotti del peronismo, ni Sergio Massa le abren los brazos para que encabece un espacio al que no le sobra nada. Por lo menos, no como él quisiera. Tampoco Juan Schiaretti, que se refugia por ahora en Córdoba pero deja trascender que Lavagna va a tener que ir a las PASO si busca respaldo. El ex ministro ya avisó: no está dispuesto a competir en unas primarias del PJ del medio.

La semana pasada, Lavagna envió un video de tres minutos al acto 360° en Mar del Plata. Los organizadores decidieron editarlo y dejarlo reducido a la mitad: le quitaron lo que el fundador de Ecolatina consideraba el núcleo del mensaje y promueve como eslogan de campaña, “Salgamos”. “El futuro está ahí, pero nadie nos espera”, decía, en lo que puede interpretarse como un llamado a las definiciones inminentes.

 

 

Aunque los responsables dicen que fue el más largo entre los mensajes que se pasó de espaldas al mar, al ex ministro de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner no le cayó nada bien. Tanto, que al día siguiente decidió romper el silencio, después de dos años sin hacer declaraciones. En una entrevista con Charly Fernández y Carlos Méndez en FM Milenium, Lavagna dejó en claro que busca ser una opción distinta al “más de lo mismo” y remarcó las diferencias políticas que tiene con Massa. Le interesaba, según pudo saber Letra P, hablar sobre todo de política y no tanto de economía: salir del lugar de técnico en el que lo ponen y ubicarse como un estadista en potencia. Así se considera.

 

 

Cerca del ex ministro y de Pichetto coinciden en explicar el enojo con Urtubey y con Massa. El primero, no tienen dudas, es el candidato más parecido a Mauricio Macri y no se propone ganar las elecciones. Aunque resulte llamativo, lo ven casi de la misma manera que lo ve el kirchnerismo: como un delegado de Cambiemos dentro del espacio del PJ.

Con el ex intendente de Tigre, el candidato que más mide dentro del PJ de los Cuatro, el problema es otro. Sospechan que puede terminar en un acuerdo con el kirchnerismo y así explican el escaso respaldo a Lavagna, más allá de los elogios de ocasión. Esa sospecha también comenzó a asaltar a Schiaretti, según publicó después del acto La Voz del Interior.

Las diferencias de criterio existen. Massa entiende que hay que construir una nueva mayoría y hablarles, como mínimo, a los votantes del cristinismo. Ve a Lavagna en la ruta tardía de la avenida del medio, el lugar que él tuvo que abandonar, forzado por los malos resultados. Como si el más joven Massa ya hubiera vivido más que el experimentado Lavagna. Guiado por sus asesores de campaña, el ex intendente recuerda que hace nueve años no habla -en privado- con CFK. ¿Pensará volver a hacerlo en este 2019?

 

 

TEMPRANOS DESENCUENTROS. Después de hacer recorridas por Olavarría y Trenque Lauquen, donde se reunió con pequeños empresarios y productores del campo, Pichetto estuvo este viernes en Vaca Muerta, en lo que puede interpretarse como un doble respaldo al senador petrolero Guillermo Pereyra y al grupo Techint. Enfrentado con Macri por el recorte de subsidios, el gigante trasnacional que ahora invierte en gas tiene un histórico vínculo con Lavagna. Como contó Letra P, la relación incluye también a Sergio Lavagna, el hijo mayor del ex ministro que trabaja hace 20 años en el holding y hoy es directivo de Tenaris.

 

 

Pichetto es el principal fogonero de la candidatura de Lavagna. Asegura que existe un clamor de los que no quieren ni a Macri ni a Cristina y encarga encuestas que, según dice, confirman que la alta imagen del ex ministro puede traducirse en votos.

Pichetto es el principal fogonero de Lavagna y encarga encuestas que, según dice, confirman que la alta imagen del ex ministro puede traducirse en votos.

El enojo de Pichetto y Lavagna con Massa se nutre de varios motivos recientes. El video editado en Mar del Plata es el último capítulo. Pero incluye por lo menos otros dos elementos: los actos de los que el economista no habría sido participado y un supuesto encuentro entre Massa y Lavagna que, repiten, no existió. La noticia se difundió 48 horas después de que el senador posará junto al candidato con medias y sandalias. El massismo, por supuesto, jura que sucedió en el barrio de Saavedra. Todo es parte de una batalla que se libra por lo bajo, donde pesan las ambiciones personales, los merecimientos que cada uno cree tener y, también, las estrategias contrapuestas. 

Según dicen cerca de Pichetto, la seguidilla de sinsabores ahondó las distancias mucho más de lo que se supone y convenció a Lavagna de que no puede contar con Massa. Una cosa era como asesor destacado, en un segundo plano y con su hijo Marco como parte de los equipos del Frente Renovador. Otra cosa, muy distinta, es la convivencia cuando el ex ministro se propone ser -ahora él- el conductor de una avenida del medio rebautizada “unidad nacional”.

¿DOS CANDIDATOS? Aun debilitado, después de dos derrotas electorales consecutivas y con migrantes que no dejan de partir hacia las filas del cristinismo, Massa es dueño de una capacidad de lobby envidiable, que deja como principiantes a Pichetto y a Lavagna. Encuestadores afines, operadores destacados, medios bien dispuestos y un encanto que no deja de fluir, pese a los antecedentes en su contra.

Interrogado por los periodistas militantes del macrismo para que se pronuncie contra el kirchnerismo como lo hace Pichetto, Massa pone con esfuerzo su freno de mano. Se queja, además, de los que fueron cristinistas hasta el último minuto y ahora le reclaman antikirchnerismo: Pichetto y Urtubey encabezan la lista. En el massismo residual, ven a Lavagna fogoneado por dos figuras que migraron en el último tiempo de campamento: Duhalde y Luis Barrionuevo, el esposo de Graciela Camaño.

El senador rionegrino está convencido de que Lavagna va a ser candidato y que, a más tardar, en abril se va a definir. El entusiasmo es tanto, que hasta mencionan sondeos que lo muestran como imbatible en una eventual segunda vuelta. Eso, por supuesto, implica que Pichetto decida dar un paso al costado para acompañarlo. Habrá que ver.

 

 

En caso de que el ex ministro finalmente se decida a competir por la presidencia -algo que el massismo difunde como improbable-, la única posibilidad de confluencia se daría si Massa aceptase competir como candidato a gobernador en la provincia de Buenos Aires. Es lo que le proponen, aún con miradas antagónicas, desde los gobernadores del PJ hasta el cristinismo. A todos, el ex jefe de Gabinete les repite que, si vuelve a la batalla electoral, será en busca de la presidencia.

El ambicioso objetivo de Lavagna -plantearse como candidato de unidad nacional- choca rápido en las costas del PJ. Pero sus promotores sostienen que sólo Urtubey y Massa se oponen a su postulación y que los gobernadores están dispuestos a acompañarlo. “Con o contra Massa y Urtubey, Lavagna y Pichetto van a ser candidatos”, sostienen. También habrá que verlo.

Las diferencias son elocuentes y no está claro que encuentren una salida común: mientras uno buscan romper la grieta, los otros la consideran inamovible; mientras unos quieren dejar atrás a Cristina con un proyecto superador, los otros parecen aceptar que ninguna mayoría se puede edificar sin -al menos- la venia de la ex presidenta.