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Los gremios y empresas transportistas ven con preocupación que su agenda no forma parte del discurso del candidato ni hay planes de sus equipos técnicos. La figura del ex ministro enciende alarmas.
Antonio Rossi 13/10/2019 10:58

A medida que se acortan los días para la elección presidencial, hay un dato llamativo que sobrevuela cada vez con más fuerza en torno del Frente de Todos. Es la marcada falta de menciones y referencias de Alberto Fernández a las cuestiones vinculadas con las acciones y los programas que prevé implementar para la estratégica área del transporte.

Hoy por hoy, entre los empresarios y gremialistas del sector predomina una doble sensación provocada por la ausencia de precisiones del candidato opositor que se perfila como futuro presidente. Por un lado, una creciente inquietud por empezar a conocer lo que se viene en materia de tarifas, subsidios, inversiones, salarios y condiciones laborales. Y por otro lado, un rechazo mayoritario al hipotético retorno del ex ministro Florencio Randazzo al frente de las riendas del hoy Ministerio de Transporte.

A diferencia de otros temas relevantes como la lucha contra el hambre, Educación, Seguridad y el futuro energético; hasta ahora la problemática del Transporte no ha figurado en la lista de prioridades que impulsa Fernández en la campaña. Es más, el sector ni siquiera ha estado en la mira de los dos grupos de equipos técnicos que alimentan de ideas y planes al candidato: el que orbita en el PJ nacional de la calle Matheu dirigido por Ginés González García y el que coordina el rector de la UMET, Nicolás Trotta.

 

 

Una muestra reciente de esa omisión se registró en el kilométrico documento que los técnicos del PJ le entregaron al candidato peronista, donde el transporte no aparece mencionado en ningún lado. Pero más allá de la incertidumbre que reina en el sector, ya han comenzado a aflorar algunos indicios sobre lo que podría pasar y la actitud que adoptarían los principales actores.

La primera señal detectada desde el círculo más cercano a Fernández es que Transporte perdería el rango de ministerio y pasaría a ser otra vez una secretaría. Esa suerte de “degradación institucional” se explicaría por el hecho de que el área de Vialidad Nacional que actualmente depende del ministerio de Guillermo Dietrich ya no seguirá en ese lugar y pasaría a formar parte de otra cartera ministerial, que agrupará a las obras públicas y los proyectos de infraestructura. En caso de que concrete su transformación en secretaría, Transporte quedaría bajo la órbita del futuro ministro de Economía y Hacienda, tal como sucede ahora con Energía.

La segunda señal que ronda en el ambiente es que existiría un compromiso de Fernández de “consensuar previamente” con Hugo Moyano la designación de las nuevas autoridades que conducirán las políticas transportistas. Es por el papel significativo tiene el líder de los camioneros en el sector y en mundo gremial y por haber jugado de entrada a favor del Frente de Todos, a diferencia de los sindicatos ferroviarios y la UTA que en las PASO miraron para otro lado.

Desde las huestes moyanistas sostienen que por ahora no impulsan ningún candidato, pero sí que comparten las cuatro condiciones que habría fijado Alberto para el futuro timonel de Transporte: que posea conocimientos técnicos, que acredite una fuerte capacidad de gestión, que no haya formado parte de las anteriores administraciones K y que tenga una buena relación con las cámaras empresariales y los gremios del sector.

FLORENCIO, NO. En tanto, la tercera arista visible en el escenario sectorial es la resistencia que genera en la mayoría de los empresas y gremios la probable llegada de Randazzo al cargo máximo de Transporte.

Salvo el gremio de la Unión Ferroviaria (UF), que siempre se alineó con el ex ministro, los restantes sindicatos del sector, desde camioneros hasta los aeronáuticos, no ven con buenos ojos a Randazzo por enconos y “facturas” que quedaron pendientes de su gestión como ministro de Transporte.

En el caso de los empresarios del autotransporte de pasajeros, los cuestionamientos apuntan al trato despectivo que recibían, a los recortes injustificados de subsidios que sufrieron en varias ocasiones y a los pedidos de colaboración económica para solventar su frustrada campaña interna de candidato a presidente entre 2014 y 2015.

A esos rechazos se suma una desaprobación interna en el Frente de Todos que no es menor. Es la que plantean los referentes de La Cámpora y el candidato a diputado nacional Máximo Kirchner. A Randazzo no le perdonan haber sido funcional al macrismo cuando en las elecciones de 2017, y con el fuerte apoyo mediático del Grupo Clarín, salió a quitarle votos a Cristina Fernández de Kirchner con el armado de una lista con el sello del PJ, que apenas superó el 5% de los votos.

Además, los camporistas están convencidos de que el desembarco de Randazzo en Transporte sería un fuerte escollo para investigar y denunciar las irregularidades y negocios registrados durante la gestión de Dietrich.

Basan ese razonamiento en dos datos clave: la existencia de un acuerdo entre Dietrich y Randazzo que se tradujo en la no revisión de la gestión del ex ministro K, a diferencia de lo que sucedió en Vialidad Nacional, donde se investigarán hasta los egresos de las cajas chicas. Y, además, en un eventual compromiso del hombre de Chivilcoy para mantener en los cargos a la segunda línea de los técnicos y asesores macristas que ingresaron al Gobierno de la mano del actual timonel del área.