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El guardián de las orquídeas

Hace más de 30 años digita el rumbo del gremio Upcn Santa Fe. Su mentor y la sombra que aún lo inquieta. Timidez, poder hiperconcentrado y una extraña pasión por una compleja flor.

Por 27/12/2019 9:37

En Santa Fe, el secretario General de la Unión del Personal Civil de la Nación (Upcn) se llama Jorge Molina y tiene su despacho en el primer piso de la sede, en la capital provincial. Entre cortinas claritas, sillones verde agua y muebles de madera lustrada se destaca una foto enmarcada y con dedicatoria. En la imagen Molina está abrazo con Alberto “El Turco” Maguid, quien, desde 1969 hasta su muerte, en 2013, fue el conductor del sindicato de los empleados estatales. Ambos están sonriendo y se pasan de mano un gorro de cotillón que simula la corona egipcia: “Todo esto va a ser tuyo”, firmó Maguid en la postal.

 

BIO. Tiene 57 años, nació en la provincia de Chaco, pero a los 18, cuando terminó el secundario, se mudó a Santa Fe y nunca más se fue. Tiene tres hijos varones y una nieta que lo tiene enamorado. Hijo de padre ferroviario, se reconoce en la clase trabajadora. En una entrevista reciente a la Revista Toda reveló su fórmula del éxito: “Es 99% transpiración y 1 % talento”.

 

Molina, con un megáfono en la mano, y Maguid en primer plano, en las escalinatas de Casa de Gobierno. 


La relación entre ambos arrancó a principios de la década del 80, cuando Molina tenía 23 años. Había llegado a la ciudad de Santa Fe desde Roque Saenz Peña, provincia de Chaco, para estudiar Derecho en la Universidad Nacional del Litoral. Militaba en el peronismo. Entró a trabajar en la obra social provincial y se unió al frente gremial que había gestado el partido Intransigente y que tenía casi como único fin destronar a Maguid. En ese momento, el Turco recién había sido liberado tras haber estado tres años detenido durante la dictadura cívico militar y no podía presentarse como candidato, pero era el poder real del sindicato. Molina, su férreo opositor, quería descentralizar el accionar de Upcn, al que veía como un brazo político automático del Poder Ejecutivo.  

Con el apoyo de la Unión Obreros Metalúrgicos de Rosario, ese nuevo frente gremial comenzó a agitar a los cuerpos de delegados y ganaron la votación en un plenario del 24 de agosto de 1982. “Se terminaron las mañas del viejo gremialismo”, vitorearon en ese plenario y tomaron la fecha como nombre de la agrupación vencedora. Pero en 1984, cuando tuvieron que conformar la lista definitiva para las elecciones, todos los referentes del peronismo, incluido Molina, hicieron un reencolumnamiento de su militancia y se fueron con Maguid.

 

 

A partir de ahí, Molina empezó una carrera meteórica dentro del gremio y a los 28 años ya integraba la mesa chica. Quienes lo recuerdan de aquellos años dicen que al principio le costaba hablar frente a las multitudes y que era hasta un poco tímido. No tenía la elocuencia de Maguid, ni la cercanía con los trabajadores. Su fuerte, en cambio, era el ejercicio de un poder personalísimo, hiperconcentrado, saber elegir a sus interlocutores y, fundamentalmente, mantenerse muy cerca del poder político. Como la rosca gremial y política van de la mano, hizo varios intentos para impulsar candidatos a ocupar la Municipalidad de Santa Fe. Uno de ellos fue Ignacio Martinez Kerz, que en 2015 fue con Cambiemos, y acompañando a Miguel Del Sel, pero que este año volvió al peronismo y compitió dentro del espacio del gobernador Omar Perotti. Pero además, como hombre de diálogo, Molina mantiene contacto fluido con el radicalismo universitario.
 


Molina con Martinez Kerz, Federico Reutemann, Lucas Maguid, Sebastian Pignata, Juan José Saleme y otros integrantes de su equipo político. 

 

 

Sin embargo, a su costado más pragmático y visceral le dio rienda suelta con el fútbol y Unión, el club de sus amores. En 2009 asumió como vicepresidente primero de la administración rojiblanca, en la comisión liderada por Luis Spahn. Mientras que este último administraba, Molina se abocaba a la cuestión futbolística, pero las disputadas entre ambos se fueron recalentando hasta que estallaron en el 2012 y Molina dio un paso al costado. Este año, la dupla se reencontró y Molina hoy es síndico de la entidad deportiva. Mientras tanto, uno de los momentos más recordados de su paso por la institución  fue en 2011, cuando Atlético Rafaela se consagró campeón de la B Nacional en cancha tatengue, y en medio de los festejos les cortaron la luz y dejaron a los jugadores a oscuras en campo de juego.
 


En Unión, el club de sus amores.


Entre tanta adrenalina sindical, política y deportiva, Molina necesita momentos para reperfilar. Y lo hace en un invernadero que tiene en su quinta, donde cultiva orquídeas tropicales hasta que tienen fuerza suficiente para sobrevivir en los troncos de los árboles del parque. Mientras les regula la humedad, Molina sigue buscando su impronta, sostener su liderazgo y construir por fuera de la sombra de Maguid. En las entrevistas públicas, el hombre que ya lleva más de 30 años al frente de un sindicato de más de 35 mil afiliados, insiste en que lo más importante para la vida de los gremios es la renovación de las conducciones.