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El pedido de usar "ropa blanca" no cayó bien en los dirigentes "anti fit". Murga y bombo por parte de la juventud, merchandising amarillo y quejas por la organización.
Por 19/10/2019 20:44

En la previa de la marcha del millón en la Avenida 9 de Julio, el equipo de campaña bajó una línea de vestimenta: todos los asistentes tenían que ir con ropa blanca, preferiblemente remera de esas características. Acostumbrados a camisa o ropas oscuras, algunos candidatos que se acercaron al Obelisco bufaron por tener que vestir remera blanca.

"Si no estás fit, esto te mata", bromeaba un funcionario porteño que esperaba otro dress code para asistir a la marcha en apoyo al presidente Mauricio Macri.

 

 

BRASAS. A pesar de que durante la previa abundaron los vendedores de pirulines y papas fritas, al caer el sol de la tarde, en consonancia con la llegada de grupos de jóvenes, aparecieron los asadores y hubo choripanes y bondiola para los hambrientos.

Además, rápidos de reflejos, los vendedores de gaseosas y agua detectaron la sed de quienes habían pasado por las brasas y comenzaron a ofrecer cerveza.

 

 

MERITOCRACIA DEL AGUANTE. La organización de la marcha funcionó como un reloj: Macri llegó a la hora estipulada y la cantidad de asistentes superó lo esperado. Abajo, fue un descontrol: hubo falta de señalización y poca asistencia de agentes de tránsito para ordenar el movimiento de la gente.

Dada la cantidad de personas, era complejo para los asistentes ver el escenario o, al menos, las pantallas. Cuando empezaba el típico empuje de atrás hacia adelante (siempre en dirección al escenario), empezaban los enojos y los frenos para no perder el lugar. "Si querés buen lugar, vení temprano", le dijo un señor adulto a un joven para finalizar una discusión de minutos de tire y afloje.

 

 

BARRA OFICIAL. Desde temprano, las juventudes del PRO, la Unión Cívica Radical (UCR) y la Coalición Cívica se agolparon en la Plaza Vaticano y en la vereda del Teatro Colón para esperar la llegada del Presidente.

A contramano de los actos de Juntos por el Cambio -al menos los anteriores al 11 de agosto-, hubo bombos, saltos, banderas y cumbia para respaldar "al gato". "Hay gato para rato", corearon los jóvenes macristas, minutos antes de formar el cordón humano para recibir a Macri.