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La urgencia numérica y el protocolo político coparon el arranque de la gestión rosarina. Desafíos de golpe. Se hizo carne la buena sintonía entre el intendente y Perotti.

Por 18/12/2019 10:45

El mandato electoral por el que Pablo Javkin fue elegido intendente de Rosario rápidamente se trastocó hacia otra dirección obligado por la delicada situación financiera municipal. Aquel voto por mejorar la convivencia cotidiana y avivar lo logrado por el socialismo con una suerte de progresismo pragmático, quedó de arranque en un segundo orden.

La primera semana de gobierno se fue en la urgencia de gestionar un municipio deficitario y con todos en la cola para cobrar, incluidos quienes lo votaron. Por eso el foco se posó en la presentación del presupuesto 2020.

En la antesala, el éxito o fracaso de la gestión de Javkin iba a ser exclusivamente en función de lograr lo prometido en campaña. Ahora se le sumó un enorme problema financiero, que si no es domado puede tener implicancias y opacar el resto de lo proyectado. “Algún día la escasez se terminará y ahí haremos los proyectos estructurales que propusimos”, pasó en limpio el intendente en su asunción.

Javkin empezó a estrenar su acuerdo de gobernabilidad logrado con parte del PRO, La Cámpora, y la centroizquierda Ciudad Futura, que entre otras cosas abarcó la aprobación de los números con que administrará el año entrante. La flamante presidenta del Concejo municipal y socia política del intendente, María Eugenia Schmuck, descontó la aprobación al descansar no solo en el acuerdo sino en meses de negociación con diversos sectores.

 

 

Por eso algún revés, no ya el rechazo al presupuesto general sino la negativa a otros expedientes que propuso como endeudamiento, subas impositivas o facultades para aumentar unilateralmente el boleto de colectivo, rifaría de entrada meses de urgencia económica.

Al contrario, una aprobación total de las pretensiones del intendente también será un mojón para el futuro: aliados o no, le recordarán el apoyo inicial en algún momento. En la reunión con el equipo económico del oficialismo, el Frente de Todos ya demostró que lo pondrá a prueba en dos temas candentes: la toma de deuda en Letras y el aumento de la tarifa de transporte urbano.

Javkin también estrena técnicos en esta primera semana de gestión. Es el debut formal del peronista Diego Gómez al frente de la Secretaría de Hacienda, el subsecretario de Economía y Finanzas, Guido Boggiano, quien fue el más activo en defender los números proyectados ante el avance discursivo de los concejales peronistas, y Sebastián Chale, secretario de Producción y mesa chica del intendente.

 

 

Ellos fueron los encargados de pasar en limpio al resto de los concejales el número del millón: el déficit que deja el socialismo. En realidad, el de los miles de millones. Calcularon 3.860 millones de pesos, una cifra desorbitante y diez veces más de la estimada a fines de 2018 antes de la explosión económica. Mostraron el número con cautela, sin exponer en la pública a su socio político, aunque luego corrió entre los concejales rápidamente el dato. No se usa como escudo, al menos por ahora, la "pesada herencia".  

El nuevo presupuesto quiere bajar el déficit a 1.700 millones de pesos con un llamado “plan de austeridad”, que no es ni más ni menos que control del gasto, actualización de tasas y tibia obra pública. “Necesitamos mejorar la liquidez”, se sinceró Gómez y propuso al alcance las herramientas recaudatorias y financieras, tradicionales y sin innovaciones, para hacer caja. Es tal la asfixia que se queman un cartucho de entrada con el pedido de emisión de deuda.

Don Omar. “Se va a hablar entre Pablo (Javkin) y (Omar) Perotti”, dijo Gómez como respuesta rápida a una consulta sobre el destino de unas partidas. Esta frase no hace más que dejar en evidencia el estrecho vínculo entre el intendente y el gobernador y la promesa que ya se hizo realidad de trabajar juntos.

 

 

Tres veces en la primera semana se vieron: en ambas asunciones -con un viaje a contrarreloj de Perotti para llegar a tiempo- y en un encuentro con industriales. El protocolo político fue aprovechado para avanzar a paso firme y con definiciones. Este respaldo demostrado por el gobernador se interpreta, en principio, como una contingencia. Los distintos signos políticos históricamente hacen endeble cualquier tipo de constitución política a largo plazo.

Sin embargo, los primeros meses de cooperación están asegurados. El ejemplo más claro es la garantía de la continuidad de los recursos en Salud que se validan por decreto del gobernador y equivalen al 10 por ciento del presupuesto municipal. Eso estaba en duda y se confirmó en la presentación de la Ley de Leyes.

Hubo calma. No hubo novedades públicas acerca de la situación de los empleados municipales ni tampoco medidas de fuerza al respecto. Si bien “lo estructural deberá esperar”, el fin de semana se probó el nuevo esquema de control de la noche rosarina al menos para calmar inquietudes. También se mostró interesado en la cercanía al vecino con lo cotidiano: pidió no sacar la basura ante la tormenta, y paseó por la peatonal en vísperas de Navidad.

En rigor, semana de acomodamiento de nuevo gobierno tras 30 años de un mismo signo político mientras la urgencia moldea el primer corretaje.