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Pablo López, el deudólogo

Negoció con los buitres, acordó con el Club de París y atacó al FMI. Encabezará el Ministerio de Hacienda. En esta nota de la semana pasada, el Kicillof de Kicillof.
Por 06/12/2019 15:25

La gruesa telaraña de endeudamiento que deja como herencia María Eugenia Vidal es uno de los factores que más preocupan a la próxima administración bonaerense que encabezará Axel Kicillof. Y no es para menos. Ya en enero, el gobierno provincial tendrá compromisos en moneda extranjera por cerca de 600 millones de dólares. Bajo ese escenario, dentro de la mesa chica del gobernador electo –mayoritariamente conformada por economistas– quien asoma para manejar el siempre caliente Ministerio de Economía es un técnico especializado en temas de financiamiento y endeudamiento: Pablo Julio López.

Con 42 años cumplidos el mes pasado, López se graduó de licenciado en Economía en el año del estallido, 2001. Transitó los mismos pasillos facultativos que su actual jefe político, con quien compartió las influencias de profesores como Pablo Levin, experto en economía marxista y uno de los mentores académicos de Kicillof: “Si buscaban un culpable, acá pueden encontrarlo”, bromeó López al presentar a Levin durante una charla en la que también participó el ex ministro de Economía en el marco del 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx.

Magister en Historia Económica y especialista en Mercado de Capitales, en varios textos de López se cruza el rol de la deuda en los procesos de desarrollo de los países, con foco crítico en los períodos de crecimiento del endeudamiento en Argentina.



Como funcionario público, su debut fue en julio de 2011, en el área de Desarrollo de Inversiones de la Cancillería, donde apenas estuvo seis meses, para luego recalar en la Dirección Nacional de Política Macroeconómica de la cartera de Economía. En julio de 2013, asumió como director del Banco Central ante la mirada del por entonces secretario de Política Económica Axel Kicillof, que lo promovió para ese cargo.

Ya con Kicillof como ministro, López fue promovido a secretario de Finanzas de la Nación. En ese lugar, fue parte de la comitiva que negoció con los fondos buitre y que acordó con el Club de Paris. En los inicios de la era macrista, cuando el Gobierno avanzaba en un acuerdo con los buitres, fue convocado por Kicillof al Congreso para alertar sobre los perjuicios de ese arreglo.

 

 

Pero no solo las señales de alarma de López se centraban en los buitres. También se posaban sobre la maquinaria de endeudamiento que el macrismo puso en marcha a lo largo de su primer año de gestión: “Si uno mira la deuda emitida durante este año, la mayor parte es con el sector privado, en moneda extranjera y bajo legislación externa. Es decir, está creciendo la deuda más difícil de administrar”, subrayó en noviembre de 2016 para advertir que, al no volcarse la deuda a la inversión productiva o infraestructura “hay que mirar el nivel de deuda en términos del tamaño de la economía, su composición, la dinámica y el destino que se le da. En los tres puntos hay sobrados motivos para estar preocupados”.

Tres años después de aquellas alertas, el equipo económico del gobernador electo que López integra haciendo foco en el endeudamiento de María Eugenia Vidal advierte que ese proceso fue similar al nacional: una deuda que no se destinó a obras ni al estímulo de un híper alicaído entramado productivo bonaerense. Eso, en un contexto donde el vidalismo había recibido una Provincia con el 57,8% de su stock de deuda nominada en moneda extranjera, porción que elevó hasta llegar a un 82,1% este año. Deuda en dólares para pagar deuda en pesos, es la fórmula perniciosa que advierte Kicillof y su grupo al echar un vistazo a la deuda de Vidal.

“Lo que hay que distinguir es la moneda en que se emite: no es lo mismo la deuda en moneda extranjera que en moneda local, por razones obvias. Uno tendría que pensar, en la medida que se endeuda en moneda extranjera, en generar condiciones para devolver esa deuda haciendo foco en el fortalecimiento de la estructura económica y la posibilidad del país de conseguir divisas, teniendo en cuenta además la recurrencia de la restricción externa en los procesos de desarrollo de países como el nuestro”, analizó López en una publicación universitaria hace tres años.

 

 

En ese entonces, al oponerse a la posibilidad de tomar un crédito del FMI, rotuló al organismo: “Parece más un gendarme de las políticas de ajuste, maquilladas bajo el mote de reformas estructurales, buscando que los países apliquen políticas que sean acordes con su enfoque ortodoxo y neoliberal de la economía”.

De perfil bajo -rasgo transversal a la gran mayoría del futuro gabinete kicillofista-, López tiene un marcado recorrido académico. Dirige en la actualidad el Departamento de Economía, Producción e Innovación Tecnológica en la Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ), donde también es profesor titular de Introducción a la Economía. Por otro lado, es profesor adjunto regular de Macroeconomía y Microeconomía en la Universidad de Buenos Aires, donde se aprobó hace dos meses la creación del “Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (CEHEAL)” que tendrá dentro de su equipo de investigación a López.

 

 

Desde su especialización en la historia económica, López ha analizado en diversas conferencias los procesos de endeudamiento de nuestro país y advirtió como una novedad del último ciclo que no solo fue acompañado de deuda a nivel nacional, sino que las provincias y sector privado también se constituyeron en tomadores de deuda. Ya en 2016, analizó que el endeudamiento en dólares de provincias como la de Buenos Aires -cuando sus ingresos no son en la misma moneda- las exponía a fluctuaciones en el tipo de cambio, al que se materializó a partir de 2018.

Más allá de esto, considera que la deuda “per se” no es mala: “Puede tener un rol importante en pos de un proceso de desarrollo si se piensa para generar una base industrial más amplia, mayores exportaciones, mayor diversificación productiva e infraestructura que sirva a esos fines”, supo recalcar.

Con esa visión, López asoma como uno de las cartas clave de Kicillof a la hora de abordar la pesada mochila de la deuda bonaerense y orientar un esquema teniente al impulso productivo sobre el que pone énfasis el próximo gobernador.