DETRÁS DE ESCENA. LOS COMPAÑEROS RADICALES

Una piedra en el zapato del Presidente

Macri se banca a Carrió, pero lo fastidian las quejas de la UCR. Sin líder claro y con internas en cada pueblo, el socio mayor es un dilema para 2019. El mapa electoral y la sombra del macriperonismo.

Ya se acostumbraron al juego de Elisa Carrió. Pero no digieren las demandas del radicalismo. En un contexto inflacionario que no cede, el debate dentro de la alianza gobernante por el calendario de aumentos disparó dos movimientos. El primero es una confirmación: todo lo que hace Juan José Aranguren tiene la aprobación de Mauricio Macri y el ajuste tarifario es innegociable para una administración que se juramentó reducir subsidios, incluso contra una parte de su electorado. El segundo es quizás el más novedoso: con el gobernador Alfredo Cornejo como presidente, la Unión Cívica Radical intenta plantear críticas y ganar protagonismo dentro de Cambiemos hacia 2019.

 

Incómodo desde siempre en un espacio al que desembocó después de casi 15 años de navegar en la intrascendencia, en su versión más conservadora, el radicalismo volvió a ser parte un gobierno, pero no a participar de las decisiones. Es lo que pretendieron con el proyecto alternativo para aplanar el costo de las boletas de gas.

 

En Casa Rosada, los reclamos del partido de Leandro N. Alem, Hipolito Yrigoyen, Raúl Alfonsín y Fernando De la Rúa no caen bien. A diferencia de la indomable Carrió, que es considerada una figura que amplía y sostiene la base de Macri a fuerza de estruendos, los dirigentes del radicalismo que se destacan molestan en Balcarce 50. Son vistos como oficialistas de posiciones cercanas a las del kirchnerismo o el peronismo. Para el macrismo duro, más allá de lo que hagan y digan, no pueden evitarlo: tienen inoculado el virus del populismo.

 

 

EN BUSCA DEL JEFE. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, no lo dice en público, pero ve al radicalismo como una versión más light y culposa del peronismo. Apuntado por Mario Negri, también está Rogelio Frigerio, el ministro del Interior, que cultiva la relación con los gobernadores peronistas día y noche. En el Gobierno, sostienen que el radicalismo debería respaldar el rumbo económico y aprovechar para ganar en 2019 como mínimo cuatro provincias más con la camiseta de Cambiemos. Hoy gobierna Mendoza, Jujuy y Corrientes y tendría más chances de expandirse si las diferencias dentro del radicalismo y con el comando central del macrismo no fueran tantas.

 

Mientras para contener a Carrió hay una cuadrilla de funcionarios que despliegan sus esfuerzos, frente al radicalismo no sobran los interlocutores. La retirada de Ernesto Sanz dejó a la UCR sin voz en la reunión de mesa chica y en un prolongado contexto en el que carece de un líder indiscutido desde la época de Alfonsín padre. Los jefes parlamentarios se suman a las reuniones de gabinete o permanecen en el corralito del Congreso y sólo participan de la orientación general en momentos de crisis o cuando se quejan. Según pudo saber Letra P, el nexo principal es el de Macri con Cornejo y el de Peña con Negri.

 

 

 

CISMA PROVINCIAL. Para 2019, el partido más importante de la alianza en historia y extensión se perfila dividido en la mayor parte de las provincias. El caso de Mendoza es el más claro, donde Julio Cleto Cobos asoma con ganas de ser candidato a gobernador, otra vez, el año que viene. En contra de los deseos de Cornejo, Cobos se muestra con el intendente de Luján de Cuyo, Omar De Marchi, en lo que muchos en la provincia consideran ya una fórmula de cara a las PASO. El gobernador y presidente del radicalismo no tiene garantizada la sucesión: postula a Martín Kerchner, su ascendente ministro de Economía, Infraestructura y Energía.

 

La UCR tiene chances de ganar en Neuquén con Horacio “Pechi” Quiroga, en Chubut con Gustavo Menna y en La Rioja, donde el ex ministro de Defensa Julio Martínez se perfila como candidato, aunque puede enfrentar la competencia interna de un peronista, Alberto Paredes Urquiza, decisivo para el triunfo de Cambiemos en las generales de octubre pasado.

 

En Casa Rosada, afirman que a Macri le sirve tener varios candidatos y que es parte del acuerdo, refrendado en el almuerzo de la semana pasada, incentivar la competencia. Pero las diferencias internas son vistas en el centralizado macrismo como parte de la falta de liderazgo.

 

 

 

Sucede en otra provincia estratégica, Santa Fe, donde Mario Barletta y José Corral compiten por la candidatura a gobernador entre sí y también con el diputado PRO Luciano Laspina, que aparece abajo en las encuestas. O en Entre Ríos, donde el radical Atilio Benedetti le ganó al peronista de la conciliación Gustavo Bordet, pero no tiene el apoyo de toda la UCR provincial y está enfrentado al intendente de Paraná, el radical Sergio Varisco. Las posibilidades del macrismo ahí pasan por Frigerio, que no tiene intenciones de competir y Alfredo De Angelis, que tiene un techo insuperable.

 

Similar al escenario de Entre Ríos es el de Santa Cruz. Ahí, el empresario radical antikirchnerista Eduardo Costa aparece arriba en intención de voto, pero acumula el recelo de los intendentes de su partido.

 

Otra provincia en la que no está claro quién es el elegido del radicalismo es la Formosa del inoxidable Gildo Insfrán, uno de los gobernadores más opositores al macrismo que, sin embargo, acaba de aportar la cintura del senador José Mayans para cubrir a Luis Caputo en su paso incómodo por el Senado. En Formosa, aparecen como candidatos el senador Luis Naidenoff y el ex ministro de Agricultura de Macri, Ricardo Buryaile.

 

 

 

En Chaco, la complicada situación judicial de Aída Ayala complica las chances de la alianza Cambiemos, pero parece despejar el lugar para que Ángel Rozas vuelva a competir por la gobernación.

 

Por último, en La Pampa, otro distrito hostil en manos del peronista Carlos Verna, aparece como candidato Leandro Altolaguirre, intendente de Santa Rosa, enfrentado como su hermano -el presidente de la UCR provincial- al gobernador Cornejo por el Río Atuel. 

 

 

Con Frigerio, la ancha avenida del Cambiemos cordobés: Juez, Mestre, Negri y Baldassi -y falta Aguad.

 

 

CÓRDOBA VA. El caso más problemático de las diferencias dentro del radicalismo es el de Córdoba, la provincia en la que Macri gana por aclamación pero no logra perfilar un candidato propio. Pese a que ganó las legislativas con el árbitro Héctor Baldassi, 2019 asoma complicado por las diferencias entre el intendente de Córdoba Capital, Ramón Mestre, y de Mario Negri.

 

El intendente de Córdoba Capital visitó esta semana a Frigerio, blanco del recelo permanente de Negri, el mejor aliado de Elisa Carrió en Diputados. También, lo hicieron los intendentes peronistas que se enrolan con el gobernador Juan Schiaretti y consolidan su base para ir en busca de la reelección el año próximo. De diálogo permanente con el ex secretario de Industria de Domingo Cavallo, Macri jamás lo dirá en público pero -si persisten las diferencias en el oficialismo nacional- prefiere no hacer olas en Córdoba. La considera una provincia difícil, con peso considerable de los gremios y en la que la UCR terminó mal su ciclo. Ya hay radicales que lo intuyen con claridad. Más allá de algunos encontronazos puntuales, el Presidente ve una garantía en Schiaretti y tiene dudas con los propios.

 

 

 

MACRIPERONISMO. Esa falta de confianza que asalta a Macri, a Peña y a Frigerio tiene una contracara sigilosa: la incorporación de peronistas que pueden ser candidatos en las provincias con la camiseta de Cambiemos. Sin el marketing del peronismo disecado que propagandizaba Emilio Monzó, pero con una tendencia marcada. A Paredes Urquiza en La Rioja se sumará en Salta el actual intendente de la capital -ex candidato a vicepresidente con Sergio Massa- Gustavo Sáenz, que irá en busca de la gobernación en 2019. En Tucumán, el peronista Domingo Amaya, actual subsecretario de Interior de la Nación, quiere competir, lo mismo que el intendente de San Miguel, Germán Alfaro, y, por supuesto, el diputado y ex titular del Plan Belgrano, el odontólogo José Cano.

 

La saga de los peronistas que migran hacia el oficialismo nacional incluye tres casos más. En Catamarca, el intendente de San Fernando del Valle, Raúl Jalil. En San Luis, se anotan para competir en internas el ex gobernador Claudio Poggi -hijo descarriado de los Rodríguez Saá- y el intendente Enrique Ponce. Por último, en San Juan, asoma el intendente Marcelo Orrego, que esta semana posó para las fotos en Casa Rosada junto a Frigerio y Peña.

 

Según el diccionario que le gusta a Macri, se trata de peronistas con gestión y sin prontuario. Sus nombres están ausentes de la discusión pública de estos días entre el macrismo y el radicalismo. Pero también pesan y generan un malhumor indisimulable en la UCR, que quiere crecer y no licuarse dentro de Cambiemos.

 

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